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De Ayer a Hoy

Pepe Iglesias floreció con una trayectoria de 50 años que no se marchita

Vino desde España siendo niño y rápidamente abrazó la profesión que aún lo acompaña. El negocio que lo popularizó entre ramos y coronas. El amor por los fierros. Y un pensamiento: “Disfruto del contacto con el cliente”.

Fotos: Pablo Noir (La Brújula 24).

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco / Instagram: @leandro.grecco / X: @leandrogrecco

Hay historias que parecen escritas en distintos capítulos de un mismo libro, aunque sus protagonistas jamás imaginaron cómo iban a conectarse. La de José "Pepe" Iglesias comienza con una familia que debió abandonar España para escapar de una persecución política y continúa entre las calles de Villa Rosas, las florerías del centro bahiense, una balacera durante la última dictadura militar y las mesas de un casino compartidas con campeones mundiales de automovilismo. 

En medio de semejante recorrido aparece un hilo conductor: el oficio que aprendió siendo adolescente y que, medio siglo después, todavía lo encuentra detrás del mostrador de la emblemática y popular The Garden.

Nació en Zamora, una localidad del noroeste español, y llegó a la Argentina cuando tenía apenas tres años, acompañado por sus padres y su hermano. La decisión de emigrar estuvo directamente relacionada con las consecuencias de la Guerra Civil y la situación que atravesaba su familia durante el franquismo.

"Mi papá estuvo en la Guerra Civil Española y pasó unos meses preso en Cataluña. No la pasó nada bien. Se cortó las venas para llamar la atención junto con una decena de republicanos. Después se supo que habían sido detenidos por error y los liberaron. Siete años más tarde, cuando yo era bebé, se enteró de que querían fusilarlo, así que juntó todas sus cosas y se fue", recordó.

El destino elegido fue Bahía Blanca, donde tenían parientes de apellido Mezquita y Terrón, dedicados a la actividad lechera. Se instalaron en Villa Rosas y su padre consiguió empleo en Tirabasso y Rabal, una fábrica de aceite ubicada en Río Negro 1950.

Pepe cursó la primaria en la Escuela Nº 23 y alcanzó a completar un par de años del secundario. Sin embargo, llegó un momento en el que debió decidir entre continuar con los estudios o comenzar a ganarse la vida. No dudó demasiado y, a la luz de los hechos, tomó la mejor opción.

"Con tres amigos, cuando teníamos entre 14 y 15 años, fuimos en bicicleta a pedir trabajo de cadetes a la Florería Iris, que estaba en O'Higgins 169. Yo apenas conocía el centro, solamente había ido algunas veces con mi mamá a la matinée del cine. Primero contrataron a dos de los muchachos y, una semana después, me llamaron a mí", contó.

Permaneció allí durante un año y posteriormente pasó a La Maravilla, otro establecimiento del mismo rubro ubicado a pocos metros. En ese lugar profundizó sus conocimientos sobre la confección de coronas y palmas, dos productos que por entonces representaban una parte considerable del movimiento comercial.

"Había más de 20 florerías distribuidas por distintos puntos de Bahía. Era una actividad que estaba en auge. A los 18 años ya me había convertido en florista y la persona de la que más aprendí fue Osvaldo Perman, uno de los dueños de La Maravilla", destacó.

Pero las plantas no ocupaban todo su tiempo. También comenzó a tocar la batería en un conjunto integrado por tres jóvenes que se presentaban en diferentes pubs. Entre sus compañeros estaba Luisito Signori, quien años más tarde abriría su propio negocio. Aquella inquietud musical convivió con un nuevo desafío laboral que, sin proponérselo, lo colocaría frente a uno de los episodios más dramáticos de su juventud.

A los 21 años ingresó al Bowling Center, situado en Chiclana al 100, y durante casi cinco años se desempeñó como encargado. El propietario era Julio Infante, conocido como "El Chiva", quien terminaría siendo víctima de un ataque armado durante la última dictadura militar.

"Una madrugada de 1976 entró un grupo de personas armadas y encapuchadas. Abrieron fuego hacia su oficina mientras él estaba con su amigo Paris Senesi. Fui testigo de toda la secuencia y fue realmente aterrador", relató. Para entonces, Iglesias ya había comenzado a planificar su regreso definitivo a la floricultura. Incluso, meses antes de aquella balacera, Infante lo había alentado a independizarse.

"Yo me había comprometido a preparar a alguien para que pudiera hacer mi trabajo en el bowling antes de irme. Quería volver a mi primer amor y lanzarme con algo propio", explicó. El camino hacia ese objetivo incluyó una breve sociedad con una mujer que tenía un comercio en el cementerio y posteriormente adquirió otro frente a la casa velatoria Bonacorsi. La relación laboral terminó de manera conflictiva, aunque esa circunstancia acabaría facilitando el nacimiento de su emprendimiento.

"Al ver que sabía hacer coronas y era algo que dejaba mucho dinero, me echó. Le hice juicio y con lo que cobré pude abrir definitivamente mi negocio, el que tengo hasta el día de hoy", señaló. Así comenzó la historia de The Garden, que en abril cumplió 50 años de trayectoria.

Los primeros tiempos fueron exigentes, aunque el joven comerciante confiaba en que la experiencia acumulada y una clientela consolidada podían garantizar un lugar en el mercado. "Veía que las florerías con más trayectoria facturaban muy bien y pensaba que a mí también me tenían que cerrar los números. Manejaban valores altos por la venta de coronas y palmas. Los fajos de dinero eran enormes, por eso sabía que, si le ponía sacrificio, no podía fallar", recordó.

