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De Ayer a Hoy

El líder sindical que logró la generalizada aceptación de los trabajadores

Miguel Agüero sobrevoló su vida. La llegada al mundo gremial. Los problemas de salud que dejó atrás. Y sus lemas: “El poder es algo que te prestan y no concibo cuando no se cumple con la palabra”.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco / Instagram: @leandro.grecco / X: @leandrogrecco

Desde su llegada a la ciudad siendo prácticamente recién nacido hasta su consolidación como referente del Sindicato de Trabajadores Municipales y su proyección en la Federación a nivel latinoamericano, Miguel Agüero reconstruyó para la sección “De Ayer A Hoy” su historia personal y profesional en primera persona, atravesada por la vocación de servicio, la actividad sindical y complejos problemas de salud que marcaron su trayectoria.

“Nací en Mendoza, más precisamente en Rodeo de la Cruz, localidad ubicada en el departamento de Guaymallén. A los ocho meses de vida ya estaba radicado en Bahía Blanca”. Así comienza el relato de quien, aunque nacido en la región de Cuyo, se reconoce como bahiense por adopción. “Mis padres y mi hermana, ya fallecida, somos todos oriundos de aquella provincia. Mis abuelos tenían viñedos en La Rioja, en la zona de Chilecito, pero luego se afincaron en territorio mendocino”.

El traslado a Bahía Blanca estuvo vinculado al desarrollo industrial de la época. “Llegamos a Bahía porque la empresa del rubro metalúrgico en la que trabajaba mi papá, llamada González y Luini, decidió trasladarlo, estaba comenzando la era de lo hidráulico y desarrolló una pala para un tractor, algo que hasta ese entonces no existía”. 

En ese contexto, su familia echó raíces en la ciudad. “Mi mamá, de apellido Peralta, de los dueños de la compañía de transporte público TAC”, agrega, al describir un entorno familiar atravesado por el incesante trabajo y el compromiso social.

Su infancia y adolescencia transcurrieron en instituciones educativas tradicionales de la ciudad. “Fui al jardín de infantes 904 de Avenida Alem y San Juan, la primaria la cursé en la Escuela 17 del Parque de Mayo y la secundaria la comencé en el ex Colegio Nacional”. Sin embargo, su proyecto inicial no estaba ligado ni a la salud ni al sindicalismo. “En tercer año me fui a Mar del Plata porque mi plan era ser militar, cumpliendo dicha carrera completa en Punta Mogotes”.

Paralelamente, Agüero esgrimió: “Me incorporé a la Escuela de Suboficiales de la Infantería de Marina y me especialicé en la temática de comunicaciones”. La Guerra de Malvinas lo encontró en plena etapa de formación. “Pedí la baja en 1986, es decir que la Guerra de Malvinas me encontró en el Liceo abocado a la preparación del Batallón N° 7, pero al ser menor de 18 años era considerado una suerte de ayudante”.

Tras su salida de la Armada, comenzó una nueva etapa laboral vinculada a una actividad afín. “Cuando me alejo de esa tarea, prácticamente comencé de cero y por contactos de mi padre me sumo a la Plataforma General Mosconi como radioperador, gracias a mis conocimientos en ese entonces del sistema operativo informático DOS”. Esos saberes los había adquirido durante su formación militar. “Esos conocimientos los adquirí en la Armada, el lugar donde pude realizar los primeros cursos Siemens e IBM”.

Su paso por ese ámbito estuvo atravesado por cambios estructurales. “Allí permanecí hasta que una disputa política entre el presidente Carlos Menem y la familia Bulgheroni que tenían a su cargo la empresa terminó con la venta de la misma”. Luego pasó a otra compañía. “Pasé a otra llamada Manhattan, hicimos dos operaciones hasta que nos despidieron”. 

Esa etapa coincidió con otro momento de su porvenir, donde comenzaba a forjar su familia. “En ese momento ya era padre de mi hija mayor, tenía dinero y con la idea de que nos iban a volver a llamar, cosa que finalmente no sucedió”, aseveró Agüero con énfasis y sin vacilar.

En ese punto, decidió redefinir su camino. “La relación con mi padre desde el punto de vista de lo laboral no era de la mejor, pese a que siempre lo consideré mi ídolo, aunque debo admitir que en ese ámbito no congeniamos”. Reconoce que la militancia sindical comenzó a germinar en el hogar. 

“Él era dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, creo que ahí fue donde germinó mi pasión por el sindicalismo”. Sin embargo, en ese momento primó otra influencia. “En esa instancia de mi vida, pesó más la vocación de mi mamá, que era enfermera. Inicialmente no estaba muy decidido a estudiar esa carrera, pero me inscribí y pude desarrollar esa tarea con total devoción”.

A fines de 1992 ingresó al Hospital Municipal. “Se dio gracias a la amistad que tenía mi papá con Rodolfo Lopes”. Se especializó en pediatría y ejerció durante años. Un accidente cambió su dinámica laboral. “Me caí durante una urgencia. Sufrí una fractura en una mano que requirió de una cirugía y perdí cierta funcionalidad en dicha parte del cuerpo”.

