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La tecnología bahiense que busca "hacer visible lo invisible" en el estuario
Fue desarrollada por investigadores del IADO y permite detectar hidrocarburos mediante sensores, monitoreo remoto y muestreos que complementan los controles tradicionales.
Por Juan Tucat, redacción de La Brújula 24 (@JuanTucat)
Bahía se prepara para ocupar un lugar cada vez más importante dentro del mapa energético argentino. El crecimiento de Vaca Muerta, las inversiones proyectadas en infraestructura y el incremento esperado en el transporte, almacenamiento y procesamiento de los hidrocarburos plantean una oportunidad económica, pero también una pregunta inevitable: ¿cómo controlar el impacto ambiental de una actividad que tendrá cada vez mayor presencia en el estuario?
Una posible respuesta comenzó a desarrollarse hace algunos años a pocos kilómetros del centro de la ciudad.
Investigadores del Instituto Argentino de Oceanografía, junto con especialistas de la Universidad Tecnológica Nacional, desarrollaron EMAC-Oil, una plataforma capaz de combinar distintas tecnologías para monitorear la presencia de hidrocarburos y obtener información ambiental de manera continua. El proyecto fue seleccionado para integrar la edición 2026 de ÉLITROS, el Programa Nacional de Fortalecimiento de Emprendimientos Tecnológicos.
La distinción llega además cuando el perfil energético del complejo portuario bahiense comienza a ampliarse. Entre los proyectos anunciados durante 2026 se encuentra una inversión estimada en 3.000 millones de dólares de TGS para infraestructura destinada al transporte, procesamiento y exportación de hidrocarburos, incluyendo un ducto para conectar Vaca Muerta con el polo local.
Para Lautaro Girones, investigador del IADO e integrante del equipo responsable de EMAC-Oil, ese nuevo escenario obliga también a revisar la manera en que se observa lo que ocurre ambientalmente.
“La idea inicial fue empezar a desarrollar herramientas para poder ver lo que hoy no estamos viendo: todos los impactos asociados a la industria del petróleo, del oil and gas, de la actividad portuaria y de la industria petroquímica”, explicó durante una entrevista con Nunca es Tarde, por La Brújula 24.
Una fotografía que dura un mes
EMAC-Oil no es un único sensor ni un aparato instalado en un punto fijo. Es una plataforma modular, capaz de combinar diferentes herramientas dependiendo del lugar y de la actividad que deba controlarse.
Una de ellas es el denominado muestreo pasivo. El método busca complementar el sistema tradicional, que consiste en tomar una muestra de agua en determinado sector y momento para luego analizarla en laboratorio.
Girones lo explicó con una comparación sencilla. “El muestreo pasivo es algo así como sacar una foto integrada en el tiempo, con mucho detalle”, señaló.
El problema de una muestra puntual es que refleja las condiciones existentes exclusivamente durante el momento en que fue recolectada. Si determinado compuesto apareció horas o días antes y luego desapareció o se desplazó, existe la posibilidad de que no quede registrado.
A eso se suma una particularidad de los hidrocarburos.
“Los hidrocarburos flotan, no se disuelven en el agua. Entonces, cuando analizás el agua, hay algunas cosas que no llegás a ver. El muestreo pasivo permite verlas. Nosotros le llamamos hacer visible lo invisible”, sostuvo el investigador.
La plataforma incorpora además sensores capaces de generar información en tiempo real. Para utilizarlos en el estuario bahiense fue necesario realizar adaptaciones particulares. El ambiente local presenta condiciones especialmente exigentes para esta clase de instrumental: elevada presencia de sedimentos en suspensión, corrientes, viento y una baja transparencia del agua.
“Los sensores que normalmente uno compra no funcionan. Hay que hacer una validación, desarrollo y quizás sumarles elementos para que funcionen, porque como vienen de fábrica no funcionan tal cual dice el fabricante”, explicó Girones.

Lautaro Girones fue subsecretario de Ambiente de la Municipalidad.
El sistema se completa con tecnología de telemetría. Los equipos pueden estar colocados en boyas dentro del estuario y transmitir los registros a distancia hasta una plataforma donde la información es almacenada y procesada. Actualmente, según indicó el científico, el principal vínculo operativo del proyecto es con el Puerto de Bahía Blanca.
El propio Consorcio mantiene distintos programas de seguimiento ambiental del estuario y publica información vinculada con parámetros de calidad del agua. En monitoreos realizados en 2024, por ejemplo, se incluyó la búsqueda de hidrocarburos totales y de hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), entre otros indicadores.
EMAC-Oil apunta a complementar esa lógica mediante sistemas capaces de obtener información durante períodos más extensos o directamente en tiempo real.
“El estuario está muy controlado, pero hay cosas que no estamos viendo”
Girones conoce el problema desde los dos lados del mostrador. Además de investigador, fue subsecretario de Ambiente de la Municipalidad. Desde esa experiencia planteó una aparente contradicción: considera que el estuario posee hoy un nivel importante de fiscalización, pero entiende que aún existen fenómenos que los mecanismos disponibles no permiten observar suficientemente.
