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De Ayer a Hoy

"Mi pasión es la radio", confesó el versátil periodista Norman Fernández

Su dilatada trayectoria. Lo que sintió tras haber sido repudiado cuando fue distinguido por el municipio. Y su inquietud ante el estallido de las redes sociales: “No niego el progreso, pero hay que ser cuidadoso”.

Fotos: Pablo Noir (La Brújula 24).

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco / Instagram: @leandro.grecco / X: @leandrogrecco

En una nueva edición de la sección “De Ayer A Hoy” que se publica semanalmente en La Brújula 24, Norman Fernández reconstruye, en el día en que la ciudad cumple 198 años, su trayectoria desde sus orígenes en La Pampa hasta su consolidación como referente del periodismo, en un recorrido que abarca más de seis décadas en radio, prensa gráfica y televisión, con experiencias profesionales en el país y el exterior, además de reflexiones sobre los cambios tecnológicos y personales.

“Soy uno de los varios miles de pampeanos que hay en Bahía. Nací en un pueblo que hoy tiene algo más de 2 mil habitantes que se llama Miguel Riglos, que está en el departamento de Atreucó. Mi padre, que al igual que mi mamá era español, fue el dueño del primer hotel del pueblo, era de chapa y básicamente trabajaba con los viajantes, en su mayoría recibidores de granos que iban por el negocio del cereal”. 


Transmitiendo un partido de básquet en Tandil el 12 de octubre de 1954, junto con Néstor Radivoy y Bill Brusa.

El traslado familiar respondió a una necesidad educativa: “La decisión de venir a Bahía se fundamentó en que mis hermanos mayores, Segundo y Federico que también fueron de la familia periodística, estudiaran la secundaria porque en esa pequeña localidad no existía ese nivel de enseñanza”.

Su llegada a la ciudad ocurrió en la primera infancia: “Llegué a esta ciudad en noviembre de 1943, con dos años. Nos instalamos en la esquina de Chiclana y Lavalle, donde hoy está el Tribunal Oral Federal, arriba había una pensión, mi papá alquiló allí y pasamos el primer tiempo en Bahía en esa ubicación. Da la casualidad que hoy una de mis hijas trabaja en esa misma locación, en el ámbito de la Justicia”. 

Flanqueando a Néstor Matoso y Osvaldo J. Ochoa.

Posteriormente, la familia se radicó en otro sector: “Con el tiempo nos mudamos a una casa ubicada en la esquina de Moreno y Vieytes. Hice toda la primaria ahí cerquita, en la Escuela N° 2, donde entre otros era compañero del exintendente Juan Carlos Cabirón y la secundaria en el Colegio Nacional”.

Durante esos años combinó actividades recreativas con la formación académica: “Jugaba al fútbol en el patio del Colegio de Don Bosco y con mi grupo de amigos de ese entonces también pateábamos la pelota en la calle, en realidad de vereda a vereda, porque los autos pasaban uno cada media hora.

Norman Fernández, Raúl Degásperi, Juan Carlos Meschini, María Palma Nazzaro, Rafael Emilio Santiago y Lorenzo Natali.

Fui unos años a aprender a La Asociación Bahiense de Cultura Inglesa y algo del idioma italiano lo adquirí en la secundaria”. Al finalizar esa etapa estaba marcado su camino profesional: “Cuando egresé de ese nivel educativo ya tenía definido qué era lo que iba a hacer”.

El ingreso a los medios se produjo a temprana edad: “Debuté en LU3 con apenas 12 años, durante diciembre de 1953. Pablo Serrat, que era el director de la radio, y además transmitía los partidos de básquet de Bahía, me preguntó si me animaba a hacer las estadísticas de un partido porque el encargado de esa tarea ese día no estaba. Me llevó al enfrentamiento entre los clubes Estrella y Alem, en el barrio San Martín”.

Junto a Juan Manuel Bordeu, Álvaro Alsogaray (hijo) y Juan Manuel Fangio.

