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Sin rivales en el país: Neri Muñoz acelera su preparación a la espera de un gran choque internacional

José Valle, especial para La Brújula 24.

Muchas veces, la vorágine mediática o la falta de flashes impiden dimensionar con exactitud el terreno que pisa un deportista. En el boxeo, esa delgada línea entre el reconocimiento popular y la verdadera jerarquía internacional suele ser difusa. Sin embargo, al analizar el presente de Neri Muñoz, las cartas están sobre la mesa: el bahiense es, indiscutiblemente, un boxeador de élite.


Detrás de su figura hay un engranaje milimétrico que no descansa, liderado por un cuerpo técnico consolidado tras más de 12 años de trabajo conjunto: Franco Pardo como entrenador principal y estratega logístico, y Silvano Vicente en el rol dual de preparador físico, especialista en planificación nutricional y manager deportivo. Juntos, analizan un presente complejo pero ambicioso, donde el desafío ya no es llegar a la cima, sino consolidarse en ella.


La carrera de Muñoz (18-3, 14 KO) experimentó un punto de inflexión definitivo en el Casino de Buenos Aires. Aquella noche, al vencer al canadiense Chann Thonson —un noqueador de calibre internacional respaldado por el prestigioso Team Mayweather—, Neri demostró que su boxeo pertenecía a las ligas mayores.


A partir de allí, el salto de calidad fue exponencial. Llegaron las dos batallas en el extranjero frente al durísimo georgiano Khariton Agrba (la histórica victoria por nocaut en Rusia y la posterior eliminatoria en Dubái en diciembre pasado), combates que terminaron de insertar el nombre de Muñoz en los primeros planos de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).


"Desde diciembre, entendimos que el desafío ya no era solamente llegar a ese nivel, sino sostenernos y consolidarnos dentro de la élite. Para eso, decidimos planificar un año completamente distinto en cuanto a la preparación", explica Silvano Vicente.


El equipo, fiel a su filosofía de análisis constante y "trabajo silencioso", procesó las derrotas no como caídas, sino como aulas de aprendizaje. La enorme ambición deportiva de Muñoz obligó al cuerpo técnico a reinventarse y a buscar herramientas de vanguardia para estar a la altura de su mentalidad.


El boxeo moderno carece de los calendarios lineales del pasado; hoy se rige por la inmediatez y la gestión de riesgo. En el primer semestre de este 2026, el teléfono del equipo sonó con dos propuestas mayúsculas para combatir en el exterior. La primera fue ante el canadiense Steve "Dragon" Claggett ( 40–8–2 (28 KOs) , en su tierra, pero el ofrecimiento llegó con apenas dos semanas de anticipación, un plazo inviable para una preparación de semejante calibre.


La segunda oportunidad apuntaba a Dubái frente al armenio Hovhannes Bachkov, doble medallista olímpico. Sin embargo, los conflictos bélicos de la región y severas demoras contractuales terminaron por diluir el combate.


Ante la falta de actividad internacional en la primera mitad del año, el equipo bahiense decidió salir a buscar los mayores desafíos dentro de las fronteras argentinas para dirimir, arriba del ring, quién es el verdadero rey de las 140 libras. Fueron a buscar a Jeremías Ponce, ( 34-1-0 (22 KO 's) ex retador mundialista y a Andrés "Sansón" Rosa (32-1-0, 24 KOs) campeón y fondista de gran presente.


"Respetamos muchísimo las trayectorias de ambos, pero sinceramente creemos que Neri tiene el nivel para superarlos. Fuimos a buscarlos no desde la provocación, sino para demostrar quién es hoy el mejor superligero argentino", afirman desde el búnker de Muñoz.
La respuesta del otro lado, no obstante, fue el esquive. Desde el entorno de Ponce no hubo intenciones de avanzar, mientras que el caso de "Sansón" Rosa expuso las dinámicas del boxeo actual: el riojano se mostró sumamente interesado ante los micrófonos y en las redes sociales, pero sus palabras jamás se respaldaron con firmas o hechos concretos. Muñoz y su equipo estuvieron dispuestos desde el primer día; sus potenciales rivales prefirieron no asumir el riesgo.


Lejos de lamentarse por las peleas que no fueron, el equipo transformó la espera en evolución. Gracias al respaldo incondicional de los sponsors, que sostienen económicamente el proyecto incluso en épocas sin fechas mundialistas confirmadas, Muñoz lleva adelante un campamento de máxima exigencia.


Para simular el ritmo internacional, el gimnasio se convirtió en un desfile de sparrings de jerarquía. Primero se sumó el mendocino Joel Mafauad (ex selección argentina) y, recientemente, incorporaron al exigente Agustín Quintana, quien viene de rodaje en los Estados Unidos. El objetivo es claro: que Neri reciba estímulos de máxima presión semana tras semana. En la élite no hay margen para el relajo; la oportunidad mundialista puede golpear la puerta mañana y hay que estar listos.


El rendimiento actual de Muñoz no es casualidad; responde a una mirada de 360 grados sobre el alto rendimiento. Franco Pardo no solo pule la técnica y la táctica, sino que comanda la compleja logística de los campamentos. Por su parte, Vicente complementa la preparación física con un estricto monitoreo nutricional, respaldado por profesionales interconsultores.
No obstante, tanto el boxeador como sus técnicos insisten en que el éxito de esta estructura radica en un factor invisible: el entramado humano de Bahía Blanca.


"Detrás de este proyecto hay un grupo de personas que eligen permanecer en el anonimato, sin buscar exposición. Personas pendientes de un mensaje o un café para preguntar qué hace falta. Eso vale oro", confiesa Vicente con profunda gratitud. "Sostener una carrera de este nivel desde el interior no sería posible sin esa gente empujando desde distintos lugares, aportando tiempo, confianza, contactos o apoyo económico".


Cuando los procesos se conducen con honestidad, el compromiso se contagia. Bahía Blanca muchas veces desconoce el calibre de deportista que camina por sus calles. En el silencio de su gimnasio, Neri Muñoz entrena a niveles internacionales, respaldado por un equipo chico pero voraz, esperando el momento exacto para volver a dar el gran golpe en el tablero mundial.

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