Noticias B
La rutina de un bahiense que hace 40 años eligió Israel: “Vivimos con 90 segundos para refugiarnos”
Ariel Baril se fue a los 18 a Tel Aviv. Formó su familia, desarrolló una carrera en Paramount y hoy convive con una rutina marcada por sirenas y misiles. Un testimonio sobre el miedo, la costumbre y el peso de llamar hogar a un país en conflicto.
Por Cecilia Corradetti, especial para labrujula24.com
El sonido irrumpe sin aviso. Puede ser a la madrugada, en medio de una reunión de trabajo o mientras comparte un momento familiar. No hay forma de anticiparlo del todo, aunque sí hay algo que se vuelve automático: levantarse, caminar rápido, abrir la puerta reforzada y entrar al refugio. Ariel Baril ya no necesita pensarlo. El cuerpo reacciona antes que la cabeza. Dice que lo hace entre cinco y seis veces por día, una cifra que en cualquier otro contexto parecería exagerada, pero que en su vida actual describe con precisión una rutina atravesada por la alerta permanente. “Vivimos pendientes de las sirenas”, resume con naturalidad.
Tiene 61 años, nació en Bahía Blanca y hace 40 que vive en Tel Aviv. Cuando se fue, apenas tenía 18. No imaginaba entonces que ese viaje inicial terminaría siendo definitivo. Como muchos jóvenes, buscaba un cambio, un aire distinto, algo que lo sacara del lugar conocido. Pero en su caso, esa búsqueda tenía además un componente más profundo, ligado a su identidad. Israel no era solo un destino posible: era también una forma de entenderse a sí mismo.
“Israel es el Estado de los judíos y yo soy uno de ellos”, explica.
Llegó con la intención de conocer su historia, de acercarse a una cultura que le resultaba fascinante, y se encontró con un país que lo interpeló desde varios lugares al mismo tiempo: una historia milenaria, compleja, atravesada por conflictos, y a la vez un nivel de desarrollo tecnológico que lo sorprendió.
En ese mismo viaje ocurrió algo que terminaría de inclinar la balanza. Conoció a Rony, una joven israelí que había sido compañera de colegio de un primo suyo. Se cruzaron en una reunión, como tantas otras que parecen intrascendentes, y sin saberlo empezaron a construir una relación que se transformaría en familia. Esa combinación —la búsqueda personal, el descubrimiento del país y el vínculo afectivo— fue suficiente para tomar una decisión que no sería sencilla, pero sí definitiva.

Porque quedarse implicaba empezar de cero. Sin idioma, sin redes sociales, sin referencias cercanas. “Al principio fue difícil. La cultura es distinta, el idioma también, y construir vínculos desde cero es un desafío enorme”, recuerda.
"La distancia sigue siendo un peso"
La universidad fue, en ese proceso, una puerta de entrada. Le permitió integrarse, conocer gente, empezar a sentirse parte. Con el tiempo, esa sensación se fue consolidando, aunque hay algo que nunca desaparece del todo: la distancia. Su madre, Rita, y sus tres hermanos —Claudio, Roberto y Martín— siguen en Bahía Blanca. Esa ausencia, dice, es una marca permanente.
“Nunca terminás de estar completo cuando tu familia está lejos”, admite. Sin embargo, el apoyo constante desde Argentina fue, también, un sostén fundamental.
Con los años, Ariel armó su propia familia en Israel. Tiene tres hijos: Dana, que hoy vive en Estados Unidos, y Maya e Idan, que se quedaron en Tel Aviv. Y con ellos llegaron los nietos, que sumaron una nueva dimensión a su vida. Ese detalle, que podría parecer simplemente biográfico, adquiere otro peso cuando se lo cruza con el contexto en el que viven. Porque criar, acompañar y cuidar en medio de una situación de conflicto permanente implica desafíos que exceden cualquier planificación.
Su hija Maya tiene dos hijos pequeños, Alon, de 3 años, y Gili, de 1. En un escenario donde las sirenas forman parte del día a día, la preocupación no es solo reaccionar, sino también proteger emocionalmente a los más chicos.
“Intentamos que esta situación los afecte lo menos posible, para no generarles miedos o marcas que puedan influir a largo plazo”, explica. Pero no es fácil. Los jardines de infantes están cerrados, las rutinas se alteran y la organización familiar se vuelve más compleja. Aun así, hay algo que se mantiene: la decisión de seguir adelante.
Esa idea atraviesa toda su historia. Porque si hay algo que define su presente es la capacidad de sostener una vida en medio de la incertidumbre. Un día cualquiera empieza con un sistema de alertas que marca el ritmo de todo lo demás. Primero llega un aviso al celular que indica que hay un ataque de misiles en camino. No es una orden inmediata, pero sí una señal clara de que conviene estar cerca de un refugio. Luego viene el momento más crítico: cuando el misil está a unos 90 segundos de impactar, suena la sirena. Ahí ya no hay margen. Hay que moverse.
El refugio en su propia casa con paredes gruesas de hormigón armado
En su casa, el refugio es parte de la estructura. Es una habitación especialmente diseñada, con paredes gruesas de hormigón armado, puertas y ventanas reforzadas, pensada para resistir. Pero también es un espacio cargado de significado. Cada vez que la alarma suena, ese lugar se convierte en el centro de todo. Ariel entra, espera unos minutos —generalmente unos diez— y luego recibe la notificación que indica que puede salir. Y entonces, retoma lo que estaba haciendo. Esa secuencia, repetida varias veces por día, termina moldeando una rutina que, aunque intenta parecerse a la normalidad, está atravesada por una tensión constante.