Esa experiencia tan prematura, pero a la vez formativa, marcó el inicio de su vocación: “De a poco me fui metiendo y mucho tuvieron que ver mis hermanos que ya incursionaron en este mundo, empecé a ir los fines de semana para ver de qué se trataba la radio y me encantó”.

Con el paso del tiempo se consolidó en la actividad: “Tiempo antes de cumplir los 18 años me incorporé a esa emisora de manera más activa, cubriendo los días francos de los fines de semana de quienes fueron mis maestros, Esteban Juan Carlos Dobal y Mario Gabielli. Con la mayoría de edad ya me contrataron de forma efectiva, pero cuando finalicé el servicio militar, 'Cacho' Barbieri me ofreció ir a La Nueva Provincia y LU2”.

Caricatura que le obsequió el dibujante Osvaldo Pérez D'Elías.

“Me sumé en julio de 1963 y en el diario permanecí 52 años, mientras que en la emisora ya llevo 63”. Su derrotero incluyó distintas funciones: “Entré como redactor, después pasé a la jefatura de noticias, luego fui jefe de redacción y terminé como asistente de la dirección, estando a cargo de la línea editorial”.

En sus comienzos mostró su polifacético talento: “Cuando empecé en la redacción, cubría temas locales varios y en octubre de ese año se hizo la exposición de Villa Bordeau, por lo que el jefe de redacción de ese entonces formó un equipo de cronistas y fotógrafos y me incorporó para ir a cubrir el evento. Me gustó mucho esa experiencia y, a partir de ahí, el periodismo agropecuario me absorbió mucho tiempo, aunque seguía escribiendo notas y editoriales de otras temáticas”. 

En Villa Bordeu durante la muestra de 1982.

A pesar de su retiro formal, aún hoy continúa en actividad: “Si bien me retiré de La Nueva Provincia a fines de 2015, ya me había jubilado antes y solo hacía colaboraciones. Pese a ello, sigo muy activo dentro del periodismo porque continúo en la televisión y la radio, que es mi auténtica pasión”.

Esa vocación se originó en su adolescencia: “Se explica ese amor a partir de lo que me sucedía siendo adolescente, me quedaba escuchando radios del extranjero, ya sea de China, Japón, Rusia, Canadá, Suecia, entre otras, hasta las 3 o 4 de la mañana, las cuales transmitían en habla hispana. Les escribía cartas avisándoles que sintonizaba desde Bahía Blanca y a cambio recibía material de parte de estas emisoras del exterior. La pasión como oyente la mantengo aún hasta el día de hoy”.

Entrevistando al doctor René Favaloro en 1972, quien le regaló una receta médica firmada de puño y letra.

A lo largo de su carrera acumuló experiencias internacionales y entrevistas destacadas: “Dentro de las posibilidades que me regaló la profesión, viví inolvidables experiencias, viajé en el avión presidencial con Carlos Menem a Costa Rica, en el marco de una reunión de presidentes americanos, gracias a una invitación que había llegado al diario”. 

“También he ido a Estados Unidos a distintas exposiciones ganaderas y tuve la oportunidad de entrevistar a grandes personalidades de diferentes ámbitos. Desde Yupanqui hasta Los Chalchaleros y desde Bernardo Houssay a René Favaloro, además de deportistas y otros referentes en lo suyo”.

Fernández saluda a la madre Teresa de Calculta.

También recuerda una experiencia particular en Europa: “En una ocasión viajé a Londres invitado por la Embajada Inglesa en Buenos Aires y ahí tuve la satisfacción de hablar por la BBC, junto con otros periodistas latinoamericanos. Fue en 1975 y recuerdo que Gabrieli era muy amigo desde la niñez de César Milstein, que estuvo durante esos meses en aquel país europeo”. 

Y prosiguió con el relato de los hechos: “Me encomendó antes de salir de Bahía que lo contacte y le haga llegar sus saludos. Lo llamé, me contó que estaba en Cambridge, pero que al día siguiente iba a llegar a Londres, por lo que se acercó al hotel en el que estaba alojado. Lo paradójico es que me vino a visitar el científico que nueve años después se iba a convertir en Premio Nobel”.

