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Una científica bahiense encabezará un proyecto del CONICET para investigar el autismo

María Luján Ferreira, investigadora de PLAPIQUI, fue designada representante técnica de un convenio que busca fortalecer los estudios sobre neurodesarrollo y Trastorno del Espectro Autista (TEA).

La investigadora del CONICET maría Luján Ferreira y el médico Nicolás Loyacono (SANyTA). Foto: gentileza investigadora.

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) firmó un convenio con la Sociedad Argentina de Neurodesarrollo y Trastornos Asociados (SANyTA) para impulsar investigaciones, capacitaciones y actividades científicas vinculadas al autismo, con una destacada participación de Bahía Blanca.

La investigadora María Luján Ferreira, doctora en Química e integrante de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI), dependiente del CONICET y la Universidad Nacional del Sur (UNS), fue designada representante técnica del organismo para coordinar las actividades previstas.

Según informó el CONICET este martes, el acuerdo contempla la actualización de bibliografía científica, la formación de profesionales, la realización de estudios y publicaciones, y el desarrollo de grupos de trabajo interdisciplinarios.

Además, PLAPIQUI fue establecido como lugar de trabajo para las actividades contempladas en el convenio, mientras que la representación de SANyTA estará a cargo de su presidente, el médico Nicolás Loyacono.

La iniciativa busca profundizar las investigaciones sobre el neurodesarrollo y el Trastorno del Espectro Autista (TEA), a partir de un abordaje que contemple no solamente los aspectos conductuales, sino también factores biológicos, psicológicos, sociales y nutricionales.

En ese marco, los equipos trabajan sobre el denominado Modelo Integrador Avanzado (MIA), una propuesta que apunta a considerar las características individuales de cada persona y la posible presencia de otros problemas de salud, complementando las intervenciones terapéuticas y educativas.

La participación de Ferreira tiene una historia personal detrás. Su interés por el estudio del autismo comenzó a principios de los años 2000, cuando su hijo recibió ese diagnóstico.

A partir de esa experiencia, la científica comenzó a profundizar sus conocimientos sobre neurodesarrollo y a investigar cuestiones relacionadas con la salud y la calidad de vida de las personas con TEA.

"Como investigadora del CONICET, consideré que era importante contribuir desde el conocimiento científico. Necesitaba encontrar una forma de entender el diagnóstico fundamentada en evidencia de alta calidad", explicó Ferreira.

Junto con otras familias y profesionales de la salud, la investigadora impulsó entre 2011 y 2012 la conformación de un equipo interdisciplinario que buscó vincular la investigación científica con la práctica clínica y las experiencias familiares.

Posteriormente, entre 2015 y 2019, participó de una asesoría científica del CONICET junto al Hospital de Clínicas José de San Martín, en Buenos Aires. Esa experiencia permitió desarrollar publicaciones científicas y actividades académicas, incluido un curso de posgrado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

El trabajo también se extendió a otras instituciones. Durante 2026, SANyTA firmó acuerdos de cooperación con la Facultad de Medicina de la UBA y con la Universidad Nacional del Sur, fortaleciendo una red de colaboración entre especialistas de distintas disciplinas.

Por su parte, Loyacono destacó que uno de los principales desafíos será generar nuevas investigaciones clínicas que permitan fortalecer la evidencia científica sobre este enfoque y ampliar la formación de profesionales.

"También buscamos que esta visión interdisciplinaria llegue a más familias, instituciones y sistemas de salud, complementando las intervenciones educativas y terapéuticas tradicionales con una medicina personalizada basada en la mejor evidencia disponible", señaló.

Finalmente, Ferreira expresó su expectativa de que los avances científicos puedan traducirse en mejoras concretas para las personas con autismo.

"Me gustaría que este modelo contribuya a mejorar la calidad y la expectativa de vida de las personas con diagnóstico de TEA y sus familias", concluyó la investigadora.

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