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Qué es el 'Síndrome de Amok': el posible trastorno tras la masacre de Villa Crespo

La principal hipótesis indica que la mujer asesinó a su marido, Adrián Setlzer, mientras dormía, y luego acuchilló a sus hijos, de 12 y 15 años. Ahora hablan de un síndrome que lleva a "un comportamiento asesino y la pérdida total del control"

El estremecedor crimen de Villa Crespo, donde Laura Leguizamón habría asesinado a su esposo Adrián Setlzer y a sus dos hijos, Ian e Ivo, antes de suicidarse, volvió a poner en el centro del debate la salud mental y los trastornos psiquiátricos extremos. La mujer, que estaba en tratamiento psicológico y psiquiátrico, habría dejado de tomar su medicación en las semanas previas al hecho. Entre las hipótesis que circulan, comenzó a mencionarse el síndrome de Amok, un raro y violento trastorno que lleva a quienes lo padecen a perder totalmente el control y atacar de manera letal.

El síndrome de Amok fue identificado por primera vez en Malasia durante el siglo XVIII, y la propia Organización Mundial de la Salud lo describe como un episodio repentino y aparentemente inexplicable de violencia extrema contra otros, seguido por un estado de amnesia, agotamiento o suicidio. Aunque no figura en manuales como el DSM-5, se lo reconoce dentro de los "síndromes culturales", ya que se manifiesta en distintas culturas bajo nombres diferentes como “berserk” en Escandinavia o “cafard” en la Polinesia. Muchas veces está relacionado con trastornos psicóticos o depresiones severas no tratadas.

En el departamento de la familia, ubicado en el sexto piso de la calle Aguirre al 200, la policía encontró cajas vacías de medicamentos como midax, sertralina y olanzapina. En una carta manuscrita con trazo tembloroso, Laura escribió: “Fue mucho. Los amo. Lo siento”, reflejando su colapso emocional. Su hermana confirmó que estaba bajo tratamiento desde hacía dos meses, y la empleada doméstica que trabajaba allí declaró que en las últimas semanas había notado un comportamiento extraño y que posiblemente la mujer había abandonado la medicación.

La brutal escena del crimen sacudió a la comunidad porteña: el hijo menor fue hallado sin vida en el pasillo, con múltiples heridas de arma blanca. En otras habitaciones yacían el padre, asesinado mientras dormía, y el otro adolescente. La autopsia reveló entre 10 y 12 puñaladas en los chicos, la mayoría por la espalda, mientras que el hombre recibió tres puñaladas en el pecho. El cuerpo de Leguizamón fue hallado en el baño con una profunda herida en el corazón y cortes en las muñecas, lo que sugiere un suicidio consumado tras cometer los crímenes.

Este tipo de tragedias reaviva la necesidad de discutir el acceso efectivo a la salud mental, los tratamientos adecuados y el acompañamiento familiar y social. Especialistas subrayan que trastornos graves como el Amok requieren intervenciones multidisciplinarias que incluyan psicoterapia, medicación, manejo de la ira y, sobre todo, un seguimiento constante del entorno del paciente. El caso de Villa Crespo expone las consecuencias fatales que pueden derivarse de la combinación entre enfermedades no tratadas y el abandono terapéutico.

En paralelo a la investigación judicial, señala La Nación, crece el interés por comprender los factores que pueden haber desencadenado esta masacre. La posibilidad de que Laura Leguizamón haya sido víctima de un colapso psicótico profundo obliga a revisar no solo el abordaje de la salud mental en el país, sino también los tabúes que aún persisten cuando una madre es la protagonista de un hecho de violencia tan extremo. La justicia deberá ahora determinar si existieron alertas previas que no fueron escuchadas.

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