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De Ayer a Hoy

Oscar Sánchez, el bahiense con espíritu inquieto y una filosofía solidaria  

Llevó adelante un sinfín de actividades, aunque detectó en la filantropía un estilo de vida. El periodismo y la dirigencia deportiva. El espacio que creó para personas ciegas. Y su anhelo: “Quiero dejar algo para la comunidad”.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco

Si de algo puede jactarse Bahía Blanca es de la inmensa versatilidad de sus ciudadanos. La flexibilidad y capacidad de adaptación son valores innatos, cualidades que los habitantes de este territorio enarbolan sin alardear, les surge casi naturalmente. Es un capital incalculable que distingue y emerge ante situaciones en las que se requiere de repentización para salir a flote en medio de las tempestades que plantea el destino.

En esta oportunidad, un camaleónico personaje se somete a la experiencia de abrir su vida en la sección “De Ayer a Hoy” en LA BRÚJULA 24. Como es habitual, repasará su niñez, el entorno y los pormenores del contexto en el que forjó su personalidad. Además, todos los avatares que se le presentaron en su camino y la manera en la que fue sorteando cada uno de los escollos que la dura realidad le presentó.

Oscar Sánchez acredita un innumerable número de experiencias ligado a distintos ámbitos. Con un dossier que habla por él mismo puede gritar a los cuatro vientos que no se privó de ningún desafío, asumiendo los retos con responsabilidad y seriedad. Querido por todos los que lo conocen en profundidad, medita cada respuesta para darle un sentido anacrónico a los hechos pasados, con la mirada del presente y una perspectiva de futuro.

“Nací el 3 de mayo de 1957 en Bahía Blanca y, al igual que mi familia tanto materna como paterna, me crié entre los barrios Bella Vista y La Falda, pasando mucho tiempo de mi infancia en ambos sectores. Sin embargo, la vida me ha llevado a hacer amigos en prácticamente toda la ciudad”, enunció Sánchez al comienzo de su testimonio.

Y añadió que “mi mamá era ama de casa y mi papá fundidor de bronce y otros metales en la Base Naval Puerto Belgrano. Estuvo cerca de subir al submarino Santa Fe para ir a Malvinas por su conocimiento sobre bombas, incendios y lo bajaron horas antes de la partida. Mi hermano, unos años menor que yo, clase 62, se había retirado del servicio militar cuatro meses antes de que comience la guerra, pero lo convocaron para recibir a los heridos en el hospital”.

Paralelamente, destacó que “realicé primer grado de primaria en la Escuela N° 29, la cual se encuentra ubicada sobre la calle D’Orbigny y el resto de ese primer ciclo lo completé en la N° 18 de la calle General Paz. En ese entonces existía hasta noveno año, por lo que los tres años restantes de la secundaria los hice en el Colegio Goyena”. 

“Siempre fui una persona hiperactiva, por eso siendo muy chico empecé a trabajar para dar una mano en mi casa, pero además lo hacía con gusto. Entre los 13 y los 16 años limpiaba en talleres mecánicos y en las marmolerías, también hice experiencia en un autoservicio”, enfatizó, en relación a su perfil dinámico y emprendedor. 

Luego, evocó que “en aquel momento uno podía aportar para la jubilación siendo menor en la caja de ahorro con una libreta en la que te colocaban las estampillas. Fue por eso que no me detuve e ingresé a una agencia de publicidad llamada Proar donde inicié un camino como cadete. Ahí aprendí dibujo publicitario y fui ascendiendo en base a ejercitar la creatividad que es lo que más se requería para esa tarea”. 

“En ese lugar me quedé muchos años también llevando a cabo la labor de promoción, hasta que un día surgió la posibilidad de estudiar periodismo deportivo. Me inscribí y cursé en calle Martín Fierro, con enormes compañeros de la talla de Juan Carlos Meschini, Gustavo Pie, Rubén González, entre otros”, apuntó en otro segmento de su alocución. 

