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Un sinfín le amputó las piernas cuando tenía 6 años y hoy integra el seleccionado argentino de natación

Alejandro Peralta tiene 18 años, vive en Mayor Buratovich y perdió ambas piernas en un accidente rural cuando era niño. Lejos de rendirse, encontró en la natación una nueva pasión que lo llevó al seleccionado nacional.

Por Cecilia Corradetti / [email protected]

Especial para La Brújula 24

A los seis años, Alejandro Peralta ya conocía de memoria los caminos de tierra, los galpones y las máquinas del campo donde trabajaba su padre. Lo acompañaba a todas partes. Era un chico inquieto, activo, fanático del fútbol y arquero por elección. Nada hacía imaginar que una noche de verano un accidente cambiaría para siempre el rumbo de su vida.

Hoy, años después, aquel niño de Mayor Buratovich que perdió ambas piernas en una máquina agrícola integra el seleccionado argentino de natación adaptada, acumula medallas nacionales, fue abanderado de su escuela técnica y sueña con convertirse en médico.

Su historia es una de esas que obligan a mirar más allá de las dificultades.

"Yo apenas tenía seis años, estaba por cumplir siete cuando me pasó el accidente", recuerda.

La escena permanece intacta en su memoria.

"Me acuerdo perfectamente. Yo acompañaba mucho a mi papá al campo porque él trabajaba ahí. Estaba muy acostumbrado a seguirlo. Esa noche era cerca de la medianoche. Lo último que recuerdo es que estaba allí y después tengo como un flash. Ya estaba dentro de la máquina", repasa.

El accidente ocurrió en un establecimiento cercano a Hilario Ascasubi y Juan A. Pradere, en la zona de Teniente Origone. Alejandro cayó en un sinfín, una maquinaria utilizada en tareas agrícolas. Las lesiones fueron gravísimas.

"Después me desperté en el hospital, ya operado y con mucho dolor", cuenta.

Sin embargo, cuando habla de aquellos días, no se detiene únicamente en el sufrimiento.

Los recuerdos gratos del Hospital Penna, pese a la adversidad

"Tengo muchos recuerdos lindos del hospital Penna, en Bahía Blanca. Los doctores, las enfermeras, todos me acompañaron muchísimo. Me hicieron sentir contenido durante toda la recuperación. Para mí fue muy importante el personal de salud", dice.

Pasó un largo tiempo internado. Luego llegó el momento más difícil: volver a empezar.

Su primer año de escuela primaria transcurrió, en gran parte, en silla de ruedas.

"Cuando salí del hospital todavía no tenía prótesis. Empecé primer grado así. Después la gente me ayudó muchísimo para juntar dinero y conseguir mis primeras prótesis. Gracias a eso pude volver a tener una vida parecida a la que tenía antes", señala.

Aquellas prótesis representaron mucho más que una ayuda física. "Fue volver a integrarme. Volver a la escuela. Volver a sentirme parte de todo", reflexiona, aunque asegura que la adaptación no fue sencilla.

Antes del accidente era un chico que no paraba un segundo. Acostumbrarse a una nueva realidad demandó tiempo, esfuerzo y paciencia.

"Recuperar la confianza en mí mismo fue difícil. Yo era muy activo. Me gustaba hacer muchas cosas. Tuve que aprender de nuevo un montón de situaciones cotidianas", agrega.

Pero Alejandro nunca se quedó quieto.

Probó distintos deportes buscando encontrar un lugar donde sentirse cómodo. Primero llegó el fútbol. Después el básquet. Más tarde el patín.

"Ninguno terminaba de convencerme completamente. Yo quería encontrar algo que realmente sintiera mío", advierte.

La respuesta apareció casi sin buscarla.

Hace apenas tres años comenzó a nadar.

Al principio era una actividad vinculada a la rehabilitación.

"No me motivaba tanto. Era más una cuestión física", define. Hasta que llegó una competencia que cambió todo.

"Cuando participé en los Juegos Bonaerenses –cuenta-- empecé a enamorarme de la natación. Ahí me di cuenta de que me gustaba de verdad".

