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INFORME ESPECIAL

Todo por volver a cantar: el drama de los coros regionales en pandemia

Una de las actividades más paralizadas desde el arribo del coronavirus. Alzan su voz para entonar las estrofas más tristes de su difícil realidad. Sin embargo, confían en regresar con una “nueva normalidad”.

Por Leandro Grecco, redacción La Brújula 24
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Las medidas de aislamiento social por el Covid 19 que rigen, con mayor o menor rigurosidad desde hace 15 meses, impactaron en todos los ámbitos de nuestra vida generando nuevos hábitos: para trabajar, para hacer actividad física, para seguir con las actividades de formación, de ocio y vincularnos con los demás.

Todo un desafío para el ámbito coral, grupos de artistas bahienses con un talento natural en su voz que debieron desarrollar nuevas propuestas de formación adaptadas a lo virtual y seguir cantando, pero desde casa, un desafío nada sencillo al que no todos pudieron reinventarse.

Si bien se han observado, particularmente al comienzo del confinamiento en Argentina, conciertos online y hasta propuestas en los balcones de los domicilios, la transmisión de emociones, sentimientos y estados de ánimo lejos estuvo de colmar la saciedad de un hambre voraz por volver a los encuentros grupales, donde la afinación hasta el mínimo detalle es insuficiente en plataformas como Zoom.

Con esta premisa, La Brújula 24 salió al encuentro de algunos referentes de la disciplina en la ciudad, quienes esperan un regreso a la nueva normalidad que los incluya entre los que pudieron volver lentamente a aquello que desde mediados de marzo de 2020 mutó todos los esquemas preestablecidos y puso a prueba a una sociedad que descansaba en el hábito de las costumbres y ni el más pesimista se animaba a pronosticar en relación a un impensado quiebre.

“Los coros nunca dejarán de existir”

Claudia Clemente es la presidenta de la filial Bahía Blanca y Suroeste bonaerense de la Asociación de Directores de Coro de la República Argentina y fue la primera en exteriorizar su percepción en relación a la crítica realidad que vive la disciplina vocal, que no escapa a lo que ocurre en otras partes del mundo, aunque en el país golpea con más fuerza en medio de esta ola de coronavirus.

“Todos estos meses fueron de mucha incertidumbre, como en toda actividad, buscando el modo de seguir, de poder tener contacto con los grupos, de seguir vinculados de alguna manera. Cada director de coro fue, además, una suerte de psicólogo grupal, tratando de llevar tranquilidad y esperanzas porque ninguno estaba preparado para sobrellevar esta situación”, sostuvo Clemente, en el contacto que mantuvo con la redacción de este diario digital.

Y recapituló, detallando que “pudimos realizar capacitaciones en las cuales logramos fortalecer lazos con otros directores y tomar enseñanzas de cómo poder seguir en este contexto. Cada coro y director que decidieron seguir en forma virtual pudieron intensificar el trabajo desde otra perspectiva, consolidando el aspecto individual para luego poner todo lo aprendido en favor del grupo”.

“Hubo maravillosas producciones a partir de videos y grabaciones, a lo largo de todo el año. Se organizaron encuentros virtuales presentando cada coro alguna filmación ya existente o mostrando sus nuevos trabajos. Incluso, para no abandonar el encuentro navideño que se hace año a año en el playón de la UNS, se organizó un video que se presentó por la plataforma Youtube”, resaltó, intentando ponderar los aspectos positivos entre tantas complicaciones.

Con respecto a las acciones que llevaron adelante para intentar sortear las restricciones, la referente de la actividad en la ciudad y la región mencionó que “a comienzos de este año pudimos elaborar un protocolo de la actividad en consonancia con las normas que nos ofrecieron desde Nación y Provincia, el cual fue aprobado por el Municipio de Bahía Blanca”.

“Toda actividad coral se desarrolla en función de los protocolos y estudios que nos orientan en las decisiones”

Y si bien admitió que la actividad es un gran foco de contagio, “existen medidas que permiten que los coros vuelvan a ensayar si se cuenta con espacios de dimensiones tales que permitan una distancia de dos metros entre coreutas, ventilación, barbijos, alcohol en gel, etc. En este aspecto todos los directores agrupados en la asociación llevaron adelante la actividad cuando se pudo en modo presencial de acuerdo a las medidas vigentes”.