El país, en este contexto, funciona de manera parcial. El sistema educativo está frenado, pero muchas actividades continúan. Oficinas, comercios y restaurantes siguen abiertos, siempre que haya un refugio cercano. En ese marco, Ariel alterna entre trabajar desde su casa y asistir a la oficina.
“Ir a la oficina me ayuda a cambiar de ambiente, a encontrarme con colegas, a sostener cierta normalidad”, cuenta. Esa normalidad, sin embargo, es frágil. Las interrupciones son inevitables, y la concentración se vuelve un desafío cuando cada pocas horas hay que dejar todo y correr.
A eso se suma otra preocupación, menos visible pero igualmente importante: el impacto que la situación del país pueda tener en su trabajo. Ariel es vicepresidente del área de tecnología en Paramount y su rol abarca varios países, entre ellos Francia, Italia, España e Israel.
Además, forma parte de la dirección de un centro de innovación en inteligencia artificial con base en Tel Aviv, desde donde se desarrollan soluciones que luego se implementan a nivel global. La responsabilidad es alta, y el contexto no siempre ayuda.
La inestabilidad que le preocupa
“Me preocupa que la compañía pueda decidir reducir parte de la actividad en Israel si considera que la inestabilidad no permite avanzar al ritmo esperado”, admite.
Sin embargo, también destaca el apoyo recibido. La empresa ofrece asistencia psicológica, ayuda para padres y distintas herramientas para acompañar a los empleados en este contexto. Aun así, reconoce que sostener el ritmo no es sencillo.
“Entre las alertas y la preocupación de fondo, cuesta más concentrarse”, dice. La frase no busca dramatizar, sino describir una realidad concreta: trabajar en medio de la incertidumbre exige un esfuerzo adicional.
Israel, como país, tiene una historia atravesada por conflictos. Ariel lo sabe y lo vivió. Pero también reconoce que hay momentos que marcan una diferencia. El ataque del 7 de octubre de 2023, perpetrado por Hamas desde la Franja de Gaza, fue uno de esos puntos de inflexión. Desde entonces, la tensión se intensificó y el escenario se volvió más complejo, con la participación de otros actores como Irán y Hezbollah.
“Me da mucha pena. Por nosotros y también por la gente inocente del otro lado”, reflexiona, evitando entrar en debates políticos pero dejando en claro su mirada sobre la situación.
El miedo, dice, es inevitable. Está presente, forma parte de la vida cotidiana. Pero también es algo que intenta manejar. “Trato de no darle demasiado lugar, para poder seguir adelante y sostener una vida lo más entera posible”, explica.

No se trata de ignorarlo, sino de no permitir que lo paralice. Esa actitud, construida con el tiempo, es la que le permite sostenerse en un contexto que, de otro modo, sería abrumador.
"Israel es mi casa", asegura Ariel Baril
A cuatro décadas de haber llegado, la pregunta sobre el sentido de pertenencia aparece casi de manera natural. ¿Es Israel su casa? La respuesta no deja dudas. “Sí, es mi casa”, afirma.
Hubo momentos en los que pensó en irse, en probar suerte en otro país, pero nunca como una decisión definitiva. “La elección de dónde vivir está muy ligada a dónde están mis hijos”, dice. Y hoy, la mayor parte de su vida está en Tel Aviv.
Esa ciudad, con sus contrastes, sus avances y sus tensiones, es el lugar donde Ariel construyó su historia. Donde formó su familia, desarrolló su carrera y hoy enfrenta una realidad que combina lo cotidiano con lo extraordinario. Porque vivir con la posibilidad constante de un ataque no es algo que se naturalice del todo. Se aprende a convivir, se desarrollan mecanismos, se ajustan rutinas. Pero siempre hay algo que permanece.
Quizás sea esa mezcla de costumbre y alerta, de arraigo y tensión, la que mejor define su presente. Ariel sigue siendo aquel joven que llegó a los 18 años buscando respuestas, pero también es un hombre que atravesó décadas, construyó un camino y hoy sostiene su vida en un lugar que eligió, incluso cuando ese lugar lo pone a prueba todos los días.
-
Noticias B20 horas agoAdvierten que Bahía estará 36 horas sin agua: cuándo será el corte de suministro
-
Noticias B18 horas agoRecapturan al segundo fugado de la cárcel de Saavedra
-
Noticias B18 horas agoAllanan comisaría de Punta Alta: investigan si un policía era cómplice de narcos
-
Noticias B18 horas agoDetienen a un robacables en el Barrio Patagonia luego de una persecución de película
-
Noticias A12 horas agoLos diálogos entre narcos que comprometen a un policía de Punta Alta
-
Noticias B14 horas agoPresentan una nueva edición de la Fiesta del Cubanito en el Parque de Mayo
-
Noticias B15 horas agoAsensio duda en su estrategia defensista: en 48 horas ya le renunciaron dos abogados
-
Espectáculos20 horas agoNuevo parte médico sobre Mirtha Legrand: cómo evoluciona su estado de salud
