Informes Especiales
El Hogar Convivencial Rincón de Nuestros Sueños resistió y no se rinde
La institución alberga a menores que no pueden recibir contención por parte de sus familias. Las distintas vicisitudes que afronta desde hace años en materia de financiación. La palabra de su directora.
Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco
El Hogar Convivencial Rincón de Nuestros Sueños se encuentra ubicado en Villarino 860 y es un espacio pensado para brindar contención, cuidado y acompañamiento a niños, niñas y adolescentes que, por distintas circunstancias, necesitan un entorno seguro y afectuoso. Más que un lugar físico, este hogar representa un verdadero refugio donde cada uno de sus residentes puede crecer, aprender y soñar, rodeado de un equipo comprometido que trabaja día a día para garantizar sus derechos y promover su bienestar integral. Con un enfoque basado en el amor, el respeto y la inclusión, el Rincón de Nuestros Sueños busca ser un puente hacia un futuro mejor, ofreciendo no solo asistencia material, sino también la calidez de un hogar y el sostén emocional que cada niño merece.
Paula Bobbiesi es su directora y en diálogo con LA BRÚJULA 24 comentó que “hace más de 15 años cerraba sus puertas el Patronato de la Infancia, un lugar que albergaba niños que por diferentes circunstancias no podían ser contenidos por sus familias. Ante el cierre de la institución, quedaban grupos de hermanos sin un lugar que los pudiera albergar juntos, por lo tanto, para evitar que fueran separados, el entonces psicólogo de la institución Alejandro Otero, junto a algunas cuidadoras decidieron darle forma al Hogar. Fue nombrado Rincón de Nuestros Sueños por parte de los primeros niños alojados en la institución, finalmente para darle un marco de continuidad más sólido se creó la Asociación Civil”.

“La propia necesidad de la comunidad de nuestra ciudad de contar con un lugar capaz de albergar jóvenes y niños en situación de vulnerabilidad, hizo que el Hogar continúe funcionando. Al principio se trabajó con una franja etérea de 0 a 18 años, que con el transcurso del tiempo se redujo a las edades de 12 a 18 años, por la necesidad de la propia comunidad, que cuenta con pocos hogares de alojamiento destinados a adolescentes”, destacó Bobbiesi, respecto de los cambios que fue experimentando la institución.
Sobre su experiencia personal, recordó que “a principios del año 2017 una compañera de estudio me recomendó para trabajar en el Hogar, por aquel entonces me encontraba cursando la carrera de Psicología Social, faltando poco para recibirme, ejercía ya en el Instituto de Psicología Social como ayudante de cátedra, más tarde combinaría el trabajo de docente de nivel terciario con el trabajo de cuidadora en el Hogar, luego tomé la decisión de dedicarme al Hogar exclusivamente. Gran parte de mis trabajos de campo como estudiante me llevaron a interesarme en el área de niñez y adolescencia, apostando a que un cambio profundo y verdadero en nuestra sociedad está íntimamente relacionado con las posibilidades que los adultos somos capaces de brindarles a los más jóvenes”.

“Recuerdo aquella primera entrevista con Alejandro, donde me decía que dedicarle tiempo a Rincón era mucho más que un trabajo. Si bien en un primer momento sólo podía intuir a qué se refería, con el transcurso de tiempo comprendí que este tipo de trabajo se vuelve parte de la propia vida, en cada gesto o alegría compartida, en cada momento de frustración que culmina en un abrazo, se afirma el compromiso de estar presentes en la cotidianeidad de los chicos brindándoles por el tiempo que están a nuestro cuidado las mejores herramientas posibles para hacerse un lugar en el mundo”, detalló la entrevistada con meridiana claridad”.
No obstante, resaltó que “en este proceso de acompañar a los chicos es mucho lo que los adultos podemos aprender de ellos, si es que estamos dispuestos a corrernos de nuestras ideas preconcebidas, y a desandar maneras de vincularnos que se nos han hecho costumbre, pero que los más jóvenes nos invitan a replantearnos. La enseñanza más fuerte que recibí de parte de todos los adolescentes y niños con los que me cruce en Rincón, es que a pesar de las circunstancias adversas que les tocó atravesar, a pesar de los abandonos, abusos y negligencias de parte de los adultos que tuvieron que soportar, vuelven a estar dispuestos a confiar en alguien más, a dar y recibir afecto, a compartir un momento alegre, si es que del otro lado hay alguien dispuesto a escuchar, a seguir sosteniéndolos después de los momentos difíciles”.

