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De Ayer a Hoy

Campagna, una defensora de la salud pública que cuida a los bahienses

Edith fue nuevamente convocada para aportar su experiencia en materia de vacunación. Su formación tras llegar de Tandil. La experiencia en Neonatología. Y una frase: “Muchas veces te convertís en psicóloga”.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco

“De Ayer A Hoy” conversa hoy con uno de esos nombres que, aunque el paso del tiempo podría intentar difuminar, permanece grabado en la memoria colectiva. Su figura trasciende generaciones: fue pionera en el ámbito de la salud, impulsora de iniciativas comunitarias y una voz respetada en el ambiente. 

En tiempos en los que las mujeres todavía luchaban por ganar espacios de visibilidad, ella supo abrir puertas con su indisimulable talento, su noble carácter y una sensibilidad única para poder interpretar la realidad que la rodea. Ya sea como enfermera en neonatología o en un vacunatorio, imprime su profesionalismo todavía en el presente. 

En esta oportunidad, revisitar su trayectoria no es solo un ejercicio de nostalgia, sino una gran oportunidad para comprender cómo su legado ayudó a moldear una parte fundamental de la identidad bahiense. Edith Campagna sigue “en la trinchera” pese a haber pasado unos meses en el ostracismo de su merecido retiro y en La Brújula 24 confesó cómo fueron todos los años en el campo de batalla.

“Nací en Tandil, pero hace 42 años emigré, por lo que soy bahiense por adopción. Sin tener la posibilidad de estudiar enfermería a partir de una influencia de mi madre y mi tía, vine con tan solo 19 años a Bahía Blanca en búsqueda de trabajo, sabiendo que en esta ciudad había una universidad que podía ser una alternativa a futuro”, expresó en la génesis de la charla.

Y agregó: “Siempre me sentí atraída por la salud como concepto para desarrollarme y la opción era radicarse en La Plata, pero no lo era desde el punto de vista económico. Fui una alumna aplicada en la escuela, mi hermana, un año menor que yo, tomó la decisión de venir acá y fue eso lo que me animó a seguir sus pasos unos meses más tarde”. 

“Ella llegó en abril del 81 y le seguí los pasos, arribando a Bahía en octubre de ese año. Para poder pagar el alquiler, conseguimos un empleo en la Maternidad del Sur y nos abrieron las puertas las hermanitas para primero desempeñarnos como mucamas y, luego nos afianzamos en todo aquello más vinculado con los partos propiamente dichos”, explicó, con su cálido tono de voz.

No vaciló un instante y abrazó con fuerza su vocación: “Al año siguiente ya estaba estudiando la carrera de Enfermería. Fueron 19 años en ese nosocomio, no solo en la parte de maternidad, sino también que en ocasión de lo que fue la inauguración del servicio de neonatología, fui una de las elegidas para trabajar en ese área tan sensible”. 

“En tres años, todo cambió en cuanto a la atención del recién nacido, pasé de la nurserie, con el médico pediatra atendiendo al recién nacido luego de las primeras 48 horas al control del neonatólogo, que proponía que el bebé estuviera en la misma habitación que su mamá inmediatamente después del parto”, manifestó con ímpetu.

En ese sentido, ventiló sus argumentos: “El sistema anterior era una picardía porque se perdía mucho tiempo de ese bebé prendido al pecho, algo tan importante en esas primeras horas. Soy de la época en la que la mayoría de los padres preferían que el sexo del bebé sea sorpresa, estaban más pendientes de si se prendía la luz celeste o la rosa”.

“Eso varió, porque las mamás ahora prefieren estar cerca de su hijo y la ecografía no es solo para saber si la criatura en camino va a ser varón o nena, sino para monitorear cómo crece. Esto permite detectar algún problema, el cual se puede corregir ya sea intraútero o apenas la mamá da a luz”, advirtió Campagna.

No obstante, tuvo un rapto de sincericidio extremo: “Todas las mamás, cuando pasamos por un embarazo, soñamos con tener un bebé maravilloso, rubio de ojos celestes, pero luego la expectativa es, como dicen los abuelos, que sea sanito. Muchas veces me tocaba hacer las veces de ‘psicóloga’ porque, si bien el 95% de los nacimientos son perfectos, hay un pequeño porcentaje donde aparece un escaso porcentaje como un bajo peso o que el recién nacido no se prenda al pecho”.

“Para una mamá, ver que el fruto de su embarazo requiere de incubadora nos pone en la obligación de brindarle una ayuda desde el punto de vista de lo anímico por el dolor que experimenta. Fueron 17 años en neonatología y vi un montón de cosas y aprendí que cuando un chiquito se va pegado a su mamá, es un triunfo que se materializa cuando más adelante vuelven para un control y es maravilloso”, dijo Edith, visiblemente emocionada.

Consultada en relación a las situaciones complejas que le tocó vivir, detalló que “empecé a entender lo que es tener un hijo con Síndrome de Down, duro al principio, pero el amor que le dan a sus padres es hermoso. Si bien desde un comienzo me atrapó la neonatología, con 35 años quedé embarazada y el factor miedo a tener un bebé con algún problema, hizo que me planteé si lo que quería era seguir en ese área”.

