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El profesor bahiense que guarda en estampillas y billetes pequeñas piezas de la historia del mundo
Adrián Echeverria es filatelista, colecciona monedas y billetes argentinos y uruguayos, y convirtió una pasión que nació en la infancia en un archivo personal que no deja de crecer. Docente de Geografía durante casi medio siglo en el colegio Don Bosco, encontró en esos objetos una forma de enseñar, investigar y descubrir historias.
Cecilia Corradetti / corradetticeciliamail.com
Especial para La Brújula 24
Una estampilla puede ser mucho más que un pequeño papel pegado en un sobre. Puede guardar la imagen de un prócer, retratar un paisaje, recordar una celebración o contar algo sobre un país que queda a miles de kilómetros. Para Adrián Alejandro Echeverria, ese universo empezó a desplegarse cuando era apenas un chico y descubrió que aquellas figuritas que llegaban adheridas a las cartas tenían nombre, origen y una historia detrás.
Hoy, después de casi seis décadas de coleccionismo, el profesor bahiense sigue encontrando motivos para sorprenderse. Reúne estampillas, billetes y monedas, clasifica piezas, busca ejemplares difíciles de conseguir y participa de muestras en las que comparte una afición que no perdió la curiosidad de los primeros años. Su colección es también una manera de mirar el mundo, una herramienta que durante casi medio siglo llevó a las aulas del colegio Don Bosco y una invitación a descubrir que, detrás de objetos aparentemente pequeños, puede esconderse una enorme cantidad de conocimiento.
La primera escena ocurrió en su propia casa. Había un buzón y, cuando llegaba una carta, Adrián se detenía en una pregunta que hoy recuerda con claridad: ¿qué era esa figurita pegada en el sobre? Le explicaron que se trataba de una estampilla, que se compraba en el correo y que permitía despachar la correspondencia. La explicación alcanzó para despertar su interés.
La siguiente vez que recibió una carta, guardó el sobre completo. Otras estampillas llegaron gracias a vecinos que tenían familiares en Italia y España y que empezaron a reservarle la correspondencia. En aquellos años, para desprender los sellos sin dañarlos, recurrían al vapor de la pava. El procedimiento era artesanal, pero la colección empezaba a tomar forma.
Su padre también tuvo un papel importante en ese comienzo. Cuando Adrián era muy chico, lo llevó a un negocio de Bahía Blanca que tenía un sector dedicado a la filatelia. Allí le mostraron un álbum para principiantes y una estampilla que todavía conserva en la memoria: llevaba la inscripción de Magyar Posta, correspondiente al servicio postal húngaro. Era su primer contacto con una colección organizada y con la posibilidad de encontrar, en un sello, referencias a un país lejano.

Un álbum, una estampilla y el comienzo de una historia
Aquel álbum y esa estampilla se convirtieron en piezas fundacionales de una afición que creció con él. Primero reunió ejemplares argentinos, con imágenes de San Martín, Belgrano y distintos paisajes. Después sumó estampillas de otros países, muchas obtenidas mediante intercambios y gracias a la ayuda de quienes sabían de su interés.
El paso siguiente llegó durante su adolescencia. Mientras cursaba en el colegio Don Bosco, una vecina que trabajaba en el correo lo animó a inscribirse en el registro nacional de filatelia. Así comenzó a recibir información sobre las nuevas emisiones y pudo comprar estampillas el mismo día de su lanzamiento, con el matasellos correspondiente. En 1977 hizo sus primeras adquisiciones como filatelista registrado y empezó a relacionarse con otros aficionados.
Uno de ellos fue Néstor Álvarez, actual presidente del Círculo Filatélico Bahía Blanca, quien lo orientó en sus primeros pasos. Adrián consiguió el álbum oficial argentino para principiantes y fue completándolo a lo largo de los años. Hoy, esa parte de su colección ocupa varios carpetones, aunque reconoce que todavía hay ejemplares antiguos, costosos o difíciles de encontrar que siguen pendientes.
Porque coleccionar también significa aceptar que nunca se termina. Siempre puede aparecer una pieza desconocida, una emisión que faltaba o una variante que obliga a volver a revisar lo que parecía completo.

Un docente fanático de las estampillas
La formación docente le abrió otra puerta. Cuando comenzó sus estudios universitarios de Geografía, Adrián descubrió que podía relacionar esa disciplina con su colección. Los sellos postales no solo ofrecían imágenes atractivas: también representaban territorios, paisajes, personajes, acontecimientos y rasgos culturales de distintos lugares.
Así nació uno de sus temas favoritos, la Geografía en la Filatelia, una combinación que le permitió reunir sus dos intereses y encontrar nuevas maneras de enseñar.
En agosto, participó de una muestra organizada por el Círculo Filatélico Bahía Blanca en la Biblioteca Rivadavia de esa ciudad. Presentó dos tableros: uno dedicado a la geografía a través de las estampillas y otro con una selección temática vinculada con la Navidad de Walt Disney, con personajes como Mickey y el pato Donald vestidos para la ocasión.
También trabajó sobre Don Bosco y los salesianos en la filatelia, un tema especialmente cercano después de tantos años en la institución educativa, y sobre Isabel II, a partir de una noticia relacionada con el centenario de su nacimiento. La propuesta, titulada Elizabeth, la leyenda, fue otra de las maneras que encontró para organizar sus piezas alrededor de un eje.
La muestra reunió 11 tableros y despertó la curiosidad de visitantes que, según cuenta, se sorprendían al comprobar que las estampillas siguen existiendo y que detrás de ellas hay comunidades enteras dedicadas a conservarlas, estudiarlas e intercambiarlas.
Su colección se concentra especialmente en Argentina y Uruguay, un país por el que siente un afecto particular. A esos conjuntos suma sus investigaciones temáticas, que le permiten explorar distintos aspectos de la historia y la geografía a través de los sellos postales.
Conseguir material requiere paciencia. En Bahía Blanca hay opciones limitadas, por lo que suele recurrir a comercios especializados, contactos, compras por internet y visitas a Buenos Aires. Entre los lugares que recomienda está el Parque Rivadavia, donde los domingos se puede encontrar una gran variedad de objetos de colección.
Pero Adrián no piensa la filatelia como una actividad reservada a quienes ya saben del tema. También invita a acercarse al Círculo Filatélico Bahía Blanca, que se reúne los sábados por la tarde, alrededor de las 16, en el primer piso del Club Argentino. Allí, quienes tienen curiosidad pueden conocer a otros coleccionistas, aprender y descubrir un mundo que muchas veces permanece fuera del radar.