“No es sencillo trabajar desde el afecto, no es fácil saber cómo abordar el enojo, la frustración, la agresividad de un chico y comprender que no es algo personal, sin embargo compañeras que no eran profesionales, pero sí unas madrazas tremendas, con mucha experiencia de vida, compromiso y comprensión, lo sabían y podían transmitir. Tanto ellas como los chicos me dieron la posibilidad de equivocarme y volver a intentarlo, porque no es fácil encontrar la distancia justa para acompañar sin invadir, y no es lo mismo estar implicados en la situación que mirarla de afuera, por eso observarnos entre nosotros también siempre fue parte del trabajo. Recuerdo que Alejandro solía decir que el trabajo de cuidadora no se aprende de un día para el otro, que me iba a tomar por lo menos dos años, para poner un plazo largo creo yo, a un laburo que implica un aprendizaje constante”. afirmó con énfasis, al tiempo que agregó: “Recuerdo muchas veces sentir que no podía más, y que él me dijera que el mejor mensaje para un chico es que vea que nos seguimos levantando, diría yo, que seguimos apostando a construir ese vínculo a pesar de todo. Como le escuché decir muchas veces, es el Hogar el que tiene que adaptarse a los chicos y no al revés, pero otras veces a pesar de todo el cariño y el esfuerzo que se invierte, a veces nos toca aceptar que no todos los chicos son para nosotros.
Asimismo, Bobbiesi infirió que “la experiencia de trabajar en Rincón, es como ser parte de un engranaje donde todos aprendemos de todos y una invitación continua a proseguir construyéndose como personas. Todos tenemos voz y voto, aunque las voces que suenan más fuerte siempre son las de los chicos, el foco de atención en la cocina siempre tiene que ver con ellos, cómo van sus procesos, cuales son las inquietudes que tienen, que necesitan manifestar. El rol de las cuidadoras no es un rol secundario, es uno de los pilares más fuertes, ya que son las personas que conviven en un vínculo de más cercanía con los jóvenes, y las que reciben de manera más directa sus confesiones más íntimas, sus penas y alegrías, son las que abrazan y contienen, las que ponen un poco de orden al caos cotidiano, junto con los chicos, porque tampoco tenemos personal de limpieza, ni cocineros que se ocupen de esa tarea específica, así que entre todos hacemos todo, lo que genera por ejemplo la posibilidad de cocinar junto al chico que le gusta la cocina, y aprovechar ese momento para conversar. Se trata por un lado de incentivar a los chicos a participar de las tareas cotidianas como una herramienta para su futuro, que les permita ensayar responsabilidades mínimas de manera que puedan construirse como seres humanos autosuficientes. Por otro lado, participar de las actividades cotidianas, les permite apropiarse del lugar que los aloja, sentirse como en casa, en lugar de generar una situación ficticia donde todo está servido. La cotidianeidad se organiza colectivamente, por eso es común en nuestra casa que alguien del equipo técnico esté pelando papas o que el directivo se siente a almorzar con los chicos, elegimos trabajar desde esa cercanía”.

“El trabajo de cuidado en Rincón contempla un periodo de prueba donde la opinión de todos en cuanto al desempeño de la persona que ingresa es tenida en cuenta, incluso y principalmente la de los chicos, ante la percepción de algo que no va bien se conversa y se da oportunidad de reparar, dependiendo de la persona en cuestión la capacidad de alojar lo que se le está diciendo y actuar en consecuencia. Esta manera de funcionar busca garantizar que la institución no se convierta en un lugar donde se perpetúen situaciones de vulneración, cuidando que el foco principal sea puesto en el bienestar de los chicos y chicas del Hogar. Y así como se permite un margen de error aceptable, se es tajante al momento de no tolerar conductas de parte de los adultos que transgredan los límites de una sana convivencia. Este rol exige tanto compromiso que toma años de experiencia construir, debería a su vez ser mucho mejor remunerado, porque es una pérdida muy grande cuando una persona que ha dedicado años de su vida a sostener el Hogar, a construir un vínculo con los chicos, deba dejar su puesto porque no puede percibir un salario acorde al esfuerzo realizado, lo cual implica una vez más exponer a los jóvenes a una situación de pérdida de un vínculo valioso para ellos”, formuló sobre uno de los temas más sensibles de analizar.
Una de las inquietudes que surgen apunta a conocer la organización de la institución: “El funcionamiento del Hogar se sostiene en base a espacios de asambleas, de adultos por un lado, de chicos por el otro, y algunas de las que participamos todos juntos, allí se conversaban cuestiones relacionadas con la convivencia y se generan acuerdos que entre todos intentamos sostener. La palabra de las personas más nuevas en las asambleas es tenida en cuenta como ese aire fresco necesario para romper con prácticas que se cristalizan con el tiempo, así como se valora la palabra de la experiencia adquirida en la práctica. En ese sentido muchas prácticas cotidianas se van modificando según las decisiones que se van tomando en esas asambleas, escuchando las demandas y propuestas de los chicos. Esta práctica asamblearia se interrumpió durante el último tiempo porque estuvimos atravesando circunstancias difíciles, pero pronto las vamos a retomar. Porque a pesar de lo mucho que todavía tenemos que mejorar, el Hogar se volvió a reactivar y estamos recibiendo nuevos ingresos de chicos”.