“Mi hija nació sin inconvenientes, pero mi premisa era estar a cada momento cerca de ella, darle el pecho y noté que ya no podía brindar tanto apoyo a los padres, no me podía quedar con ellos tanto tiempo. Antes de ser madre, siempre permanecía mucho más de las seis horas diarias que tenía por convenio, no me importaba si era Navidad, Año Nuevo o algún cumpleaños”, refirió promediando el ida y vuelta con este cronista.

Sin temor a los nuevos desafíos, recordó que “me ofrecieron entrar a trabajar en la esfera estatal, donde veía que tenía cierta estabilidad para el final de mi carrera, pese a que no ganaba tanto dinero. Comencé como enfermera de atención primaria de la salud, estuve tres años en la Sala Médica de Villa Rosas. Fue algo efímero, pero muy intenso porque construí un vínculo hermoso con los vecinos de ese sector y algunos de los chicos que vacunaba hoy vienen con sus hijos o sus nietos”.

“Luego, trabajando a la par dentro de neonatología, en 1985 me llamaron desde la Secretaría de Salud para formar el equipo de Inmunización. Fue algo que me atrapó porque el objetivo primario es evitar que las personas se enfermen, pese a que en ese entonces el calendario de vacunación no era tan amplio como lo es ahora”, ponderó Campagna.

Asimismo, apuntó: “Hasta ese momento, las dosis eran recibidas y distribuidas en la Región Sanitaria, o sea que cada enfermera tenía que pasar a buscarlas una vez por mes. Eso se revirtió, empezamos a hacer las coberturas y saber a qué chico ya habías inmunizado y con cuál vacuna. Ya en 2010, con los hoy médicos Diego Palomo y Federico Bugatti, nos pusimos a trabajar en un sistema digital para tener todos esos datos recopilados. Eso permite consultar la cantidad de dosis aplicadas diariamente y la cobertura mensual”.

“Cuando dejé de trabajar en el Hospital Privado del Sur, fui al vacunatorio de Avenida Colón 380, más precisamente en el Centro de Especialidades Pediátricas. Fue como estar en mi salsa porque hacía la parte práctica que se complementa con lo que llevaba adelante desde el punto de vista administrativo en mi otra labor”, resaltó la entrevistada.

Fueron casi dos décadas en ese metié: “Allí estuve desde 1995 hasta 2014, por eso es que la pandemia me encontró con tan solo un trabajo, la cual comenzó el 20 de marzo de 2020, dos días después de que llegaran a Bahía las dosis de vacunas antigripales que uno buscaba distribuirlas y aplicarlas lo antes posible”.

“El problema es que, por mi edad, tenía que irme a mi casa a atravesar todo ese incierto contexto de Covid-19 y dejar todo. Allí tuve un encontronazo con el secretario de Salud de ese entonces, Pablo Acrogliano, al que le dije que solo dejaba de trabajar si por escrito me lo pedía el señor Intendente con su firma”, comentó Edith con cierta picardía.

Convencida de la decisión, dio sus razones: “No me parecía lógico irme en ese momento, estaba acostumbrada a llegar primera e irme última, pero no porque me lo exigían. Todavía estoy esperando que venga el escrito del jefe comunal en el que me instaban a quedarme en mi casa (risas). Seguí al pie del cañón, haciendo la tarea que correspondía, a lo mejor me querían mandar a un psiquiátrico porque creían que no estaba bien”.

“La situación fue caótica y el trabajo se multiplicó, algo muy doloroso por ver a tanta gente que se moría, por eso entendía que las personas de la atención son las que tienen que estar en la trinchera ayudando a la gente. De la totalidad de profesionales, muchos mostraron un compromiso, pero no fueron todos los que tomaron esa filosofía”, se quejó.

Luego, se zambulló en el pasado más cercano: “Cuando me llegó el momento de jubilarme, en enero de 2022, entendí que hasta ahí había llegado, llevaba 41 años trabajados, pero no estaba cansada, solo me retiraba porque la edad me lo exigía. Dialogar con las mamás siempre fue lo que más me gustó, estuve algo más de dos años en casa, viendo pasar el tiempo”. 

“Hace dos meses, más precisamente un jueves a la tarde me llamó el doctor Claudio Pastori para preguntarme qué estaba haciendo. Me propuso trabajar en el vacunatorio de la Asociación Médica que era nuevito, me sorprendió con la propuesta y no lo dudé. Al lunes siguiente ya estaba siendo parte del staff de 15 a 19, fue algo fantástico porque me volvió la sonrisa”, exclamó con total felicidad.

Y bajó el telón relatando que “la satisfacción fue doble porque se acordaron de mí y porque pude experimentar que lo que hago sirve para la comunidad bahiense. Si me tengo que ir a otro plano, no me pesaría porque me encuentra haciendo lo que siempre quise y creo que es algo que me sale bastante bien”.

Edith Campagna deja un legado sin necesidad de estridencias. Su vocación de servicio y su capacidad para tender puentes entre generaciones la convirtieron en una referente. No se limitó a ocupar espacios, los transformó. Inspiró, acompañó y abrió caminos en la salud pública. En síntesis, una mujer que sigue siendo guía silenciosa para el presente y el futuro.

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