Billetes y monedas, otra forma de leer la historia
La numismática —el estudio y coleccionismo de monedas— y la notafilia —la colección de billetes— llegaron después, casi por casualidad.
Poco antes de retirarse de la docencia, un joven le mostró su colección de monedas. Adrián se interesó, comenzó a intercambiar ejemplares y se animó a reunir los propios. Sin embargo, pronto descubrió que los billetes le atraían todavía más.
Empezó por Argentina y Uruguay, y con el tiempo incorporó emisiones de distintas épocas, reposiciones y ejemplares con características particulares. Le interesan, por ejemplo, los billetes que llevan una letra R delante de la numeración, así como los errores de impresión y otras variantes que pueden convertir una pieza común en un objeto buscado por los coleccionistas.
También reúne bonos provinciales y nacionales que circularon durante la crisis económica, entre ellos los Lecop y los Patacones. De los primeros consiguió completar la serie, incluidas las reposiciones. De los segundos todavía le falta un ejemplar de alta denominación, uno de esos billetes que, cuando aparecen en el mercado, pueden alcanzar precios difíciles de afrontar.
La búsqueda exige tiempo y dinero. Como ocurre con las estampillas, no todo se consigue en su ciudad y algunas piezas son especialmente costosas. Por eso, cada viaje, intercambio o hallazgo puede convertirse en una oportunidad para ampliar el archivo.
En los billetes, Adrián encuentra otra manera de seguir los cambios de la Argentina: las denominaciones, las emisiones, las modificaciones monetarias y las distintas respuestas a las crisis económicas. Cada pieza forma parte de un contexto que excede el papel y la tinta.
Esa mirada es la que conecta sus tres pasiones. Para él, las estampillas, las monedas y los billetes no son solamente objetos para guardar en un álbum. Son recursos que permiten explicar procesos históricos, económicos y geográficos, y que pueden convertirse en disparadores para una clase.
Durante casi medio siglo de trabajo en el colegio Don Bosco, donde también fue secretario del administrador durante más de 35 años, encontró en esos materiales una forma de acercar contenidos a los estudiantes. Una estampilla puede abrir una conversación sobre un país; un billete, sobre la economía; una moneda, sobre las transformaciones de una sociedad.
Retirado de la docencia, conserva el entusiasmo por clasificar, buscar y compartir sus hallazgos. Su historia demuestra que una afición puede crecer con los años sin perder su esencia: la curiosidad por saber qué hay detrás de cada objeto.

Una pasión que empezó con una carta
El coleccionismo de Adrián tiene casi 60 años de historia. Empezó con un sobre que alguien dejó en un buzón y con la pregunta de un chico que quería saber qué era aquella figurita pegada al papel. Desde entonces, fue reuniendo piezas, aprendiendo de otros aficionados y construyendo un archivo que sigue abierto a nuevos descubrimientos.
En una época en la que buena parte de la comunicación llega por pantallas y mensajes instantáneos, las estampillas conservan para él algo de aquella correspondencia que viajaba de una casa a otra. Los billetes y las monedas, por su parte, le permiten seguir las huellas de países y economías que cambiaron con el tiempo.
Adrián no necesita que una colección esté terminada para disfrutarla. Siempre hay una pieza que falta, una emisión que merece ser estudiada o un detalle que puede pasar inadvertido para cualquiera que no se detenga a mirar.
Y quizás allí resida el secreto de una pasión que atraviesa generaciones: entender que incluso lo más pequeño puede contener una historia enorme.
Su otra gran pasión es Estudiantes de La Plata. El vínculo nació cuando era chico, al escuchar por radio los partidos del equipo dirigido por Osvaldo Zubeldía junto a su padre. Con los años, ese interés se convirtió en una investigación histórica y estadística que dio origen a la Futbolteca Albirroja Horacio Alberto Ferretti, su archivo personal sobre la vida deportiva e institucional del club. A través de ese trabajo entabló amistades con periodistas, historiadores y referentes vinculados con Estudiantes, y llegó a ser reconocido por la rigurosidad de sus registros. Pero entre estampillas, billetes, monedas y documentos deportivos, Adrián conserva una misma costumbre: buscar, ordenar y cuidar cada pieza como parte de una historia que merece ser contada.
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