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MUNDIAL DE FÚTBOL

La ilusión argentina: se viene una final de cuartos

La Selección se cruza otra vez con Países Bajos. Hay dudas de nombres y de esquema, pero no de objetivo: llegar a la final. Si empata, alargue y penales.

Es el cruce milagroso de Masche a Robben, es el “hoy te convertís en héroe”, son las atajadas de Chiquito, es la definición con suspenso de Maxi, es la cara desarmada al borde del llanto de Leo en la corrida final, son las lágrimas de todos los argentinos. Sí, esa camiseta naranja que hoy estará enfrente genera un cosquilleo especial, el recuerdo de la última gran emoción de la Selección en un Mundial, el pasaje a una final 28 años después. Creer o reventar, este equipo que también comanda Messi viene de cortar otra racha de 28 años, la que terminó con la consagración en el Maracaná.

Por eso, la ilusión se asemeja, es igual de gigante. Por eso, hay un sueño, un mismo sueño: pasar para jugar los siete partidos de otro Mundial. De este Mundial… Este cruce, antes Holanda, ahora Países Bajos, siempre tuvo olor a final. Acaso por el recuerdo de 1978, la primera estrella bordada en el escudo. También, por este último antecedente, el del 2014. Ahora será por los cuartos, como en el 98, cuando Bergkamp frenó el envión de un equipo que iba de menos a más. La pica está latente. Argentina puede vengarse de aquella instancia. Su rival buscará hacerlo sobre la base de la última vez, que también tenía a Louis Van Gaal como DT, para sumarle más condimentos a esta historia.

La cuestión es que después de reponerse del golpazo del debut, después de tener su mejor actuación ante Polonia, después de un triunfo sufrido contra Australia, el campeón de América quiere meterse entre los cuatro primeros equipos del planeta. Volver a estar ahí, en la cumbre del fútbol mundial y, acaso lo mejor de todo: darle la oportunidad a Messi de jugar por el pasaje a otra final, otorgarle esa chance de revancha, justo en la que puede ser su última Copa del Mundo.

Lionel Messi en el entrenamiento. Foto: Fernando de la OrdenLionel Messi en el entrenamiento. Foto: Fernando de la Orden

En principio, para lograrlo, Scaloni podría disponer incluso de su formación top. Es cierto que tiene tocados a De Paul (fatiga en el isquiotibial derecho, sin lesión muscular grave) y a Di María (vuelve de una contractura en el cuádriceps derecho) y que tendrá que evaluar si conviene poner a los dos juntos así, sin estar 100%. Pero por lo pronto, el mejor potencial estará a disposición del DT, que ayer probó con dos opciones de equipo: uno con línea de cinco, que tuvo a Lisandro y no a Fideo, una forma de jugarle en espejo al 5-2-3 que plantea Van Gaal; y otro con el tradicional 4-3-1-2 que incluyó al hombre de la Juve. Vale aquí un asterisco para los dos esquemas: si Rodrigo no amanece hoy a tope, bien podría ser reemplazado por su amigo Paredes.

Pero más allá de la formación, hay una fortaleza espiritual que sigue siendo el mayor secreto del éxito de esta Selección. Un equipo que se muestra comprometido con la causa, unido como pocos, uno para todos y todos para uno, que también invita a pensar que en que este otro sueño Mundial es posible. Hay una frase que nació en la nota que Olé hizo con Lionel Scaloni que se replicó en cada uno de los jugadores, incluso en esta instancia. “Que la gente se quede tranquila que no los vamos a dejar tirados”.

Y los hinchas creen. Al punto de que este jueves, como en todas las previas, hubo otro banderazo en Souq Waqif y este viernes se espera otro estadio vestido de celeste y blanco, como viene pasando en este Mundial. El partido será en el Lusail, el del cachetazo en el debut, también el de la recuperación ante México, escenario en el que se jugará la final de la Copa del Mundo, acaso otra señal de la cual agarrarse fuerte.

Tanto hay en juego en la tarde argentina de este 9 de diciembre que la Selección de Scaloni saldrá a la cancha sabiendo el resultado de Brasil-Croacia. Es decir, conocerá antes si la Canarinha será o no su próximo rival en caso de clasificarse a la semifinal. Por lo cual también será un condimento que jugará en la cabeza del equipo y de todos los argentinos. Un clásico en esa instancia jamás se disputó en la historia de los Mundiales.

Qatar 2022 ya tuvo un cruce a lo Masche: el de Lisandro a Behich de Australia. Ya tuvo una atajada espectacular de Dibu a lo Chiquito: también ante los australianos. Ya tuvo un gol a lo Maxi (pero contra México) de Enzo. Y ya tuvo a un Messi con la boca abierta, festejando a lo loco con sus compañeros. Cualquier asociación con una camiseta naranja enfrente, invita a la ilusión. Imposible no subirse…

Leo y Di María en la práctica.Leo y Di María en la práctica.

Fuente: Olé

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