Con una dedicación total al oficio, se adjudicó una oportunidad única: “Surgió la primera beca y la gané, lo que me permitió ingresar a LU2 y La Nueva Provincia, mientras en paralelo seguía vinculado con la agencia de publicidad. Roberto Cortina Bazán fue quien me tomó las pruebas. Inmediatamente me vinculé con maestros de la talla de Oscar Enrique Castro que era el jefe de deportes y Rafael Emilio Santiago”.

“En ese momento ya estaban (Luis Alberto) Cano y (Carlos) Nistal, entre otros a los que luego se irían acoplando el resto de los que iban a componer el staff. Permanecí allí unos ocho años, pero como me gustaba mucho la parte publicitaria, me sumé a una agencia que le manejaba todo a un mayorista, Salvadori y Cía. que estaba en calle Montevideo y Chile”, refirió Oscar, respecto al primer “volantazo” en su vida. 

Los consejos que recibió para modificar el rumbo fueron unánimes: “Me hicieron una linda propuesta, la hablé en la radio y Oscar (Enrique Castro) que ya había trabajado ahí, me sugirió que no la deje pasar. Lo mismo sucedió cuando se lo comenté a (Mario) Gabrieli y a Norman Fernández quienes, casualmente, también habían incursionado en ese mismo lugar”. 

“Todos coincidían en que era una posibilidad imposible de rechazar, siempre con la puerta abierta para volver a la radio, algo que hasta el propio (Rafael Emilio) Santiago me aclaró desde el primer momento. El problema es que el trabajo de promocionar una cadena de autoservicios me obligaba a viajar mucho y no era compatible con el ejercicio de los medios de comunicación”, argumentó, en otro tramo del ida y vuelta con este cronista.

Buscando siempre desandar proyectos que vayan en concordancia con su predilección, se zambulló a otra experiencia: “Paralelamente, siempre me gustaron mucho las relaciones públicas y la venta, razón por la cual algunas empresas vinieron a buscarme para recorrer la región y comercializar artículos de juguetería, librería y artísticos. En Salvadori me dedicaba a la promoción y atención de los autoservicios a los que invitaba a que formaran parte de la cadena holandesa SPAR para obtener una serie de beneficios”. 

“Allá por 1993 monté mi propio negocio de seguridad industrial, coincidiendo con el tramo en el que se instalaron las empresas del Polo Petroquímico y que luego vendí porque el comercio ya no tenía tanto auge. Eso abrió la puerta a mi avidez por dedicarme al rubro de las representaciones, por lo que nunca me podía quedar quieto (risas)”, describió Sánchez con su típica verborragia y locuacidad. 

Otro mojón en su derrotero se estaba gestando: “En el 99 me llamó Jorge Piotrowski para integrarme a la tarea dirigencial en Bella Vista, una institución en la que hasta ese entonces me había ligado como colaborador. El club estaba bastante alicaído y como parte de la rotación tenía que suceder al vicepresidente que iba a asumir al frente de la Sociedad de Fomento”. 

“Piotrowski se iba a la Liga del Sur, por lo que me tocaba secundar a ‘Tato’ Álvarez y, en paralelo, tomar las riendas del fútbol. Ya en el 2000, luego de 39 años, salimos campeones, lo que ayudó a cambiar la fisonomía del club, con Rodrigo (Palacio) siendo ya protagonista excluyente de nuestro equipo superior”, marcó con total satisfacción e indisimulable orgullo. 

No obstante, agregó que “fue una época hermosa, nos tocó llegar lejos, arribaron más dirigentes destacados que adosaron actividades, muchas de ellas que perduran aún hasta el día de hoy. Luego estuve en la Liga y coincidió con la asunción de José Luis Malet, quien me puso bajo su ala y me tuvo como un referente, por lo que terminé como presidente del Colegio de Árbitros acompañado de Silvano Basso que conocía el fútbol menor”.