Con el transcurso de los años comenzó a trabajar con sindicatos, localidades de la región y el Municipio, particularmente durante las gestiones de Jaime Linares. También llegó a competir en licitaciones con quienes habían sido sus maestros. "Con Osvaldo Perman me sucedió algo peculiar. Una vez nos presentamos a una licitación y se la gané por un peso", comentó entre risas.

Durante una etapa de su actividad profesional atendió simultáneamente los pedidos de las tres principales empresas funerarias de la ciudad: Salvatori, Ferrandi y Bonacorsi. Aquella dinámica requería disponibilidad permanente y una organización muy diferente de la actual.

"No existían los celulares. Tenía un radio-llamada en el que me avisaban cuando había que preparar una ofrenda para un servicio, fuera la hora que fuera. Según quién había fallecido, se hacían por lo menos cinco coronas. Eso prácticamente desapareció porque fue reemplazado por Pétalos de Vida", explicó.

Los cambios también alcanzaron las formas de consumo y la comercialización, aunque algunas celebraciones conservan su importancia. "Las fechas de mayor movimiento siguen siendo el Día de la Madre, el 21 de septiembre y el 14 de febrero. Esa tradición se mantiene pese al paso del tiempo", indicó.

Respecto del cuidado de la mercadería, detalló que el secreto está en la conservación a bajas temperaturas. En su establecimiento utiliza una heladera dividida en sectores, donde las flores permanecen entre 8 y 10 grados. "Con ese recaudo pueden durar hasta tres semanas. Se desecha muy poco porque, al tratarse de flores de corte, no necesitan luz solar ni riego", precisó.

Sin embargo, si algo distingue la vida de Iglesias es que nunca se conformó con permanecer exclusivamente dentro de su negocio. El automovilismo fue otra de sus grandes pasiones y lo llevó a recorrer diferentes países, conocer figuras internacionales y participar de coberturas periodísticas.

En 1986 viajó a Córdoba para seguir el Rally Mundial como camarógrafo del periodista Carlos Vecchietti. Al año siguiente regresó junto al recordado Mario Turr. Con el tiempo estableció vínculos con Marlboro, por entonces uno de los principales patrocinadores de la competencia, una relación que le permitió acceder a experiencias particulares dentro del ambiente.

Más adelante comenzó a seguir pruebas en Bolivia y Chile como aficionado, además de participar de la cobertura para Cadena 3 del último Rally Dakar disputado en Sudamérica. Entre las numerosas anécdotas que conserva aparece una protagonizada por dos nombres históricos de la especialidad: el español Carlos Sainz y el británico Colin McRae.

"Estábamos en El Portal del Lago, en Villa Carlos Paz, cuando Sainz me vino a buscar para que lo lleve al casino, donde lo esperaba McRae. Le advertí que le iban a pedir una infinidad de fotos y autógrafos, pero no le importó. Los dos estaban prácticamente disfrazados para que no los reconocieran y yo terminé sentado entre ambos en una mesa de blackjack", evocó.

La peculiar situación tuvo un desenlace inesperado cuando uno de los responsables del establecimiento se acercó al lugar. "Le comenté quiénes estaban conmigo y enseguida fue a buscar tres maquetas del casino", recordó, todavía sorprendido por aquella noche.

Su relación con los deportes mecánicos también tuvo un capítulo especial en el speedway bahiense. Allí logró hacerse conocido por entregar las tradicionales guirnaldas a los ganadores, una costumbre que adquirió notoriedad gracias a las menciones que realizaba Osvaldo J. Ochoa durante sus transmisiones radiales. Además, participó de gestiones para traer a competir a Bahía Blanca a corredores extranjeros, entre ellos John Davis.

Entre motores, viajes, músicos y personajes inolvidables, Pepe nunca perdió de vista la actividad que le permitió construir su independencia económica y desarrollar buena parte de sus relaciones personales. "Las flores son una parte fundamental de mi vida. Es algo que llevo dentro desde hace décadas y siempre fui fiel a este trabajo", aseguró.

En el plano familiar, es padre de Marcelo, de 46 años; Gerardo, de 44; y Monserrat, de 39, quien busca darle continuidad al comercio mediante la atención online. Esa nueva modalidad contrasta con las preferencias de su fundador, que sigue eligiendo la conversación cara a cara y el trato cotidiano con quienes cruzan la puerta del local. "Mi hija intenta seguir con The Garden a través de internet, pero a mí me gusta mantener el contacto personal con los clientes", reconoció.

Al mirar hacia atrás, Iglesias encuentra una explicación tan sencilla como contundente para dimensionar el camino recorrido desde aquella infancia marcada por el exilio. "Si no fuera por este oficio, posiblemente estaría con un primo que se quedó en España cuidando chanchos en un pueblo donde viven solamente 30 familias, sin la posibilidad de salir al mundo", reflexionó.

Quizás por eso, después de haber conocido circuitos internacionales, compartido una mesa de juego con campeones y atravesado episodios que podrían formar parte de una película, sigue encontrando motivos para abrir su comercio cada mañana. Aquel adolescente que llegó en bicicleta buscando su primer empleo terminó recorriendo buena parte del mundo, aunque aún prefiere que sus clientes lo encuentren a metros del Paseo de las Esculturas.

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