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Por José Valle

Un gris de madrugada

Por José Valle, historiador del tango, escritor, productor cultural, director del Festival Nacional de tango “Carlos Di Sarli”

No me avergüenzo de mi abuelo trabajador y sabio. No me avergüenzo de todo lo que aprendí a su lado, casi sin darme cuenta, porque la vida es una escuela, porque una cosa es la historia que se vive y otra, la historia que se medita,  de lo que se ha vivido, porque recién ahí es cuando se empieza a comprender. Todos los hombres somos diferentes, pero, como dice el paisano, en el fondo naides es más que naides.

Progresista somos todos ¿en qué sentido? Queremos desarrollar la igualdad y mejorar los baches más graves que tiene nuestra sociedad. A partir de allí creo que hay matices. Hay gente que cree -y de muy buena fe- que ese proceso necesariamente no tiene que cambiar las relaciones de trabajo y las relaciones de propiedad, y otra gente que piensa que sí, que a la larga tiene que cambiar. Esa discusión puede tener diferencias también. En lo que me es personal: yo no creo que se pueda construir una sociedad si no se universaliza el conocimiento y la cultura y si no se tiene una sociedad relativamente desarrollada, con las vergüenzas más importantes zanjadas, pero otros pueden pensar distinto.

La educación es la madre de todas las batallas, es la cuna de la igualdad de oportunidades. Es la principal fuente de movilidad social. Es ahí en la educación donde tenemos que ganar la batalla del futuro. Un pueblo educado tiene las mejores opciones en la vida y es muy difícil que lo engañen los corruptos y mentirosos. Ahora también debo decir que por tener mucho más cultura, conocimiento y riqueza en la sociedad no necesariamente va a ser una sociedad donde los hombres no se exploten entre sí, esa es otra historia. Tendremos un país mejor si somos capaces de construir una humanidad mejor que nosotros mismos. Como escribió don Atahualpa Yupanqui…” vi tanta pobreza, que yo pensé con tristeza: Dios por aquí y no paso”

Pero el tema de la niñez me desvela. Es nuestro futuro y todo lo que hagamos por los pibes siempre será poco. En este país, desgraciadamente hay multitud de niños que nacen en hogares golpeados por la vida y que les falta lo más maravilloso de la vida humana que es el afecto. El afecto sólo el hombre lo puede transmitir, no lo puede transmitir el Estado. La primera clave es la unidad y lo que hay que recalcar a las nuevas generaciones es eso: el valor que tiene la unidad. Y ese valor es aprender a andar juntos con diferencias, porque naturalmente que hay identidades que son distintas, pero eso tiene un valor fenomenal. El día que empezamos a descubrir eso empezamos a ser realmente fuertes, o por lo menos grandes.

La construcción de esta Argentina no se basa sólo en la confrontación de ideas, sino en la suma de voluntades y en la recuperación de nuestros valores fundamentales. Por eso el andar buscando modelos únicos para copiarlos es cosa de “Otarios”. Cada cual va buscando su rumbo y es “lunga” la procesión. No se reniega de los dolores de la patria, se carga con ellos y se aprende de ellos.


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