Tras esa lesión, “pasé a los consultorios externos ubicados en calle Bravard, a punto tal que tuve el honor de ser parte de su inauguración”. Paralelamente, comenzó su participación activa en el gremio. “Mi rol dentro del Sindicato de Trabajadores Municipales comenzó en 1998 como delegado en tiempos en los que lideraban (Francisco) Rech y (Jorge) Pattuglio”.

Su ascenso fue progresivo. “En 2005 pasé a ser Secretario de Acción Social, luego me convertí en Secretario Adjunto durante un período y medio hasta que se va Rech, incumplió un pacto, y quedé en soledad al frente del gremio desde 2012 hasta el presente”. También tuvo un paso por el Concejo Deliberante. “El mandato actual incluso no me correspondía, pero ante un cambio de estatuto, decido retirarme del recinto y abocarme otra vez a mi labor sindical”.

Sobre su permanencia al frente del gremio, reconoce límites. “Creo igualmente que ya debería haber un cambio generacional, que puedo contribuir desde otro lugar y que mi tiempo al frente ya está llegando a su fin. Al mismo tiempo soy consciente que estoy muy bien considerado”. 

“El año pasado asumí como Secretario de Finanzas de toda América Latina. Y el jueves pasado me incorporé como Secretario Adjunto de la Federación, un puesto que suele quedar en manos de una persona del sector del Conurbano y por primera vez estará a cargo de alguien del Interior, en este caso de Bahía Blanca”, acotó Agüero inflando el pecho.

En paralelo a su actividad gremial, atravesó diversas situaciones críticas de salud. “En 2013 tuve un infarto que fue el más benigno que podía padecer y a partir de entonces soy portador de un pequeño dispositivo colocado bajo la piel del tórax que monitoriza el ritmo cardíaco”. 

Luego enfrentó un diagnóstico oncológico. “Me diagnosticaron cáncer en el labio inferior, tuvieron que extraerme con láser esa parte del rostro, una sensación tremenda porque estás despierto, solo con anestesia local y una vez que supera la parte nerviosa ya no sentís nada”.

El hallazgo de la enfermedad fue casual. “Se me manifestó por una pequeña pelotita blanca en la parte exterior de la boca”. Recuerda el momento de la confirmación. “La doctora Susana Elliker se comunicó con una dermatóloga que confirmó sus presunciones: era un tumor maligno. Entré en pánico total”. Se sometió a “la cirugía micrográfica de Mohs” y posteriormente a quimioterapia por una metástasis. “Fue muy duro realmente sobrellevarlo”.

Aun así, retomó su actividad gremial en un contexto problemático. “Volví en medio de un conflicto grande con el Ejecutivo municipal, estando aún convaleciente”. Y sumó: “Después de tanto insistir logré que los médicos me extiendan un permiso para asistir a esa negociación. Es que tenía que cuidarme de la exposición al sol, pero logramos cerrar la negociación y retomé mi tratamiento”. 

Añora aquel episodio, el cual atesora fuertemente: “Eran tiempos de Fernando Compagnoni como Secretario de Gobierno, allá por finales de la década pasada. Recuerdo que ese día que firmamos el pacto salí a dar el discurso en la caja de una camioneta, estacionada en la puerta del Ministerio”.

Sobre la negociación salarial, afirma: “Soy dialoguista, pero todo tiene un límite”. Y agrega: “Creo que resulta clave la figura del interlocutor y cuando esa persona se reemplaza a mitad de camino genera una mala predisposición en la otra parte porque se corta la comunicación”.

En cuanto a su vínculo con la política, relativiza versiones. “Esto de que en las redes sociales me postulen como candidato a Intendente es casi como una leyenda urbana”. No descarta el futuro, aunque marca condiciones. “Para postularse para jefe comunal necesitás alguien que te banque la campaña, no es suficiente con las buenas intenciones”.

Define su posicionamiento con claridad. “En la vida, no hay peor cosa que no cumplan con la palabra, si me decís blanco, es ese color y punto. En política hay una especie de arcoíris”. Y concluye con una reflexión sobre la representación: “Aquel que dice que tiene poder, miente, el poder te lo prestan, en mi caso me lo delega el mismo trabajador y si mañana no cumplís, te lo saca. Muchos se confunden, por eso es que creo en el cambio generacional”.

Más de tres décadas de labor en salud pública y representación gremial de los trabajadores municipales avalan a Miguel Agüero. Su historia personal lo atraviesa por desafíos que marcaron distintas etapas de su vida. Muestra de ello es que en las últimas horas, asumió como secretario general Adjunto de la Federación de Sindicatos Municipales Bonaerenses.

Desde sus orígenes familiares hasta su consolidación como dirigente, sostiene que su rol siempre estuvo ligado a la necesidad de sostener el diálogo institucional, aunque reconoce que se acerca el tiempo de los más jóvenes, como una etapa necesaria para el futuro.

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