De Ayer a Hoy
"Pese a todo lo que me tocó atravesar, soy una mujer feliz y afortunada"
Analía Larrea vio modificada su carrera como bailarina tras un trágico accidente vial que la dejó con graves lesiones y en silla de ruedas. Con rehabilitación en Cuba, se reinventó en la danza inclusiva y el teatro, militó por la accesibilidad, enfrentó violencia de género y hoy lucha contra el cáncer sin perder su alegría ni su compromiso.
Por Leandro Grecco
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Analía Paula Larrea nació el 11 de noviembre de 1981 en la Maternidad del Sur, en el seno de una familia numerosa. Segunda de nueve hermanos, pasó parte de su infancia entre distintas mudanzas por Bahía Blanca, mientras comenzaba a descubrir una vocación que parecía destinada a acompañarla para siempre.
“La danza penetró en mí cuando tenía apenas cuatro años, me paraba enfrente al televisor y hacía los mismos movimientos que la bailarina”, recuerda. Sus primeros pasos fueron junto a Marina Dupak, en el barrio San Martín, hasta que a los nueve años ingresó a la Escuela de Danzas de Brown al 100.

Ya a los seis había conocido la sensación de subir al escenario del Teatro Municipal: “Hice Sílfides, una obra hermosa, y bailé en puntas de pie”. Aquella pasión se convirtió rápidamente en una formación rigurosa. “Ser bailarina era lo único que me interesaba, incluso hasta mi adolescencia y juventud”, sostiene.
Lejos de la idea de que todo depende del talento, Larrea remarca la exigencia de una carrera atravesada por materias prácticas y teóricas: “Requiere de un gran sacrificio, estudiar, no alcanza con el talento para bailar”. En 1996 integró la primera promoción de danza contemporánea y, al mismo tiempo, continuó con su preparación en el baile clásico.

Sin embargo, el verano de 1999 modificó por completo aquel proyecto. Mientras estaba de vacaciones en Villa Ventana, trabajaba en una casa de té para pagar las clases particulares de las materias que adeudaba en la secundaria. El 28 de enero viajó hasta Sierra de la Ventana para encontrarse con su novio.
Después de compartir un superclásico de verano y una salida nocturna, el grupo emprendió el regreso bajo una lluvia torrencial. “El muchacho al que llamaban ‘El Manco’ sufrió un coma alcohólico al volante. Los cuatro salimos despedidos del vehículo y fallecieron tanto él como mi novio de aquel entonces”, relata.

Analía sufrió lesiones de suma gravedad, un traumatismo de cráneo con pérdida de masa encefálica y graves lesiones en la columna. Tras recibir las primeras atenciones en Sierra de la Ventana, fue trasladada al Hospital Penna, donde permaneció más de dos meses en terapia intensiva.
La recuperación abrió otro capítulo decisivo. Sus padres, Ana Lucía Colantuono y Juan Antonio Larrea, resolvieron continuar la rehabilitación en Cuba. “Tanto yo como mis padres somos comunistas, ellos inclusive fueron presos políticos por su militancia y ante mi situación ambos coincidieron en que lo mejor para mí era rehabilitarme en Cuba”, explica.

Primero viajó en avión sanitario a Buenos Aires y, unas semanas después, llegó a la isla acostada en el piso de un vuelo comercial. Allí permaneció alrededor de un año y atravesó nuevas intervenciones quirúrgicas. Debieron rehacer la fijación de la séptima vértebra y también fue operada para impedir que un coágulo llegue al cerebro.
El tratamiento pudo sostenerse mediante créditos asumidos por sus padres, además de colectas y actividades solidarias impulsadas en Bahía Blanca por muchas personas que se comprometieron con dicha cruzada. “Todo fue motorizado por gente que me conocía y quería colaborar”, recuerda.

El regreso también significó descubrir una ciudad distinta. “Lo primero que percibí al momento de regresar a Argentina fueron las barreras arquitectónicas con las que debe lidiar una persona con discapacidad y que no detecta hasta que le sucede algo como lo que me pasó. La accesibilidad era nula”.
Aun así, dentro del seno de su hogar había una condición que era innegociable: estudiar. Es por eso que sin perder tiempo, terminó el secundario en 2001, en el Colegio San Martín, y después buscó nuevos desafíos. Uno de ellos volvió a conectarla con aquello que había amado desde niña.

