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Un legado que trasciende generaciones: Los Pibes de Don Bosco celebran sus primeros 25 años

El proyecto nació en Bahía Blanca durante la crisis de 2001 y hoy unos 40 jóvenes sostienen espacios para chicos y familias de distintos barrios de la ciudad. “La comida y la merienda son la excusa para poder vernos”, resumen.

Por Juan Tucat, redacción de La Brújula 24 (@JuanTucat)

Hace 25 años, en una Bahía Blanca atravesada por una de las crisis sociales y económicas más profundas del país, un pequeño grupo de jóvenes decidió hacer algo tan sencillo como salir a la calle. Llevaban comida, pero pronto descubrieron que detrás de esa bandeja había algo mucho más importante: la posibilidad de encontrarse con el otro, conocer su historia y construir un vínculo.

Así es que nació en 2001 Los Pibes de Don Bosco, un proyecto social, educativo y pastoral impulsado desde la comunidad salesiana, inicialmente de la mano del padre Pablo Mardoni y un grupo de alumnos y exalumnos. El punto de partida estuvo en las personas que durante aquellos meses recorrían el centro de Bahía cartoneando, cirujeando o intentando obtener algún ingreso para sostener a sus familias.

Un cuarto de siglo después, la realidad cambió en muchos sentidos, aunque la esencia permanece. Actualmente, alrededor de 40 jóvenes animadores voluntarios acompañan especialmente a familias de Villa Caracol, Bajo Rondeau y Noroeste, además de otros sectores periféricos de la ciudad.

Paz Boglino tiene 18 años, terminó el secundario en el Don Bosco el año pasado y comenzó como animadora cuando tenía 16. En diálogo con el programa "Nunca es Tarde", emitido por La Brújula 24, explicó que llegó al proyecto casi sin saber con qué se iba a encontrar. “Uno empieza sin saber del todo con lo que se va a encontrar, sin tener quizás una idea clara de todo lo que se vive en los espacios”, contó.

Para explicarlo, Paz vuelve a aquel 2001. “Los Pibes de Don Bosco es básicamente un proyecto social, educativo y pastoral que surge en el 2001, a raíz de la crisis. Ellos empiezan a ver en las calles que había un gran aumento de gente en situación de calle o con trabajos informales, cirujeando, cartoneando. Entonces se empiezan a hacer esa pregunta: ‘¿Qué podemos llegar a hacer nosotros?’”.

La primera respuesta fue cocinar y repartir viandas. Pero aquello nunca pretendió agotarse en la asistencia alimentaria. “La vianda siempre funcionó como una excusa, no más que eso, es para poder acercarnos a todas esas personas y de a poquito ir conociéndonos, construyendo vínculos”, señaló Paz.

Ese concepto terminó convirtiéndose en uno de los pilares que sobrevivió durante los 25 años de historia. Los jóvenes que hoy participan no conocieron aquella Bahía de el 2001 e incluso todavía no habían nacido. Sin embargo, recibieron una experiencia construida por varias generaciones de animadores.

Uno de los principales espacios es Patio, que se realiza viernes de por medio en el Colegio Don Bosco y llega a reunir a unas 250 personas. Allí hay juegos, actividades y momentos compartidos antes de terminar la noche con una cena. También funciona el Oratorio, destinado principalmente a niños y adolescentes del barrio Noroeste, donde los animadores recorren las casas para buscarlos y compartir una tarde de juegos, actividades y merienda. A lo largo de los años también surgieron otras iniciativas, entre ellas Casitas, Oratorio Joven, misiones, convivencias, colonias de verano y el programa Todos al Agua.

La tarea, insisten, no consiste solamente en acercar un plato de comida.

Bautista Ferreira tiene 21 años y llegó al proyecto a los 16, cuando cursaba quinto año del secundario. Cinco años después sigue encontrando allí la misma razón para quedarse. “La motivación está en el día a día y en el compartir con esta gente. Nosotros lo que destacamos es que compartimos muchísimas cosas y creo que eso es el fuerte del proyecto. No nos centramos solamente en el viernes, la cena, o el sábado, la merienda. Lo que se vive en el proyecto es más allá”, explicó.

