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INFORME ESPECIAL

Universo tattoo: la tendencia que llegó para quedarse entre los bahienses

El camino que recorrió la actividad hasta abandonar la marginalidad. Los protocolos que siguen los profesionales para garantizar seguridad e higiene. Los más elegidos. Y los lugares en los que duele más.

Por Leandro Grecco / [email protected]
Instagram: @leandro.grecco – Twitter: @leandrogrecco

Pese a que existen desde tiempos inmemoriales, los tatuajes lograron imponerse a los prejuicios, diversificándose y alcanzando a un espectro mucho más amplio de la sociedad, que naturalizó la práctica, entendió que no existen riesgos y se abrazó a la posibilidad de dejar una huella indeleble en el cuerpo.

En Bahía Blanca se convirtió en un fenómeno cultural. Proliferan los profesionales que inyectan tinta en las capas de la piel de manera responsable y prolija, garantizando la higiene y seguridad del proceso. En definitiva, una actividad en auge que pareciera no haber encontrado aún su techo.

La Brújula 24 indagó a quienes se dedican a este rubro, como a aquellos que se han convertido en clientes fieles, como un modo de expresar el arte y con una particularidad vinculada a que se han roto las barreras de la edad, quizás el aspecto más difícil de sortear, donde el miedo y la vergüenza ya no son moneda corriente ni tabú.

“Mientras la salud acompañe, no hay límite de edad”

El primero en expresar sus conceptos fue Brian (@brianlucatattoo – @elixirtattoo), quien desarrolla la actividad en un conocido estudio de la ciudad y muy cordialmente se prestó a la charla, aportando sus sensaciones del momento particular que se vive, apoyado en su trayectoria, la cual lo hizo conocido en el ambiente.

“El impacto de la pandemia sobre esta actividad fue pura y exclusivamente económico. Al menos en mi caso, tuvimos una recesión por cuestiones protocolares de más de cuatro meses, contando algún retroceso de fase que hubo en julio y agosto del 2020”, recapituló, en sus primeras impresiones de la coyuntura actual.

Sin embargo, fue aún más allá: “Esto sumado a que la situación económica previa no era la mejor, se hizo sentir realmente, y hasta el momento no volvió a ser la que era”, al tiempo que agregó: “En cuestiones del día a día no cambio mucho, simplemente el uso de tapa boca obligatorio, tomar la temperatura a cada cliente y entre otras cuestiones reducir la circulación de gente respondiendo consultas y reserva de turnos por medios virtuales. Ese aspecto no fue una complicación, incluso hay cosas que hacen más a la comodidad del profesional o del cliente que a la prevención y llegaron para quedarse.

“Desconozco si hay un organismo que englobe nuestra tarea, incluso a nivel nacional. Es un rubro muy nuevo, teniendo en cuenta que la actividad se empezó a popularizar y profesionalizar pasado el año 2000, todavía hay mucho desconocimiento del trabajo por parte de quienes se encargan de otorgar las habilitaciones municipales”, añadió, en otro segmento de la charla.

Consultado respecto al valor de un trabajo, mencionó que “es algo muy relativo porque hay distintas formas de trabajar. Se puede cobrar por hora, o bien existen quienes tenemos una tarifa fija. Hay factores que influyen directamente como los insumos necesarios para hacerlo de forma segura, el alquiler del local y el más relativo ligado a la experiencia del profesional que es lo que da cierta garantía al ser un trabajo en el que no hay margen de error”.

“Sentimos todos los que fuimos considerados prescindibles, haber perdido un año laboral prácticamente y no notar efectos favorables sobre la pandemia que compensen el gran esfuerzo que se hizo”, se lamentó, pero con las ganas intactas de revertir el difícil trance que van dejando atrás.

Por último, derribó uno de los mitos más diversificados años atrás en relación a su tarea: “En estos 13 años que llevo aproximadamente en la actividad noto que había un preconcepto en mí que no creía que la gente mayor quisiera tatuarse y con el tiempo aparecieron clientes de 50, la edad de mis viejos, 60 y hasta 74 años. Siempre digo que ‘mientras la salud acompañe, no hay límites de edad para el tattoo’”.