“El nuestro siempre fue un Hogar de puertas abiertas, dónde los chicos van a la escuela y hacen sus actividades a elección ya sean artísticas o deportivas. Se busca incentivar sus intereses singulares, y propiciar la inserción en el ámbito social, ya que nos toca acompañarlos a sabiendas de que a los 18 años de edad deberán egresar de la institución, en muchos casos sin tener aún construidas las herramientas para dar ese paso. El momento de egreso suele ser un proceso bastante difícil de atravesar, porque muchos de los chicos y chicas carecen de referentes adultos potables a quienes recurrir. Incluso en algunos casos son chicos que cuentan con certificado de discapacidad y que por sus características especiales tienen dificultades para resolver cuestiones básicas de la supervivencia cotidiana. Si bien existen programas que acompañan a los chicos durante ese proceso, los mismos se encuentran trabajando con pocos recursos, sobrecargados de situaciones que atender y percibiendo el personal salarios muy escasos”, confirmó con un tono de cierta resignación.
Volviendo a su propia experiencia, resumió que “en los ocho años que llevo trabajando en Rincón pasamos por muchos momentos complicados en cuanto a los recursos económicos, percibimos becas de parte del Organismo de Niñez Provincial, y un Subsidio Municipal para pagar el alquiler, así como un aporte para colaborar con los salarios de algunos de nuestros trabajadores, sin embargo, no estamos incluidos en las dispensas de ropa, calzado y alimentos frescos con la que cuentan los Hogares estatales, así como tampoco contamos con alguna vía continua que nos provea de mantenimiento para la institución. Al parecer al tratarse de una Asociación Civil, y habitar un inmueble alquilado, se complica gestionar por vías estatales la posibilidad de suplir esas necesidades, para lo cual nos vemos en la necesidad de recurrir a la comunidad, obteniendo respuestas positivas en muchas ocasiones por parte de sindicatos, fundaciones y empresas, así como de negocios de cercanía y vecinos de a pie. Sin embargo dichos aportes a pesar de que se valoran y agradecen mucho, son ayudas puntuales, que no suelen tener una continuidad en el tiempo. Esto nos deja en una situación de incertidumbre, que implica por ejemplo que para paliar las necesidades del día a día, nos veamos obligados a utilizar el dinero que debería ser destinado a los sueldos de los trabajadores”.

“En el contexto económico actual las ayudas espontáneas que llegaban de parte de los vecinos de a pie disminuyó drásticamente, tanto que cuando comencé a trabajar en Rincón, las ayudas llegaban sin que las pidamos y si las pedíamos arribaban en gran cantidad, pero últimamente hemos hecho campañas que han tenido poco y nada de respuesta, lo cual refleja el impacto que la situación económica actual tiene en gran parte de nuestra sociedad, sin desmerecer el esfuerzo de quienes sí se acercaron a colaborar con nosotros, poniendo una sonrisa en el rostro de los niños y niñas en momentos muy críticos de nuestra institución, como el verano pasado, donde estuvimos tres meses sin cobrar nuestros sueldos que ya de por sí eran muy bajos, lo que provocó la renuncia de muchos trabajadores valiosos para nosotros desde lo afectivo. Afortunadamente tampoco en ese momento faltó la solidaridad de la comunidad para poder resolver al menos por esos meses las necesidades básicas de los chicos. Este último tiempo tuvimos grandes dificultades para poder conformar y sostener un equipo técnico, el cual era un trabajo que en Rincón solía hacerse prácticamente ad honorem, lo que provocó que personas que aportaron mucho a nuestra institución, tuvieran que alejarse en parte por ese motivo”, expresó con suma crudeza.
Con una mirada algo más promisoria, la directora del establecimiento aludió que “en el devenir del Hogar, y ante la impronta de intentar dar respuesta a las necesidades de la comunidad, se nos propuso pasar a ser un Hogar Especializado, siendo que comenzaban a emerger en el contexto social situaciones con jóvenes que no encontraban una contención adecuada en los Hogares convencionales existentes, lo cual implicaba trabajar con una población menos numerosa, para brindar una atención más personalizada, articulando con equipos técnicos externos e internos a fin de brindar contención a chicos y chicas que requieren un abordaje multidisciplinario más complejo. Sin embargo, el transcurrir de Rincón como especializado resultó bastante difícil de sostener por la falta de recursos de las áreas de salud y de niñez, y las dificultades para articular con una entidad privada, lo cuál suele dejarnos en un limbo, donde se nos demanda estar disponibles para alojar jóvenes bajo medida de protección de derechos, pero luego se nos aparta cuando reclamamos por la falta de recursos porque se nos reclama que deberíamos resolver dicha falta a través de contribuciones privadas, en cuyo intento de gestión nos encontramos de forma permanente. Estamos pensando incluso en relanzar nuestra campaña de socios para dar la posibilidad a la comunidad de contribuir una vez más. Ya que la existencia del Hogar es un beneficio para todos, puesto que debería ser un tema de interés para todos los ciudadanos que existan lugares de cuidados correctamente equipados para alojar a los chicos, lo que significa menos niñez en situación de calle. Como expresara el Intendente de nuestra ciudad Federico Susbielles, en una de las ocasiones en que nos vino a visitar, lamentablemente los tiempos de la burocracia suelen ir más lento que la urgencia que implica la necesidad”.

