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"Huella Verde", la ONG que busca fortalecer su trabajo en Bahía Blanca

La fundación conecta a productores agroecológicos con comedores, merenderos y escuelas. Ante la caída de las donaciones, lanzó una campaña para sostener la compra y el traslado de alimentos saludables.

Por Juan Tucat, redacción de La Brújula 24 (@JuanTucat)

Fundación Huella Verde desarrolla en Bahía Blanca y La Plata una red solidaria que vincula a productores agroecológicos con comedores, merenderos, escuelas y otros espacios comunitarios que necesitan acceder a alimentos frescos.

La organización nació en diciembre de 2019 bajo cuatro ejes principales: alimentar, plantar, reciclar y concientizar. Desde entonces, entregó cerca de 155 mil kilos de frutas y verduras y participó en la creación y el mantenimiento de huertas comunitarias.

“Empezamos como algo súper familiar. Mi hermano estaba haciendo la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria en la Universidad Nacional de La Plata y tuvimos la idea, junto con nuestros padres, de crear una fundación para captar fondos y destinarlos a un mismo fin”, explicó Mariano Zatti, integrante de la entidad, en diálogo con el programa Nunca es tarde, por La Brújula 24.

La iniciativa tuvo desde sus comienzos el objetivo de combatir la desnutrición infantil, aunque su trabajo también incluye acciones relacionadas con la agroecología, la soberanía alimentaria, el cuidado del ambiente y la reducción del desperdicio.

“Siempre tuvimos la intención de ayudar a los barrios vulnerables, que están llenos de comedores y ollas populares, y también a los productores y productoras que eligen la agroecología para trabajar la tierra sin agrotóxicos. Nosotros somos un puente dentro de esa cadena”, sostuvo.

Alimentos que llegan a comedores y merenderos

El trabajo comienza en campos y espacios productivos de Bahía Blanca, La Plata y sus respectivas regiones. Allí, la fundación compra cosechas a pequeños productores o recupera frutas y verduras que podrían quedar fuera del circuito comercial.

Puede tratarse de excedentes de producción o de alimentos que no son vendidos por su tamaño, apariencia o dificultades para ser trasladados, pese a que mantienen su calidad y valor nutricional.

La mercadería es cosechada, seleccionada y distribuida entre las instituciones acompañadas por la organización. El sistema permite evitar pérdidas, respaldar a productores de menor escala y ampliar el acceso a alimentos saludables.

“Después de casi siete años ya estamos cerca de los 155 mil kilos de alimentos entregados entre Bahía Blanca y La Plata. Estamos muy contentos de haber podido dar una mano”, destacó Zatti.

La fundación también se encarga de organizar la logística y afrontar los gastos de traslado. Para esa tarea necesita aportes económicos que le permitan comprar alimentos y distribuirlos entre los distintos espacios comunitarios.

El vínculo entre Bahía Blanca y La Plata

La presencia de Huella Verde en ambas ciudades está relacionada con la historia de la familia que impulsó el proyecto.

“Somos de Bahía Blanca, pero en 2015 nos fuimos con mi hermano a La Plata. Estábamos divididos geográficamente, pero teníamos ese objetivo en común y decidimos comenzar el trabajo en las dos ciudades”, relató.

Mientras Mariano y su hermano comenzaron a conocer campos, productores y comedores de La Plata, en Bahía Blanca su madre avanzó con la búsqueda de frutas y verduras agroecológicas para entregar en espacios comunitarios.

Sin embargo, la falta de tierras disponibles para la producción modificó parte de la tarea local. Actualmente, el trabajo en Bahía está concentrado principalmente en el desarrollo de huertas comunitarias.

“Lamentablemente, una de las productoras agroecológicas con las que trabajábamos se quedó sin tierra. Por eso ahora se dedican más a las huertas comunitarias, por ejemplo en la Escuela Primaria Nº 54”, indicó.

Huertas para producir y aprender

La propuesta no se limita a la entrega de mercadería. La fundación también aporta semillas, plantines, herramientas y asesoramiento para que comedores, merenderos y escuelas puedan desarrollar sus propias huertas.

El objetivo es que las instituciones produzcan parte de los alimentos que utilizan diariamente y, al mismo tiempo, transmitan conocimientos relacionados con la agroecología.

“Si a los chicos y las chicas les enseñás qué es una semilla, cómo cultivar, cosechar, regar y mantener una huerta, después pueden llevarse ese conocimiento a sus casas y comenzar sus propios espacios”, señaló Zatti.

El integrante de Huella Verde consideró que la educación es una herramienta central para que las familias recuperen prácticas que eran habituales en generaciones anteriores.

“No hace tantas generaciones que nuestros abuelos tenían plantas para comer en el patio. La educación es clave para entender que uno puede producir una parte de sus propios alimentos”, afirmó.

Desde la fundación sostienen que las huertas permiten avanzar hacia una mayor autonomía alimentaria y reducir la dependencia de los circuitos comerciales tradicionales.