“Creo que el estuario está muy controlado, pero este tipo de herramientas son necesarias porque hoy por hoy hay muchas cosas que no estamos viendo”, aseguró.
La observación no supone necesariamente que los controles existentes sean deficientes, sino que las tecnologías disponibles permiten ampliar aquello que puede medirse.
Girones también remarcó que percibió durante su paso por la gestión pública un cambio dentro del sector industrial. “Tanto el Ministerio de Ambiente de la Provincia, como el Municipio, las empresas y nosotros desde el IADO estamos todos en el mismo barco y caminando para el mismo lugar”, afirmó.
Incluso destacó haber encontrado “un compromiso con el medio ambiente” entre autoridades de diferentes compañías, algo que atribuyó también a un cambio generacional dentro de las organizaciones.

En los canales principales del estuario opera el sistema portuario más importante del país.
Del laboratorio a una herramienta de control
El objetivo de EMAC-Oil no termina en brindar información a empresas o instituciones portuarias. Uno de los desafíos que identifica el equipo es conseguir que estas tecnologías puedan convertirse, a futuro, en instrumentos reconocidos dentro de los sistemas oficiales de control ambiental.
Para eso todavía queda un recorrido técnico y normativo. “Uno de nuestros grandes objetivos es demostrar que estas herramientas son útiles, legalmente fuertes, reproducibles, replicables y fáciles de utilizar”, explicó Girones.
El paso siguiente sería incorporar metodologías de estas características a las regulaciones. “Una vez que está regulado, no hay otra alternativa que llevarlo adelante y empezar a controlar todo lo que hoy no estamos viendo”, agregó.
El planteo adquiere otra dimensión ante la transformación energética que atraviesa la región. Bahía Blanca ya cuenta con instalaciones de procesamiento y exportación vinculadas con Vaca Muerta. Compañía Mega, por ejemplo, avanzó con una ampliación destinada a incrementar un 50% su capacidad de fraccionamiento de componentes ricos del gas natural proveniente de la formación neuquina.
A ello se suman nuevos proyectos que refuerzan la perspectiva de un mayor movimiento de hidrocarburos durante los próximos años. “Si nuestros puertos empiezan a transportar, almacenar y procesar cada vez más hidrocarburos, no queda otra que adaptarse a una nueva situación”, afirmó Girones.
La adaptación, desde su perspectiva, incluye monitorear no solamente los grandes derrames fácilmente identificables, sino también concentraciones mucho menores que pueden pasar inadvertidas por otros sistemas. “Hay cosas que no vemos porque están en concentraciones bajas, pero algunas pueden ser muy tóxicas y aun en esas concentraciones pueden resultar dañinas para los organismos”, señaló.
El salto que busca EMAC-Oil
La selección para ÉLITROS 2026 abre ahora una nueva etapa. El programa nacional busca acompañar emprendimientos de base científica y tecnológica que todavía se encuentran en fases relativamente tempranas, trabajando sobre aspectos que muchas veces exceden el laboratorio: modelo de negocios, propuesta de valor, propiedad intelectual, regulación, financiamiento y vinculación con inversores y potenciales usuarios.
El CONICET precisó que el proyecto reúne capacidades del Laboratorio de Contaminantes Orgánicos Persistentes, dirigido por Andrés Arias, y del Laboratorio de Instrumental Marino y la Red EMAC, encabezados por Alejandro Vitale, vicedirector del IADO, además del trabajo con otros grupos científicos y tecnológicos de la ciudad.
Girones aclaró que ingresar al programa no supone recibir directamente una partida de dinero. El valor, aseguró, pasa por otro lado. “Nos abre la puerta a ese mundo que desde la ciencia a veces es un poco lejano”, afirmó.
La intención es transformar un desarrollo científico en una tecnología que pueda sostenerse, crecer, sumar personal y eventualmente generar una empresa de base tecnológica. “Si caminás solo, lo más probable es que fracases. Está bueno que haya talleres, cursos, vinculación con inversores y capacitación. Entendemos que es un camino que tenemos que recorrer si queremos ser exitosos”, sostuvo.
Ese salto resulta clave para EMAC-Oil. La tecnología existe, ya cuenta con aplicaciones concretas y tiene posibilidades de extenderse a otros sectores, pero todavía necesita escalar. Sus desarrolladores imaginan aplicaciones no solamente en Bahía Blanca, sino también en Coronel Rosales y otros puertos argentinos y latinoamericanos vinculados con la actividad hidrocarburífera.
El desafío será que el crecimiento productivo y las herramientas destinadas a medir sus consecuencias avancen a una velocidad semejante. En una región llamada a recibir una porción cada vez mayor de la producción energética del país, la discusión ya no parece limitarse a cuánto petróleo o gas podrá transportarse.
También cobra importancia cuánto será posible ver de aquello que ocurre mientras se lo hace.
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