“Después de trabajar unos siete años como cuidadora, algunas compañeras me propusieron asumir la dirección del Hogar, tarea que acepté en medio de una situación bastante crítica de la institución, que implicaba la decisión de varias personas que por años sostuvieron la misma de dar un paso al costado. En algunos casos por la cuestión monetaria, en otros por el cansancio y desgaste que provocó alojar chicos y chicas cuyas características requieren un abordaje terapéutico particular y una cantidad de personal disponible que no pudimos conseguir, por la falta de recursos en el área de niñez que es cada vez más crítica, e involucra diversas instancias, por ejemplo los acompañamientos terapéuticos dependen en gran parte de una cooperativa que tampoco cuenta con los recursos necesarios para ofrecer un sueldo digno y una vez más, ante la poca ganancia y las exigencias del trabajo, que implica poner el cuerpo en situaciones de desbordes emocionales de algunos jóvenes, que culminan con chicos y adultos lastimados, o chicos que buscan autolesionarse compulsivamente, lo cual deriva en intervenciones del personal policial, quienes se ven obligados a dar respuesta, ante la inacción de las guardias de niñez o psicosocial, que se encuentran muchas veces sobrepasadas de situaciones que atender”, evidenció sobre algo que muchos imaginan y presuponen, pero que se ratifica que es tan real como lamentable.
Y lo argumentó: “Al comienzo de mi gestión como directora, circinstancias como esas se repetían en el Hogar sin hallar una respuesta adecuada para los menores y adultos afectados por la situación, sumado que en nuestro caso no contamos con una ART, ni con contención psicológica o emocional para las cuidadoras afectadas. Lo que aceleró una vez más la renuncia del personal, quedando el Hogar sostenido por tres personas en dos oportunidades. En lo que respecta a niñez no hacen falta solo recursos, sino sentarse a escribir proyectos, para replantear la manera en que funcionan las instituciones, teniendo en cuenta que los chicos de ahora, no son los de antes y la mirada de los adultos aún responde a ideas que ya no encajan con las necesidades del presente”.

“Ante esta realidad crítica, el Organismo de Niñez Provincial nos ofreció una mejora en la cantidad de becas que percibimos, y un subsidio para renovar los bienes muebles, electrodomésticos y mobiliario, lo cual agradecemos y valoramos, por ser un aporte significativo a la dignidad y calidad de vida de los chicos que habitan el Hogar. Si bien nuestra solicitud estaba orientada a poder realizar refacciones en el Hogar, eso no se pudo concretar por ser un inmueble alquilado. El dueño de la propiedad, nos ha ofrecido vendernos la misma, con posibilidad de acordar una cuota mensual, porque es su deseo que la casa continúe siendo de los chicos, sin embargo por el momento no contamos con el capital necesario para concretar dicha empresa. Por otro lado, si bien el aporte del Organismo de Niñez se ha incrementado, resulta insuficiente para contratar el personal y Equipo Técnico necesario para que podamos funcionar correctamente, frente este contexto, la municipalidad colabora con dos cuidadoras volantes para cubrir los turnos mínimos necesarios para continuar funcionando”, citó Bobbiesi.
Al cierre, dijo que “sabemos que es necesario contar con más plazas para albergar a jóvenes cuyos derechos están siendo vulnerados, pero somos también conscientes de cuál es nuestra capacidad de brindar una contención adecuada teniendo en cuenta las falencias antes mencionadas, que continúan siendo la carencia de un equipo técnico completo, la falta de cuidadores porque ya no nos dan los recursos para contratar más, y las dificultades para abastecernos de manera continua de alimentos frescos, ropa , calzado, así como realizar el mantenimiento adecuado de la casa que habitamos, Hoy nuestra casa, que más bien es la casa de los chicos, se está volviendo a armar de a poquito, se fueron sumando a nuestro equipo de trabajo, personas dispuestas a asumir el compromiso de estar presentes en las vidas de los chicos y chicas que alojamos, para que tengan una mejor oportunidad de enfrentar el mundo que les espera afuera, seguiremos trabajando para que el Hogar se convierta en ese rincón en el mundo al que siempre puedan regresar”.
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