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De Ayer a Hoy

Jasen volvió a los orígenes y se reinventó con un proyecto "en su casa"

"Pancho" disfruta de su actualidad. El derrotero desde Alem, a un Juego Olímpico y Europa. La decisión de irse de Madrid. "Siempre me gustó potenciar a los chicos como deportistas y seres humanos", reflexiona.

Fotos: Pablo Noir (La Brújula 24).

Por Leandro Grecco
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Hernán Jasen, uno de los basquetbolistas bahienses con mayor recorrido internacional, repasó en LA BRÚJULA 24 su historia deportiva y personal, desde sus primeros pasos en Leandro N. Alem hasta su consolidación en Europa, su paso por la Selección Argentina y el vínculo que mantiene con el club que marcó su infancia.

El exjugador, que brilló durante años en el básquet español y fue parte del seleccionado nacional en distintos torneos, con los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como uno de los puntos más altos de su carrera.

“Mi apodo ‘Pancho’ es por Francisco Palma, un piloto de midgets del que era fanático. Es que vivía a una cuadra de la pista cuando competían en Tiro Federal, por eso es que se potenciaba mi pasión por esa categoría”, contó, en el inicio de la charla que derivó en esta nueva entrega de la sección “De Ayer A Hoy”.

Jasen creció en una zona muy ligada a su vida deportiva y familiar. Jugó al fútbol en Tiro Federal desde los seis años y, al mismo tiempo, comenzó a practicar básquet en Leandro N. Alem. También recordó su paso por la Escuela N° 9, en calle Corrientes, la secundaria en la Escuela Técnica de calle Azara y la niñez ligada al Parque Independencia y Las Tres Villas.

“Son muy buenos los recuerdos de toda aquella etapa. Era un alumno muy aplicado, como solía suceder en aquellos años con el mayor, que era el que más sentía ese rigor por parte de sus padres”, expresó con una sonrisa en su rostro.

Con el paso de los años, debió elegir entre el fútbol y el básquet por la superposición de horarios de entrenamiento. Según relató, fue una decisión difícil, aunque con el tiempo entendió que había tomado el camino correcto. “Me costó mucho, pero a todas luces el tiempo me dio la derecha porque pude hacer una carrera en una disciplina que se convirtió en mi pasión”, señaló.

El salto grande llegó cuando, siendo juvenil de Alem, recibió el llamado de Oscar “Huevo” Sánchez para incorporarse a Andino de La Rioja, en la Liga Nacional. Tenía 17 años y era su primera experiencia lejos de Bahía Blanca. “No era normal que alguien pegue semejante salto, más aún tratándose de mi primera experiencia fuera de Bahía Blanca, lejos de casa con todo lo que eso implicaba”, recordó.

Esa etapa también la compartió nada menos que con Emanuel Ginóbili, quien inició en ese mismo contexto su recorrido en la élite del básquet argentino. “Pancho” destacó el rol de “Huevo” como una figura clave para acompañarlos en ese proceso.

“Fue toda una brillante experiencia compartida con ‘Manu’ que también armó el bolsito y se embarcó en una aventura compartida, pero la figura del entrenador bahiense, casi paternal, fue clave para no sentir el impacto”, afirmó.

Luego regresó a Bahía Blanca para jugar en Estudiantes, donde empezó a consolidarse en la máxima categoría. Con la llegada de (Daniel) “Zeta” Rodríguez, encontró más minutos y protagonismo dentro del equipo. “Fueron los que más disfruté porque jugaba en la máxima categoría argentina en el lugar donde tenía mi casa y a mis amigos cerca”, indicó.

En esa etapa también llegó su primera convocatoria a la Selección mayor, para disputar el Sudamericano que se realizó en Bahía Blanca. Para Jasen, ese debut tuvo un valor especial. “Fue espectacular vestir por primera vez la camiseta Argentina en mi ciudad, rodeado de tanto afecto”, remarcó.

Después comenzó su extensa carrera en Europa. Primero jugó en Gijón, luego pasó once años en Estudiantes de Madrid, donde se convirtió en un jugador muy valorado por la institución y los hinchas, y más tarde tuvo una etapa en Sevilla antes de regresar al país.

“Fueron once años maravillosos los que permanecí en uno de los clubes más importantes de España en el que me hicieron sentir sumamente querido y que me hizo trascender”, sostuvo. Allí disputó 363 partidos, muchos de ellos como capitán, un subcampeonato y una oleada de emociones que nunca más tuvieron segundo capítulo.

Jasen explicó que su vuelta a Argentina estuvo vinculada al deseo de estar más cerca de sus raíces, aunque reconoció que Madrid ocupa un lugar importante en su vida, entre otras cosas, porque allí nacieron sus hijos. “Tiraba mucho el tema de la familia, siempre le di un valor muy importante a mis seres queridos, pese a que allá estaba muy bien y me encantaba pensar en un proyecto de vida”, señaló.

El retiro como jugador profesional, según contó Jasen, fue una decisión pensada con tiempo. Su objetivo era dejar la actividad en buenas condiciones físicas y deportivas, sin esperar a que el rendimiento marque el final. “La idea era que sea yo el que deje al básquet y no fuera al revés”, expresó.

Sus últimas temporadas en Bahía Basket le permitieron cerrar la carrera con otra mirada, con menos presiones y desde un lugar de potente disfrute. Al mismo tiempo, comenzó a involucrarse cada vez más con Leandro N. Alem, el lugar donde comenzó a forjarse esta leyenda del deporte local, con proyección internacional.

Jasen explicó que el club de su infancia atravesaba una situación compleja en categorías formativas, pese a haber logrado el ascenso a Primera División en mayores. A partir de un trabajo sostenido, aparecieron los frutos.

“Trabajamos muy fuerte y en 2018 se ganaron tres campeonatos en divisiones formativas, algo inédito para el club, fue algo mágico”, recordó. Desde entonces, el objetivo fue fortalecer el semillero, potenciar a los chicos y mejorar las condiciones de entrenamiento. Para él, la infraestructura es un aspecto central para el crecimiento deportivo.

“Siempre me encantó dar una mano potenciando a los más chicos, desarrollarlos como deportistas y seres humanos, colaborar con los entrenadores y, lo más importante, hacer entender que la infraestructura es fundamental”, indicó.

En ese camino, junto a un grupo de dirigentes, impulsó la construcción de una nueva cancha para el club, un proyecto que pudo concretarse con apoyo del sector público, privado y de la comunidad vinculada a Alem.

“La satisfacción es doble porque esta institución es mi segunda casa, acá también jugaron mis hijos, es como volver a como cuando era chico, me veo reflejado en cada uno de esos nenes de seis o siete años que se suman al club”, concluyó.

La vorágine de la rutina diaria, en una sociedad gobernada por la inmediatez, resulta lisa y llanamente desfavorable y adversa cuando de propiciar la renovación generacional se trata. El entrevistado de esta entrega no vaciló ni se puso colorado al retribuir con nobleza parte de lo que su segunda casa le regaló. Un grande no solo dentro de la cancha.

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