Lo que vino después fue vertiginoso. En Mar del Plata consiguió primero una medalla de bronce. Más tarde regresó y obtuvo una de oro.

Sus tiempos comenzaron a llamar la atención de entrenadores especializados en deporte adaptado. Entre ellos, Ariel Quassi.

"Cuando Ariel me convocó por primera vez estaba muy nervioso. Era una competencia internacional organizada por el COPAR y para mí era algo enorme", relata.

Aquella convocatoria llegó en 2025.

Alejandro todavía no imaginaba hasta dónde podía llegar.

"Yo solamente quería competir y demostrar que verdaderamente valía para esto", dice. Pero Quassi vio algo más.

"Fue él quien me dijo que tenía mucho potencial. Me planteó la posibilidad de entrenar a otro nivel cuando me vaya a estudiar a Buenos Aires", rememora.

Aquellas palabras tuvieron un efecto profundo.

Sostiene: "Creo que ahí empecé a darme cuenta de que podía llegar mucho más lejos de lo que imaginaba".

La confirmación llegó con las competencias nacionales.

En Mendoza obtuvo el primer puesto. Luego viajó a Buenos Aires para seguir evaluándose dentro del programa del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD).

Hoy forma parte del seleccionado de natación adaptada

Hoy forma parte del seleccionado argentino de natación adaptada y analiza junto al cuerpo técnico la posibilidad de competir en Colombia.

Mientras tanto, continúa entrenando para futuras etapas del circuito y para una nueva competencia en Viedma.

Sin embargo, detrás de cada viaje existe una realidad que Alejandro nunca olvida.

Su familia vive del trabajo rural de su padre. Son varios hermanos y cada traslado implica un esfuerzo económico enorme.

Por eso la solidaridad volvió a aparecer en su camino.

Vecinos, amigos, comerciantes y personas que incluso no lo conocen comenzaron a colaborar para ayudarlo.

Uno de los nombres que menciona con especial gratitud es el de Manuel Diez.

"Él fue quien me ayudó muchísimo. Me llevaba a entrenar, me acompañó en momentos muy importantes", resalta.

También destaca el respaldo del Uno Bahía Club, institución donde actualmente entrena y que decidió becarlo.

Antes, incluso, un vecino llegó a pagarle las clases para que pudiera seguir practicando.

"La verdad que sentir que la gente que ni siquiera te conoce te ayuda de corazón es algo que no se puede explicar. Es una alegría enorme", reflexiona.

Su voz se quiebra levemente cuando habla de ese acompañamiento: "Saber que hay personas que creen en vos, que te apoyan ciegamente y que quieren verte crecer es algo muy reconfortante".

Alejandro se prepara para terminar la secundaria

A los 18 años, Alejandro no solamente construye una carrera deportiva. También se prepara para terminar la secundaria en una escuela técnica.

El año pasado fue elegido abanderado y ya tiene decidido cuál será el próximo paso.

Quiere estudiar medicina.

"Me gustaría dedicarme a la traumatología infantil o alguna especialidad relacionada. Todavía estoy definiéndolo", señala.

No parece casual.

El niño que encontró contención en médicos y enfermeros durante uno de los momentos más difíciles de su vida ahora sueña con estar del otro lado.

Mientras tanto, en la pileta persigue otro sueño.

Uno mucho más grande.

"Me imagino dentro de diez años compitiendo y representando a la Argentina por el mundo", se esperanza. Y hace una pausa.

Agrega: "Mi sueño es llegar a unos Juegos Paralímpicos. Es lo que más deseo".

Cuando mira hacia atrás, Alejandro reconoce que jamás imaginó un presente así.

"Yo no tenía una visión tan grande para mí mismo. Que las cosas se estén dando de esta manera, que la gente me acompañe, que crean en mí y que yo también haya aprendido a creer en mí mismo, para mí ya es una victoria", ejemplifica.

La verdadera conquista de Alejandro Peralta fue mucho más profunda.

Fue animarse a reconstruir una vida que parecía quebrada para siempre y transformarla en un ejemplo de perseverancia, gratitud y esperanza.

Aquel niño que una noche quedó atrapado en una máquina agrícola hoy nada mirando hacia adelante.

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