“La gran satisfacción, que me dejó el más lindo de los recuerdos, fue haber promovido a Tello a la Primera División. Lo fuimos siguiendo, teníamos buena relación con las entidades que nuclean a los jueces, presencié los cursos y descubrí en este chico un potencial. Un día dije que quería subir a Facundo para que imparta justicia en un Villa Mitre-Olimpo, pese a tener la contra de muchos. No me interesó, tenía plena confianza en él y no me defraudó”, se jactó Oscar, en una de sus patriadas que salieron bien. 

En el segmento final de la nota, apuntó que “cumplida esa etapa, me solicitaron que forme parte de la Sociedad de Fomento del Barrio Patagonia, donde actualmente resido, e hicimos muchas obras, siempre tomando cada experiencia como un aprendizaje. Las ONG Las Águilas se gesta a partir de un llamado que recibí por parte de Roberto Achares, por entonces al frente de Bella Vista, quien me refirió que lo habían visitado unos jóvenes ciegos que querían hacer fútbol”.

“Me pidió que le diera una mano, la misma que me dio él cuando llegué al club y no había actividad formativa por lo que sentía la necesidad de retribuir aquel gesto. Fui un sábado, eran seis o siete chicos, les pedí disculpas a los padres porque no entendía del tema, pero me fui interiorizando de a poco y los propios chicos me fueron enseñando”, dijo, con total franqueza.

Era el inicio del extenso recorrido que continúa aún hoy: “Hicimos 105 partidos amistosos, martes y jueves contra periodistas, jugadores del fútbol convencional, abogados, contadores, elencos que vinieron desde afuera, bomberos y policías. En un determinado momento, con tanto rodaje, fue uno de los miembros de nuestro equipo de ciegos el que sugirió competir en el Campeonato Argentino”. 

“Vino Gabriel Morán, un jugador con experiencia, y nos dimos el lujo durante tres años de enfrentar a River, Boca, Estudiantes de La Plata y Huracán, entre otros y con mi hijo como arquero. Fue él mismo quien desde una primera instancia me manifestó lisa y llanamente que quería acompañarme en esta linda locura”, contó, mientras acomodaba sobre la mesa la taza del café que recién había bebido. 

Consultado sobre su presente, Sánchez relató que “actualmente, como me gusta el comercio, me dedico a la representación de alguna marca, a lo que le añado mi predilección por el rubro inmobiliario, lo que me llevó a probar suerte en la venta de casas y terrenos. Hace poco tiempo le di una mano a mi hijo con el mantenimiento de viviendas y jardines”. 

“Tuve un impasse con Las Águilas, en el marco de la alternancia propia del estatuto y terminé regresando posteriormente a partir de un llamado del Sindicato de Químicos y Petroquímicos. Le sumamos tenis para personas ciegas, con un gran suceso porque tenemos chicos entre los primeros tres puestos del ranking argentino y proyección internacional”, se enorgulleció.

Por último, dijo: “Trato de dejar algo para la comunidad. Tras la inundación reforcé mi compromiso con una ONG con la que ya venía colaborando. Desde la Fundación Cultural Japonesa-Argentina de Buenos Aires y una empresa de Córdoba enviaron productos, entre ellos 19 mil potes de dulce de leche que fuimos donando y entregaremos para el Día del Niño a comedores, merenderos, jardines de infantes, talleres protegidos, iglesias y el Pequeño Cottolengo. Junto a otra organización encaramos esta iniciativa solidaria y es algo que llena el alma”.

Cada una de las revelaciones de Oscar Sánchez están documentadas con los testigos de los hechos que fueron narrados puntillosamente en estas líneas. Todavía con mucho hilo en el carretel, discurre en nuevos horizontes, los que le dan un sentido al hecho de despertar cada día. Las energías que brotan de sus palabras y cada una de sus acciones son una prueba de las páginas que le quedan por escribir en su biografía.

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