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Más divorcios después de los 60: las razones detrás de una tendencia en crecimiento

La psicóloga y sexóloga María Gabriela Simone analizó en Hora Pico el crecimiento de las separaciones en personas mayores y los cambios sociales que lo explican.

Foto ilustrativa generada con IA.

Los divorcios después de los 60 años muestran un crecimiento sostenido durante los últimos años, especialmente entre personas que llevan décadas de matrimonio. La psicóloga y sexóloga María Gabriela Simone sostuvo que la mayor expectativa de vida, la independencia de las mujeres y la revisión de los vínculos permiten comprender el fenómeno.

En diálogo con "Hora Pico", por La Brújula 24, la especialista remarcó que llegar a esa edad ya no supone ingresar en la última etapa de la vida. "A los 60 años queda mucho por delante. La gente está muy bien y se replantea un montón de cosas”, señaló.

El análisis surgió a partir de un informe sobre los divorcios registrados en la ciudad de Buenos Aires, donde aumentó la participación de personas mayores de 60 años dentro del total de separaciones legales. Simone explicó que uno de los cambios centrales es la mayor autonomía emocional y económica de las mujeres, que les permite revisar situaciones que antes se sostenían por mandato social, dependencia o temor al “qué dirán”.

“Hoy se puede pensar cómo uno desea vivir, replantearse los vínculos y no quedarse en una relación por obligación”, afirmó.

Cuando los hijos se van y la pareja queda frente a frente

La partida de los hijos del hogar también puede dejar expuestas dificultades que durante años quedaron relegadas por la crianza y las obligaciones familiares. “Quedan expuestos los problemas de comunicación, los problemas con el vínculo y también con la sexualidad”, explicó Simone.

La especialista indicó que, una vez atravesado el denominado “nido vacío”, muchas personas comienzan a preguntarse cómo desean vivir los años siguientes y si la relación que mantienen todavía les genera bienestar. “Hay que mirarse cara a cara y ver qué queda para disfrutar con esa persona que tengo al lado. También hay que ser honestos con uno mismo y con el otro”, manifestó.

La presión de los hijos y del entorno puede influir en la decisión. Entre los cuestionamientos más frecuentes aparecen la cantidad de años compartidos, la división de los bienes o la idea de que ya es demasiado tarde para comenzar de nuevo. “Por qué, si ya estuve 30 años mal, voy a seguir estando. Hoy pueden quedar 30 o 40 años más, porque la expectativa de vida es mucho mayor”, sostuvo.

“La sexualidad después de los 60 existe”

Simone también destacó que la sexualidad ocupa un lugar importante en las consultas de mujeres mayores que atravesaron relaciones prolongadas. “La sexualidad después de los 60 existe, se vive y se disfruta. No hay por qué resignarla”, expresó.

Según explicó, algunas mujeres sienten que durante gran parte de sus vidas reprodujeron un modelo de sexualidad centrado en el deseo masculino y buscan comenzar una etapa de mayor conocimiento personal. “Recibo consultas de mujeres que me dicen que quieren descubrirse y empezar a sentir algo que nunca sintieron. A mí me parece maravilloso”, afirmó.

La especialista señaló que el deseo femenino puede estar más relacionado con el contexto, las emociones y el vínculo, y no siempre responde de la misma manera que el masculino.

También puso el foco en el consentimiento dentro de las relaciones de larga duración y cuestionó la idea de que mantener relaciones sexuales sea una obligación matrimonial. “El consentimiento implica un sí entusiasta. Tengo que decir que sí y tener realmente ganas. Eso también es respeto”, indicó.

Del mandato de “aguantar” al autorrespeto

Durante la entrevista, Simone analizó dos palabras que se repiten entre quienes permanecieron durante años dentro de una relación: “respetar” y “aguantar”.

“El respeto también empieza por el autocuidado y el autorrespeto. Cuando respetar significa permitir que me falten el respeto, eso no es respeto. Aguantar tampoco lo es”, advirtió.

La psicóloga recomendó iniciar un proceso terapéutico antes de tomar decisiones que impliquen un cambio profundo en la vida familiar, emocional y económica. “El vínculo tiene que ser sano. Uno está en una relación para sentirse bien”, sostuvo.

Sin embargo, aclaró que una pareja saludable no es aquella que nunca atraviesa desacuerdos. “Siempre va a haber conflictos porque son dos personas con historias y educaciones diferentes. Una pareja sana se caracteriza por cómo atraviesa esos conflictos, no por no tenerlos”, explicó.

Simone también advirtió sobre el riesgo de abandonar los vínculos ante la primera dificultad y señaló que la falta de compromiso constituye otro problema de la época. “No puedo vivir en conflicto, sintiéndome mal o en permanente malestar. Pero también estamos en un individualismo extremo y, ante cualquier cosa, se abandona el barco”, concluyó.

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