“Sin dudas nuestra actividad fue una de las más damnificadas. Muchas instituciones decidieron abandonar la actividad directamente provocando una pérdida laboral; los organismos estatales en ciertos casos, disminuyeron el sueldo del director aunque la actividad se siguiera llevando adelante de otra manera. No obstante, los coros nunca van a dejar de existir”, exclamó Clemente a viva voz.

Pero, claro está, la titular de Adicora sabe que la tarea que se viene no es nada sencilla: “La virtualidad sigue siendo la única herramienta que nos queda ante esta realidad pero es importante destacar que la gente que participa está haciendo un doble esfuerzo ya que 15 meses sin el encuentro presencial se hacen sentir. Seguramente deberemos ‘reiniciar’ los coros volviendo a la presencialidad, incentivando nuevamente a la gente que está ansiosa por volver a compartir la magia del canto en esta actividad bien vocacional”.

Y cerró con la siguiente reflexión: “Hoy, dependemos mucho de las diferentes fases por las que pase la ciudad y la zona. Habíamos logrado iniciar el año, pero lamentablemente estas idas y vueltas hacen que no se pueda tener una continuidad en lo presencial. Entonces se regresó a la forma virtual luego de Semana Santa donde recrudecieron los casos de Covid. Esperamos que con la vacunación masiva, los cuidados y protocolos vigentes, logremos poner en marcha nuevamente la actividad coral”.

El incansable empuje de un obrero en la materia

A Walter Quintana, la trayectoria lo avala. Sus 30 años dirigiendo coros en Bahía Blanca y la región lo convierten en una opinión calificada al momento de requerir una descripción del difícil presente que atraviesan. Como profesor superior de educación musical forjó la carrera que, además, lo mantiene como parte del staff del Coro Estable de los Organismos Artísticos Del Sur.

“El año pasado fue devastador desde el punto de vista anímico. Ahora estoy algo más esperanzado pero sin planificar aun la presencialidad, tomando como parámetro que en lo económico, esta pandemia significó una merma de ingresos”, sostuvo Quintana, quien actualmente dirige al grupo vocal bahiense Vox y tiene a su cargo al coro municipal de Médanos.

Con relación a esta última agrupación mencionada, aclaró que “la gente necesitó ayuda para conectarse en forma virtual. Aún así, pudimos hacer un par de obras desde casa. Pero ese trabajo no es coral en absoluto. Cada miembro graba una parte según la base musical que les envío, y luego un editor hace el milagro”.

Y marcó una diferencia con relación a lo que acontece con sus alumnos de la ciudad: “En todo este período, con ellos no realizamos ninguna acción presencial ni virtual. Sin embargo, este 2021, pretendimos comenzar con un grupo de ocho personas echando mano a todos los cuidados posibles. Sin embargo, a último momento, se fueron bajando de la cita varios alumnos porque el Covid los golpeó muy de cerca”.

“Pese a todas estas adversidades, converso mucho con ellos. El ánimo y la esperanza de cada uno de los integrantes siguen intactos. Los grupos de Whatsapp son una suerte de combustible que mantiene viva esa llama tan necesaria para pensar en la vuelta”, reflejó con un dejo de optimismo innegable.

Por último, Quintana admitió que durante los meses de confinamiento habían planeado dos viajes (uno con cada coro que dirige) y no menos de cuatro conciertos los cuales, claro está, fueron cancelados. “Es imposible ensayar porque si bien cada uno escucha lo que debe cantar, la dificultad en la demora del sonido que ofrecen las plataformas es notoria y trunca cualquier intento”, cerró, quien anticipó que 2022 lo tendrá al frente del coral Villa Ventana.

Christian López y el temor por cantantes que dejen la actividad

El último de los profesionales por este medio fue Christian López, director de coros con un extenso recorrido en la educación del canto. Actualmente está al frente de tres grupos: Coral Voces de Cambio de Bahía Blanca, el Coro Markamasi de Villa Iris y el Coral Cabildo de la vecina localidad. En consonancia con sus colegas anteriormente consultados, no pudo ocultar su preocupación por el presente, pero lejos se mostró de pretender bajar los brazos.