Con el paso del tiempo aparece, según describió, algo difícil de medir: la confianza. “Se da una cosa media mágica, que es que los pibes confíen en vos como si los conocieras hace 25 años y en realidad los conozco hace cinco”, sostuvo.

Para Bautista, esa confianza no pertenece individualmente a los voluntarios que hoy están al frente de las actividades, sino que es el resultado de todo el camino previo. “Siempre nosotros decimos que somos los Pibes de Don Bosco. No soy yo Bautista, ella Paz. Nosotros vamos en representación de algo mucho más grande y que ya tiene sus años y su recorrido”, afirmó.

Los integrantes de aquella primera generación y los actuales animadores volvieron a encontrarse durante los preparativos por el aniversario. Las conversaciones sirvieron para reconstruir la historia, pero también para comprobar que el objetivo central sigue siendo prácticamente el mismo. “Salir a buscar al otro que quizás necesita solamente eso: un ‘¿cómo estás hoy?’, ‘¿qué anduviste haciendo?’ y alguien que se preocupe por un segundo”, reflexionó Bautista.

Y agregó una frase que resume buena parte de la filosofía del proyecto: “La comida, aunque no parezca, aunque la situación está difícil, se termina consiguiendo. Lo difícil es encontrar un otro que se siente y diga ‘¿cómo estás hoy?, ¿qué te pasó?, ¿cómo andan?’”.

El desafío también aparece cuando los jóvenes hablan sobre el futuro de los chicos que acompañan. Las diferencias sociales y económicas condicionan las posibilidades, y por eso una parte de las actividades está orientada a que puedan imaginar otras alternativas para sus vidas. “Como proyecto siempre lo que intentamos impulsar es esto de proyectarse, que es lo que más está costando hoy en día en la sociedad. El saber que voy a estudiar algo, que voy a trabajar de algo que me guste”, explicó Bautista.

El objetivo, dijo, es que un chico pueda encontrar su propio camino y no asumir que su destino está escrito de antemano por el lugar donde nació o el trabajo que tuvieron las generaciones anteriores de su familia.

Para Paz, involucrarse también significó enfrentarse con los prejuicios que todavía existen sobre determinados sectores de Bahía Blanca. “Siempre el prejuicio existe del que no conoce. Por eso me parece tan importante también poder transmitirle a todas las personas lo que se vive”, aseguró.

La experiencia terminó modificando también su propia manera de observar la ciudad. “A mí Los Pibes de Don Bosco me cambió la vida. Te abre a una forma de mirar a ese otro, a esa otra realidad que muchas veces es muy distinta a tu vida y a lo que estás acostumbrado”.

Los 25 años encuentran al proyecto con el desafío permanente de conseguir los recursos necesarios para mantener cenas, meriendas y actividades. Este año se puso en marcha además un programa de padrinos, mediante el cual cualquier persona puede elegir un monto para colaborar mensualmente por débito automático. La inscripción está disponible a través de las historias destacadas de la cuenta de Instagram @lospibesdb. También reciben alimentos no perecederos, insumos y otros elementos necesarios para sus espacios.

El aniversario tiene este fin de semana su celebración más grande. El Festival Solidario por los 25 años se desarrolla en el Colegio Don Bosco, con ingreso por Moreno, entrada libre y gratuita y una propuesta destinada a toda la familia. El sábado se programaron actividades de 12 a 22 y este domingo la jornada continuará de 12 a 18.

Habrá más de 50 emprendedores, feria, kermés, inflables, food trucks y música en vivo. El cierre del domingo incluirá una procesión junto a la comunidad salesiana y posteriormente una misa de acción de gracias en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús. Lo recaudado permitirá financiar las actividades habituales y también la celebración que Los Pibes compartirán el viernes 21 con las familias que protagonizan la historia del proyecto.

Veinticinco años después de aquellas primeras recorridas por las calles de Bahía Blanca, las generaciones cambiaron, los jóvenes que comenzaron ya son adultos y nuevos animadores tomaron su lugar. Pero hay una idea que continúa intacta.

El plato de comida sigue estando. La merienda también. Pero el verdadero centro de Los Pibes de Don Bosco sigue siendo aquello que no puede comprarse ni reemplazarse con una donación: el tiempo que alguien decide dedicarle a otro.

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