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Por problemas para manejar la agenda, el Gobierno evalúa cambios en la comunicación

En Casa Rosada admiten dificultades para recuperar la iniciativa pública tras las revelaciones sobre Adorni y el bajo respaldo de la tropa digital libertaria.

El Gobierno atraviesa un momento incómodo en uno de los terrenos que, hasta hace no mucho, consideraba propio: la comunicación. En distintas terminales del oficialismo reconocen que la estrategia libertaria viene mostrando signos de desgaste y que las últimas controversias alrededor de Manuel Adorni terminaron de exponer un problema que, según admiten por lo bajo, ya venía asomando.

El caso que involucra al ministro coordinador, con revelaciones sobre su patrimonio y viajes, lleva más de 70 días instalado en la agenda pública. Y lejos de apagarse, como esperaban en la Casa Rosada, volvió una y otra vez al centro de la escena, obligando al oficialismo a correr detrás de los acontecimientos.

Desde los primeros episodios, que comenzaron a encadenarse a partir del 8 de marzo, Adorni redujo notablemente su exposición como vocero. En ese período solo encabezó tres conferencias de prensa: el 25 de marzo, el 4 de mayo y el pasado 8. Ninguna de esas apariciones, según reconocen dentro del propio Gobierno, logró ordenar el mensaje ni despejar del todo las dudas que alimentaron la polémica.

El malestar no pasa únicamente por la figura de Adorni. En Balcarce 50 también observan con preocupación que la tropa digital libertaria, durante meses clave para marcar agenda y sostener la narrativa oficial en redes sociales, no reaccionó con la intensidad esperada. Ese universo, encabezado en buena medida por las llamadas fuerzas celestiales, cercanas al asesor presidencial Santiago Caputo, aparece hoy menos coordinado y con menor capacidad de fuego.

La frase que más se repite en el Gobierno es que “la comunicación viene empantanada”. La controversia en torno a Adorni, admiten, “creció más de lo esperado y de lo esperable”, y dejó a la vista dificultades para administrar una agenda pública que se volvió más adversa. Dicho en criollo: el oficialismo perdió reflejos en un terreno donde antes se movía con comodidad.

En la Casa Rosada evalúan que hace falta una redefinición rápida de la estrategia para recuperar iniciativa política. Algunos funcionarios creen que la presentación de la declaración jurada de Adorni podría ayudar a descomprimir parte de la tensión, aunque también reconocen que ese paso no alcanzaría para resolver el problema de fondo.

Por ahora, el Gobierno analiza alternativas para volver a poner en marcha una maquinaria comunicacional que durante meses funcionó como una de sus principales fortalezas. Pero, puertas adentro, todavía no aparece un plan claro para recuperar el control de la agenda. “Algo hay que hacer”, admiten cerca del poder, mientras la controversia sigue abierta y el ruido interno no termina de bajar.

Con información de La Nación

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