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Por qué la esponja de cocina tiene dos colores y para qué sirve cada lado

Combina dos superficies con distinto nivel de abrasión. Qué función cumple cada una, en qué elementos conviene utilizarlas y qué cuidados ayudan a evitar rayones y acumulación de bacterias.

Aunque parece un detalle meramente estético, los dos colores de la clásica esponja de cocina cumplen una función práctica: permiten distinguir dos superficies con distintos niveles de abrasión y elegir cuál utilizar según el tipo de suciedad y el material que se pretende limpiar.

En los modelos más comunes, la parte amarilla está formada por una espuma absorbente que retiene agua y detergente, mientras que la verde posee una fibra más rugosa, pensada para remover suciedad adherida con mayor intensidad. De todos modos, los especialistas aclaran que los colores pueden variar según el fabricante y que la referencia correcta siempre es la composición indicada en el envase.

La cara suave es la más adecuada para el lavado cotidiano de platos, vasos, cubiertos y recipientes con restos recientes. También resulta la alternativa más segura para utensilios con recubrimientos antiadherentes o superficies que pueden rayarse con facilidad.

El lado abrasivo, en cambio, está pensado para ollas, rejillas, fuentes resistentes y otros elementos con grasa o comida seca adherida. Su mayor poder de fricción ayuda a desprender esos residuos, aunque conviene utilizarlo con moderación para evitar daños.

Uno de los errores más habituales es usar la superficie rugosa sobre sartenes antiadherentes, objetos pintados o materiales pulidos. Esa práctica puede dejar marcas y deteriorar el revestimiento, por lo que ante la duda se recomienda comenzar siempre por el lado más suave.

El mantenimiento de la propia esponja también es clave. Después de cada uso conviene enjuagarla bien, eliminar restos de alimentos, escurrirla y dejarla secar en un lugar ventilado, ya que la humedad favorece la proliferación de microorganismos.

Además, no es conveniente prolongar indefinidamente su utilización. La recomendación es reemplazarla periódicamente y hacerlo antes si presenta mal olor, desgaste excesivo o fue utilizada para limpiar restos de alimentos crudos.

Más allá del color, entonces, la diferencia entre ambas caras permite combinar en un mismo elemento una limpieza delicada y otra más intensa. Utilizar cada una correctamente no solo ayuda a conservar mejor la vajilla, sino también a mantener condiciones adecuadas de higiene en la cocina.

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