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De Ayer a Hoy

"Trabajé en épocas en que el objetivo estaba por sobre el color político"

La dirigente radical Patricia Piersigilli habló de su formación y los años ligada a la cultura. La mirada orientada hacia la protección de la niñez. Y evocó el noviazgo con Jacobo Winograd: “Conmigo fue un caballero”.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco

Patricia Rita Piersigilli representa una demostración cabal de que en la vida, con decisión y esmero, los objetivos existen para ser cumplidos o, al menos, para realizar el férreo intento de poder alcanzarlos. Con un perfil multifacético, supo volantear en el momento justo para enderezar la nave y perseguir sus sueños, no sin antes sortear las barreras que el destino le colocó por delante. 

Bahía Blanca ha sido cuna de grandes referentes que han combinado un perfil marcado por la solidaridad y la capacidad de ser invulnerables, como reza la canción popular “Resistiré” que inmortalizó Estela Raval, un himno que amerita ser entonado a viva voz: “Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie”. Un tema que pareciera haber sido escrito a su medida.

En La Brújula 24, otro testimonio cargado de emotividad donde una mujer que alcanzó el reconocimiento a través de la función pública, refleja sin manifestarlo cómo no se traicionan los ideales, en tiempos de travestismo político. Además, la perlita de haber mantenido un vínculo íntimo con quien años más tarde se convirtiera en el referente de los personajes mediáticos de Argentina.

“Nací en el barrio Pedro Pico, a los seis años me fui a vivir a Bella Vista, pero respecto de la primera etapa antes de empezar la escuela recuerdo que era una casa hermosa ubicada en Chile al 1000. Estaba cerca de las vías del tren, siempre busqué el sonido del ferrocarril. Ahí viví bellos momentos con mis papás y mis dos hermanos mayores, los cuatro ya fallecidos”, sintetizó al inicio de la conversación. 

Y agregó que “a su vez, en aquel momento se permitía radicar la fundición de bronce en el mismo lugar en el que teníamos la casa, por lo que prácticamente me crié en el taller. Eran tiempos difíciles, motivo por el cual mis hermanos salieron a trabajar siendo jóvenes. Esa casa era alquilada, pero con el paso de los años se pudo comprar un terreno en la esquina de Rojas y Avenida Pringles donde a la fábrica también se le añadió marmolería”.

“Fui a la Escuela N° 18 de calle General Paz y Dorrego, lugar en el que cursé los estudios primarios. Resulté ser estudiosa porque eran las exigencias de esos tiempos, además de haber cosechado bellas relaciones. Los establecimientos públicos eran un crisol de la gente del barrio, donde se amalgamaban desde el hijo del médico, hasta el del panadero y aquel cuyos padres estaban desocupados”, sostuvo, haciendo gala de su memoria.

Paralelamente, acotó que “en simultáneo con dicho momento fui a practicar patín en el Club Olimpo, aunque fue solo un paso fugaz y efímero. Rendí en el Ciclo Básico para hacer la secundaria y logré ingresar tras aprobar el examen, me anoté para el turno mañana y pude egresar completando mis estudios en la Escuela de Comercio. Como todo egresado fui a la Universidad Nacional del Sur, en mi caso para comenzar la carrera de Contador Público”.

“Creo que seguí el malón de los amigos, pese a que tenía una base buena y el ingreso era irrestricto, sin rendir examen. Mi perfil apuntaba más a lo social, para ese momento había empezado a militar en la UCR, allá por 1983, donde siento que mi vida cambió. Coincidió con el momento en el que salían a la luz una serie de verdades que habían estado ocultas, más en una ciudad como Bahía Blanca”, reflexionó, a colación de un momento sigmático y clave para la sociedad.

Salían a la luz episodios invisibilizados: “Había temas un tanto oscuros que hasta ese entonces no se hablaban, por lo que se despertó en mí el deseo de abandonar el objetivo de ser contadora tras un año y medio de carrera y opté por irme a la UBA a estudiar Derecho. La misma necesidad de la época me llevó al cambio. Pude continuar en Buenos Aires en Franja Morada, un camino que había iniciado en Bahía”.

“Mientras iba rindiendo las materias de la carrera, y teniendo en cuenta que debía generar ingresos para subsistir, trabajé en una productora de eventos artísticos y viví una época maravillosa, vinculada con la cultura, organizando recitales de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Andrés Calamaro, los inicios de Pablo Ruiz y Manuel Wirzt a quien considero un amigo”, enumeró Piersigilli con orgullo.

Tiempo atrás sorprendió que saliera a la luz una relación amorosa que mantuvo décadas atrás con un personaje histriónico y polémico: “A Jacobo Winograd lo conocí cuando me encontraba saliendo de la adolescencia y él ya tenía unos 30 años, nos conocimos en un verano de Necochea y fuimos novios por un tiempo. Era un hombre muy conocido por su excentricidad que a mí no me caía bien porque siempre fui de bajo perfil”.

“Puso su mirada en mí, hizo locuras porque para conquistarme se empezó a vestir de una forma más sencilla, le pidió a un amigo un Peugeot 404 que estaba destartalado. Sabía que no me iba a deslumbrar con lujos y hasta me mintió porque se presentó con su segundo nombre, pero ese vínculo prosperó y debo admitir que no tengo más que agradecimiento porque fue muy gentil conmigo, un caballero”, no vaciló en exclamar. 

En esa misma dirección, afirmó que “pasamos ese mes juntos en la costa atlántica, vino un par de veces a visitarme a Bahía Blanca, pero, más allá de que era un ser encantador, con la distancia la relación se fue diluyendo. Respecto de lo que uno ve en televisión de él, todo es marketing, vende su propio personaje, pese a que nunca más hablé con él. Es una figura pública que hizo un producto de su personalidad y le va bien con eso, a punto tal que muchas veces coincido con las ideas que manifiesta frente a cámara”.