“Que se animen, que no duele tanto”

Lo propio hizo Lucrecia, quien desarrolla su capacidad en el estudio que se encuentra en pleno centro bahiense –Rodríguez al 100–, donde junto a otros dos profesionales no solo realizan tattoos, sino también incursionan en el mundo de los piercings, aunque la vedette de los últimos años es el tatuaje con sonido.

“No hay un diseño específico que se busque mayoritariamente. En líneas generales, las personas quieren plasmar en su piel un recuerdo o una historia que contar. Todos los tatuajes son diferentes, como así lo son todas las historias”, indicó de manera enfática, desterrando la idea de que falle la originalidad de los bahienses.

Con relación a la rentabilidad de la disciplina, enfatizó que “es una profesión que lleva mucho tiempo, dinero, constancia y ganas de aprender continuamente, porque más allá de que hay muchos colegas tatuando, locales habilitados hay realmente muy pocos”.

“A aquellos que dudan respecto a dejar plasmado un sello para siempre, les recomiendo buscar un profesional acorde al estilo que quieren llevar en su piel, miren los trabajos del profesional antes de sacar un turno y busquen un estudio habilitado que garantice la seguridad e higiene correcta”, mencionó la joven, quien insistió en el concepto de “que se animen, que no duele tanto”.

Por último, reveló que “la zona de los antebrazos es lo que más se tatúa. También se estila mucho el trabajo en los muslos. Los sectores que más dolor ocasionan son las rodillas, los codos, el empeine y las manos”.

Del otro lado del mostrador…

La redacción de este diario digital también recolectó conceptos por parte de aquellos que son asiduos clientes, fanáticos de hacer una contribución al arte gráfico en distintas partes del físico. Su opinión es importante y permite comprender las motivaciones que los lleva a invertir tiempo y dinero en esta tendencia, mucho más que una moda momentánea.

“Un tatuaje para mí significa una forma de expresión, ya que siempre me gustó el arte, el dibujo y la pintura, y estéticamente me gusta como se ven en el cuerpo”, destacó Leandro, quien prolijamente muestra el trabajo realizado durante estos años con profesionalismo y prolijidad.

Paralelamente, recalcó que “Desde chico siempre estuve decidido a hacerme un tatuaje. Si bien pienso que el diseño no fue la mejor elección, no me arrepiento. Ya tengo casi por completo cubiertos mis dos brazos, también me tatué las piernas, la espalda y el pecho. Pienso continuar cubriendo mi figura, hace unas semanas me hice el último, y ya tengo pensado el próximo”.

“En mi caso no hay lugar para el arrepentimiento. Siempre fui sumamente consciente, del primero al último, al tratarse de algo que voy a llevar por el resto de mi vida”, resumió, orgulloso e invitando a que lo acompañen en esta cruzada.

La última de las voces escuchadas fue la de Marcos, otro que hacen un culto a la tinta en la piel, en este caso con una temática en común: los animales que se pueden observar inmortalizados en distintos tramos de su cuerpo.

“Los tatuajes en su significado representan la lealtad, el compañerismo y sobre todo cada especie dibujada es un líder, tanto un lobo, un oso, siempre cuidarán de su manada y su familia”, afirmó, buscando argumentar la razón por la cual plasmó imágenes dentro de una misma gama.

Y le dio una razón a esa suerte de historia que va contando con cada uno de los que se va realizando: “El hecho de decir que tenés tatuajes en mente, en mi caso no funciona. Los tatuajes se van dando, conforme te los vas haciendo, vas acomodándote para hacer otro que siga con el mismo significado”.

“Arrepentirse sobre algo que uno decide hacerse y será para toda la vida se da en mucha gente, pero vale aclarar, que hay personas a las cuales deciden dejar una cicatriz en forma de dibujo para llevar consigo toda su vida la representación de lo que uno es.
No hay que arrepentirse de lo que ya se hizo”, concluyó.

Desde sus orígenes humildes remontándonos miles de años atrás hasta convertirse en un símbolo extendido de estilo y expresión personal, el tatuaje terminó integrándose por completo en la cultura de todo el mundo. Y Bahía no es la excepción…

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