“Entre los aspectos positivos imagino una primera etapa de reencuentro entre los que componemos esta disciplina, para luego dar lugar a una proliferación de propuestas, con la premisa de fomentar espacios de conciertos y encuentros de los cuales seguramente participarán muchos coros. También habrá ocurrido que la pandemia haga que varios cantantes abandonen la actividad y eso impactará duramente sobre todo en coros de pocos integrantes. En todo caso y aún considerando que la actividad es netamente presencial por ser un trabajo en equipo, seguramente habrá una redefinición en la que, sin dudas, la participación de la tecnología virtual cobrará una preponderancia que no tenía hasta ahora”, resumió López, al momento de cerrar sus ojos y mirar más allá de lo que permite ver el sombrío horizonte actual.

“Sin ser médico, pero en función de lo que tantas veces se nos ha explicado, entiendo que las reuniones de coreutas pueden aumentar las probabilidades de propagación, dado que al momento de cantar cada uno emite aerosoles potencialmente contaminados”, sostuvo, reconociendo la peligrosidad que significa una clase o un concierto, aunque admitiendo su conocimiento desde el punto de vista científico de la controversia.

Cuando se detuvo a analizar lo ocurrido durante los primeros meses del confinamiento, afirmó: “El año pasado las plataformas virtuales sirvieron para mantener la unión dentro de mis coros y la relación de dependencia de sus integrantes con el espacio que cada coro representa. A través de estas vías además pudimos realizar algunos ensambles de canciones del repertorio de cada coro con audios que cada integrante grabó desde su casa utilizando su teléfono. Y fue una experiencia importante ya que nos permitió descubrir un nuevo abanico de posibilidades a través del uso de las tecnologías digitales que permitieron suplantar por un tiempo la falta de ensayos presenciales”

“Pero en este año donde surge la necesidad de renovar repertorio, está claro que las plataformas virtuales no son adecuadas para sostener ni desarrollar la actividad. Zoom, Jitsi, Google Meet, etc. no permiten el canto simultáneo ya que no son plataformas preparadas para tal fin, por lo tanto su utilización es muy limitada. Si el aislamiento en la actividad coral persistiera, a mi criterio en el mediano plazo veremos muchos coros desaparecer debido a que será imposible desarrollar el canto simultáneo y todo se reduciría a ensambles corales virtuales a través de audios grabados individualmente por los coreutas, y esto es sin dudas totalmente antinatural para la actividad”, lamentó, planteando un escenario un tanto desalentador.

No obstante, señaló que “vislumbro que de retomarse la actividad presencial, las plataformas virtuales serán herramientas que veremos definitivamente incorporadas e integradas dentro de la planificación de cada coro. Las tecnologías de audio y video digitales llegaron para quedarse, y serán un gran complemento para la autodifusión de cada coro siendo éste para mí su gran aspecto positivo”.

“Bahía tiene una gran tradición. Hoy cuenta con unos 30 coros aproximadamente en funcionamiento, entre coros de niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, de voces iguales, y religiosos. Es una movida artística importante tanto por lo diversa como por la calidad que muchos de estos grupos poseen y que los han llevado incluso a ganar certámenes nacionales y muchos de sus directores y directoras son ampliamente reconocidos en el ambiente coral nacional e internacional”, resaltó.

En otro tramo, enfatizó que el apoyo es dispar porque solo existen coros institucionales y autogestionados: “En general, los coros que representan instituciones, sean estas públicas o privadas, tienen un sustento básico que les permite solventar principalmente el costo de los honorarios de su director o directora”, al tiempo que agregó: “Eso da margen a que el coro pueda sostener el resto de sus gastos a través de distintas actividades organizadas para recaudar fondos”.

“En algunos casos, como ocurre con los coros municipales por ejemplo, también cuentan con sustento para organización de conciertos y viajes, y el aporte de cada coreuta al sostenimiento se puede entonces reducir, o bien aplicarlo a lograr mejores condiciones para el desarrollo de la actividad”, aseveró López, marcando una diferenciación que puede ser vital para pensar el presente.

Por último, reflejó que “está la realidad de los coros independientes o autogestionados que al no representar a institución alguna, no tienen acceso a fuentes de financiamiento externas, y todo el gasto que implica su funcionamiento sale del esfuerzo de sus integrantes, a través de cuotas y de diferentes actividades organizadas para recaudar fondos, lo cual limita las posibilidades de organizar conciertos y viajes. Hay muchos coros en esta situación y tampoco hay sistema cultural alguno, ni en el orden público ni en el privado, destinado a buscar soluciones”.

Hoy están en silencio, amordazados y con ganas de que sus cuerdas vocales se llenen de notas musicales. Ya falta menos…

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