Sentado junto a sus hermanos Federico y Segundo.

Entre los reconocimientos, destaca uno reciente: “Hace un par de años el municipio me distinguió, siempre es motivo de orgullo porque si bien no nací en esta ciudad, me formé y trabajé acá. Me siento querido, sé que existe un sector que no estuvo de acuerdo, el bloque de concejales del peronismo no fue al acto. No me preocupa y quizás tomaron esa actitud porque tuve un cargo oficial durante el Gobierno del Proceso de Reconstrucción Nacional”.

Sobre su paso por la función pública, detalla: “Fui Secretario de Prensa en los dos últimos años del gobierno militar en la provincia de Buenos Aires. El gobernador era Jorge Aguado, que era un dirigente que venía del mundo agropecuario y al que conocía por mi profesión. Me ofreció el cargo y yo acepté”.

Norman, su esposa y sus cuatro hijos.

“El diario me autorizó, viví una experiencia diferente y cuando se cumplió el mandato, volví a trabajar al ámbito privado. Lo mío fue una tarea absolutamente técnica y profesional, además tuve una relación impecable con la serie de periodistas de la Casa de Gobierno de La Plata, la gente sabe quién es quién”, exclamó Norman Fernández con ímpetu.

En cuanto a los hábitos informativos, plantea su preferencia: “Soy un fanático del diario en papel, compro casi todos los días La Nación porque me gusta la publicación física. Muchas veces escucho que dicen que leen en internet, cuando en realidad lo que te ofrece la versión digital es solo una parte del diario. Distinto es ir al kiosco a comprar el periódico para consumir la edición impresa que es mucho más completa”.

Mano a mano con el músico Carlos di Fulvio.

A la vez, advierte sobre el impacto de las redes sociales: “No niego el progreso, pero hay que manejarlo con cierto cuidado porque es una tentación, en especial para los más chicos. Los padres tienen el desafío de tener mucho cuidado. Ahora se le suma la Inteligencia Artificial donde uno no sabe si lo que te están ofreciendo es real o no, agravando el peligro. Lo que se conoce como fake news siempre existió, pero ahora hay herramientas para propagarlas de una manera monstruosa”.

Su historia personal también está atravesada por una pérdida reciente: “Se están por cumplir tres años del fallecimiento de mi esposa, algo para lo que no estaba preparado. Ella me decía siempre, cuando yo me muera no me saques en el diario y yo le respondía que tenía que estar tranquila porque me iba a ir antes que ella de este mundo”.

Con su esposa posando delante de la Torre de Pisa.

“Sin embargo, sucedió lo contrario, el destino así lo quiso. Ha sido un golpe tremendo del que todavía no me puedo reponer, aún me cuesta asumir su ausencia. Vivir solo es durísimo, de mis cuatro hijos, solo uno vive en Bahía Blanca, pero todos vienen a visitarme cuando pueden”, aseguró el entrevistado.

Finalmente, reflexiona sobre el contexto actual: “En relación a los últimos hechos climáticos que han azotado a la ciudad, este tipo de situaciones nos enseñan que hay que respetar a la naturaleza porque no hay decreto del gobierno, ni leyes que se puedan oponer o que la puedan contener”.

Grabando el testimonio del presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino.

Y fue aún más allá, sin medias tintas: “Estamos expuestos a cualquier otra contingencia meteorológica. Y este no es un fenómeno local, se da a nivel nacional y mundial. Hay que estar preparados, por ese motivo la famosa obra del Canal Maldonado es absolutamente imprescindible porque sino se va a seguir expuestos a cualquier eventualidad que podría ser desastrosa y hasta terminal”.

La férrea vocación y el compromiso con el oficio, enalteciendo con nobleza la profesión, le permitieron a Norman Fernández adaptarse a los cambios tecnológicos, sin claudicar ante lo que considera perjudicial para el desempeño dentro del periodismo. Entre recuerdos, experiencias y reflexiones, refleja una mirada construida a lo largo del tiempo, sostenida en el vínculo permanente que mantiene con la realidad que le toca narrar.

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