Las diferencias entre ambas ciudades

Zatti aseguró que la producción y el consumo agroecológico tienen actualmente un mayor desarrollo en La Plata que en Bahía Blanca.

“En Bahía falta mucha difusión, faltan tierras y faltan incentivos. En La Plata, una persona que quiere conseguir productos agroecológicos encuentra muchas alternativas. En Bahía se complica más”, comparó.

En ese sentido, valoró la feria que funciona cada dos semanas en el Parque Boronat, aunque consideró que todavía resulta necesario ampliar la oferta y generar políticas que acompañen a los productores.

“Las pocas productoras que había se quedaron sin tierra. Hace falta un incentivo municipal y que haya más personas que se interioricen, porque muchas veces todo comienza con un cambio de conciencia”, expresó.

También recordó que Huella Verde solicitó tierras para que una productora pudiera continuar con su actividad, pero la propuesta recibida no contaba con acceso al agua.

“La única tierra que nos habían ofrecido no tenía agua, que es fundamental para producir. Era un lugar donde directamente no se podía desarrollar la actividad”, cuestionó.

Para Zatti, el problema no se limita a Bahía Blanca. Muchos productores agroecológicos trabajan en terrenos alquilados y pueden perderlos cuando los propietarios deciden darles otro destino.

“El gran problema es que no son dueños de sus tierras. Por eso se reclama desde hace tanto tiempo una ley de acceso a la tierra, para que puedan proyectar y saber que van a permanecer en el lugar”, explicó.

Una producción sin agrotóxicos

Durante la entrevista, Zatti definió la agroecología como una práctica basada en la producción de alimentos sin pesticidas ni sustancias perjudiciales para el suelo y las personas.

También remarcó que se trata de un sistema que recupera conocimientos utilizados antes de la expansión de los monocultivos y los paquetes tecnológicos.

“Es volver a lo que hacían nuestras tatarabuelas: rotar cultivos, asociar plantas, acompañar las semillas y evitar producir grandes extensiones de una única especie”, describió.

Como ejemplo, mencionó la combinación de tomates con albahaca o la utilización de lavanda y romero para ayudar a controlar determinadas plagas.

“Después llegó la industria con la idea de que determinados productos hacían todo más rentable. Eso generó muchos monocultivos y un uso cada vez mayor de pesticidas”, sostuvo.

Según explicó, varios productores comenzaron a modificar sus métodos de trabajo después de atravesar enfermedades o comprobar los efectos de esos productos en sus familias.

“Muchas veces se produce de manera convencional por desconocimiento o porque fue lo que aprendieron. Pero hay personas que cambian cuando alguien de su familia se enferma y buscan algo más amable con la vida”, manifestó.

La caída de las donaciones

Huella Verde atraviesa actualmente dificultades para mantener el volumen de alimentos que distribuía en años anteriores.

“Antes podíamos llevar tres bultos por comedor. Por ejemplo, una bolsa de papas, un cajón de zanahorias y otro de cebollas. Hoy, en algunos casos, podemos entregar solamente uno”, explicó Zatti.

La reducción está directamente relacionada con la caída de los aportes económicos y el aumento de los costos de los productos y del transporte.

“Mañana, por ejemplo, voy a llevar un cajón de acelga, con atados frescos para que puedan hacer torrejas, tortillas o bocadillos. Todo suma, pero lamentablemente bajaron las donaciones”, señaló.

La fundación utiliza sus redes sociales para mostrar las compras, las cosechas y las entregas realizadas.

“Nunca hicimos esto para las cámaras. Mostramos el trabajo en Instagram porque es una forma de garantizar transparencia a quienes colaboran, pero no tenemos banderas políticas”, aclaró.

Cómo colaborar con Huella Verde

Las personas interesadas pueden ingresar a la cuenta de Instagram Huella Verde Fundación, donde encontrarán el enlace al formulario “Donar Saludable”.

Allí es posible elegir el monto, definir si la contribución será mensual y establecer si tendrá actualizaciones periódicas. La colaboración también puede cancelarse en cualquier momento.

La organización recibe aportes directos a través del alias huella.verde.mp, correspondiente a su cuenta de Mercado Pago.

“Todo suma. Está complejo y por eso agradecemos que se hable de este trabajo. Detrás de cada donación hay alimentos que llegan a una familia”, indicó Zatti.

El representante de la fundación también reflexionó sobre la necesidad de que existan organizaciones de estas características en un país con una extensa superficie productiva y capacidad para generar alimentos.

“Tenemos un país rico, lleno de tierra y con mucha producción, pero al lado de los campos hay personas que pasan hambre. A veces genera impotencia, pero tratamos de mirar el vaso medio lleno y continuar”, expresó.

“Nosotros empezamos con total inexperiencia. Fuimos aprendiendo en los campos, en las huertas y en los comedores. Lo importante es querer ayudar y animarse a intentarlo”, concluyó.

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