Durante una marcha en defensa de la educación pública se reencontró con Natalia Martiarena, quien había sido su profesora y con quien antes del accidente había participado en los Torneos Juveniles Bonaerenses e incluso viajado a Italia. “Cuando me vio nos emocionamos, lloramos abrazadas y me propuso que hagamos algo juntas”.
De ese encuentro nació Pulsiones, considerada por Larrea la primera coreografía de danza inclusiva de Bahía Blanca, junto a Martiarena y Ruth Ortiz de Rosas. También se inscribió en la Escuela de Teatro. El primer obstáculo apareció incluso antes de comenzar: cuatro escalones impedían el acceso al edificio.

Allí conoció a la entonces directora Marión Valdez. “Me miraba con un dejo de desconfianza y me planteó que había tres materias que no iba a poder hacer: técnica de movimiento, técnica de la voz y actuación. Le expliqué que podía cumplir con todos los requisitos sin ningún inconveniente”. De esa discusión inicial surgió, con el tiempo, una estrecha relación.
Su compromiso político tampoco quedó al margen de ese recorrido. En 2016 su nombre adquirió mayor exposición pública cuando interpeló a María Eugenia Vidal durante una visita de la por entonces gobernadora a Bahía. “Fui a confrontarla y a exponer que su gobierno estaba dispuesto a pagarle a los Fondos Buitres a costa del hambre de la gente”, señala.

Para Larrea, esa actitud no fue un episodio aislado: “Ese compromiso por el Partido Comunista fue algo que me acompañó desde siempre”. Junto a Karina Zukerman y Jorge Berrondo también impulsó reclamos para mejorar el transporte de las personas con movilidad reducida.
Recuerda que durante la etapa de la empresa Plaza comenzaron a circular unidades de piso bajo y posteriormente lograron avances similares en la línea 502. Con la salida de ambas compañías, sostiene que gran parte de esas conquistas se perdieron. “Solo quedó una flota de cinco o seis combis que actualmente existen y brindan un servicio acorde para que pueda ser usado por personas con desplazamientos limitados”.

A lo largo de su historia también atravesó situaciones profundamente dolorosas en el terreno personal. Larrea contó que fue víctima de violencia física y abuso sexual por parte de una expareja, Matías Galván, quien posteriormente recibió una condena de nueve años de prisión. Uno de los ataques llegó a dejarla internada y durante esos días murió su madre. “No pude despedirme de ella”, recuerda.
El arte, mientras tanto, siguió funcionando como espacio de expresión. Actualmente integra el grupo teatral Iconoclastas junto a Cristian Santamaría y Pablo Schmir y, en paralelo, trabaja con Rodrigo Lacunza en “La Mortecita Vicaria”, un personaje que asegura que la representa especialmente y que forma parte de un proyecto cultural independiente.

En 2023 apareció otra batalla. “Me diagnosticaron un cáncer de cuello de útero nivel cuatro con un tumor en la vejiga que es el más grave que hay”. El tratamiento la obligó a permanecer durante un año en Buenos Aires para recibir inmunoterapia cada 21 días. Más recientemente, los médicos detectaron un pequeño tumor pulmonar que deberá ser extraído mediante una intervención quirúrgica.
Después de accidentes, rehabilitaciones, escenarios, reclamos, operaciones y pérdidas, Larrea elige observar su historia desde otro lugar. “Pese a todo esto que me ha tocado atravesar, me considero una mujer muy afortunada porque tuve una familia de fierro”, afirma.

Y cuando mira hacia atrás, vuelve inevitablemente a quienes estuvieron en el comienzo de todo. “Soy una persona feliz, mis padres me dieron las herramientas para ser una persona de bien, una luchadora incansable que solo buscaba dignidad”.
En Analía Larrea conviven todavía aquella nena inquieta y la mujer que aprendió a discutirle límites a la realidad. Entre una y otra pasó un abismo, aunque el hilo nunca se cortó del todo: sigue habitando el escenario, sigue incomodando cuando algo le parece injusto y conserva intacta esa necesidad de superarse, pese a las adversidades.

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