“Estuve casi 17 años allá en Buenos Aires, me recibí de abogada, me casé, tuve cuatro hijos y volví a la ciudad de la que soy oriunda porque el 2001 era un momento difícil para vivir en Capital Federal, había mucha violencia, era imposible hasta caminar por las puertas de los bancos. Paralelamente, mis padres comenzaron a tener problemas de salud, un combo que me llevó a armar la valija y regresar, con la anuencia de mi exmarido”, apuntó Patricia. 

El panorama era complejo, pero juntó coraje y se animó: “Mi hijo más chico tenía 3 años y el más grande 13, edades muy diversas, lo que hacía que fuera un desafío en sí mismo afrontar un nuevo proyecto prácticamente de cero. Me costó insertarme en la sociedad bahiense, me quedaban amigos, pero el contexto era complicado y tenía que reiniciar mi labor. Ayudó mucho como medio de subsistencia el hecho de haber tenido unos taxis en Buenos Aires que me dejaban algún ingreso y posteriormente terminé vendiendo”. 

“Me afinqué en el Barrio Pedro Pico, el mismo barrio en el que di mis primeros pasos en la vida. La primera puerta que se abrió se dio a través de un concurso para armar los Servicios Locales de Niñez y Adolescencia del municipio en tiempos de (Christian) Breitenstein como intendente. Estudié muchísimo, logré aplicar para dicho cargo y fue importante, al ser algo muy nuevo, donde había que instalar otra mirada en la sociedad de un concepto que estaba estigmatizado”, reconoció, promediando el ida y vuelta con este cronista.

Consultada sobre ese flamante paradigma, refirió que “el trabajo hasta ese momento se hacía desde lo judicial con los tribunales de menores, pasaba a esferas del municipio, por lo que se requería de profesionales muy preparados. Tengo en mi memoria situaciones sumamente complejas, vinculadas con abuso infantil, maltratos y abandonos, pero por otro lado más allá de los sinsabores, el aprendizaje fue increíble, habiendo colaborado a que al menos un niño acceda a sus derechos”.

“Al frente de la dirección estaba Sandra Polak, una gran amiga que me dio la vida, y yo trabajaba en la secretaría, mientras que Sandra Reñones estaba al frente del área de Acción Social. Era un momento que añoro y en el que prevalecía el objetivo final por sobre el color político, porque era todo novedoso, donde nos sentábamos para armar proyectos con otras mujeres como Virginia Linares y Miriam Iantosca”, destacó Piersigilli.

La política guardaba un segundo episodio en su vida: “En diciembre 2009 asumí una banca en el Concejo Deliberante integrando la lista de la UCR junto a (Roberto) ‘Tucho’ Ursino que encabezaba esa nómina. Fuimos los últimos dos ediles radicales puros de la Lista 3, porque a partir de 2011 el espacio comenzó a hacer sus alianzas. Fue un trayecto que me gustó porque sirvió para acompañar al municipio, pese a ser oposición”.

“Se trataba de un momento bisagra donde se hablaba mucho de derechos postergados, se abrió la Comisaría de la Mujer, comenzaron a recepcionarse más denuncias de violencia de género y llegaban demandas al HCD del colectivo LGBTIQ+. Con la Ley de Igualdad de Género y la de Matrimonio Igualitario había a nivel social mucha discusión y, en lo personal, me dediqué a esas cuestiones y aún continúo desde distintos lugares”, contó Patricia.

Un escollo la puso contra las cuerdas, pero salió airosa: “Después de cumplir mi mandato en el recinto deliberativo, sufrí un cáncer de mama, pero me operé y, si bien salí de la escena pública, logré recuperarme. Pese a esa enfermedad me concentré de lleno en la docencia. Trabajé en la Escuela de Policía, la cual aún al día de hoy integro, también hice lo propio como directora en el Centro de Formación Laboral N° 407 de ATE”.

“Ese gremio para mi es como mi segunda casa y logró hacer un convenio para tener una escuela secundaria para adultos donde doy clases. Por cosas de la vida tuve la suerte de conocer a Miguel Sileo, el negociador del denominado ‘robo del siglo’ al Banco Río, a él le gusta mi manera de acercarme a mis alumnos y como estoy en temas policiales, soy parte del staff de la Diplomatura de Negociación Internacional”, enunció la protagonista de esta edición de “De Ayer A Hoy”.

Otro ítem en su currículum añade que “en 2019 y 2020 estuve trabajando en la UNS cuando se dictó el protocolo para atender situaciones de violencia de género y discriminación. Formaron un equipo técnico con una psicóloga, una abogada y una trabajadora social, donde se promueven y difunden estas temáticas tan importantes para los tiempos que corren”.

“Cuando me preguntan dónde estamos parados en relación al abordaje de estos flagelos, hoy se denuncia más, se visibiliza y hay avances porque hay un mayor interés en estos aspectos, la Ley Micaela obliga a los funcionarios a formarse. Nuestra función es detectar aquellas señales que pueden dar cuenta de algún episodio que ponga en riesgo a una víctima”, finalizó con ahínco.

Distintos factores ubican a Patricia Piersigilli alejada de la labor dentro de la escena diaria en los círculos de poder. Lejos de renegar de ello, sabe que su visibilidad en los primeros planos de la política ha caducado y bajo ningún punto de vista lo echa de menos. Hoy, sus prioridades pasan por otro lugar, fruto de la crianza recibida y lo que le pudo transmitir a sus hijos, quienes actualmente se encuentran lejos geográficamente, pero cercanos desde el amor infinito que se profesan mutuamente.

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