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por rafael emilio santiago

La influencia de Mercedes Barcha Pardo en la vida de Gabriel García Márquez

El experimentado Rafael Emilio Santiago, como cada viernes, desarrolló una brillante columna en el aire de LA BRÚJULA 24. Y recordó con su peculiar y lucida mirada, el papel de Mercedes Barcha Pardo –falleció la semana pasada– en la vida de su pareja, el escritor Gabriel García Márquez.

Primero, el periodista estableció un gran paralelismo con el fútbol. “En lo que podríamos definir como información de color, frente a la crispación de estos días, en pocas horas pasaron cosas que ocuparon a toda la prensa del mundo”.

“El viernes último los alemanes del Bayern destrozaron lo que quedaba del Barcelona con un resultado estremecedor. Se veía mejor el equipo germano, pero no se esperaba semejante goleada. Horas después, el sábado a la mañana, se fue sigilosamente Mercedes Barcha Pardo, la viuda de García Márquez, que tenía un modo distante y apariencia opaca”, explicó el profesional.

Y agregó: “Dicen, como algo fundamental, que así se manejó en la vida y obra del escritor más vendido de esta parte del mundo. Silenciosa y tenaz, fue un equilibrio concreto, alguien con los pies en el suelo, y capaz de ordenar a un genio caribeño”.

En ese mismo sentido, Santiago señaló sobre Pardo que “la historia oficial sostiene que en 1965 el matrimonio iba a Acapulco -vivían en México- por carretera para pasar sus vacaciones y de repente García Márquez se detuvo porque tenía que empezar a escribir de inmediato, ella lo aceptó y también se comprometió a mantener la casa durante varios meses para que él escribiera ‘Cien años de soledad'”.

“Ella siempre se aseguró que no faltara papel en la casa y las flores amarillas, y cuando el dinero se acabó no dijo nada, pero logró que el carnicero le fiara y el panadero también. Además, que el dueño del departamento la esperara 9 meses para el alquiler”.

“Más allá de eso, lo mejor de la historia es que cuando el dinero no alcanzaba para nada, ni siquiera para enviar la obra por correo a Buenos Aires, estaban empeñando elementos domésticos. Ella dijo “lo único que falta es que la novela sea mala’. La recuerdan bastante crítica de lo que hacía el marido. Yo conozco el tema, esas cosas pasan. A veces uno es encantador fuera de casa, pero al entrar hay que mostrar documento siempre”, sostuvo con ironía.

Y cerró, a modo de comparación: “Volviendo al derrumbe del Barcelona de Messi, además de todos los argumentos apelables en cuanto a la continuidad del 10, yo les diría que hablen con la esposa, porque ningunearla puede ser fatal. Amigos catalanes, vayan a convencer a Antonella. Messi será Messi, pero hay que ver qué dice la patrona”.

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