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Megainversiones en un contexto de crisis: el impacto en la construcción

La caída de la actividad, la falta de obra pública y la suba de costos golpean a las empresas del sector. Sin embargo, los proyectos energéticos y portuarios abren expectativas. Gurrado analiza el escenario actual.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco / Instagram: @leandro.grecco / X: @leandrogrecco

La construcción en Bahía Blanca atraviesa una etapa de contrastes. Mientras numerosas empresas intentan sostener sus estructuras en medio de la paralización de la obra pública nacional y el encarecimiento de los proyectos privados, el horizonte de 2027 aparece como una oportunidad para revertir el escenario. Las millonarias inversiones anunciadas para el complejo portuario y su vinculación con Vaca Muerta alimentan las expectativas de un sector que necesita recuperar actividad, empleo y previsibilidad.

El diagnóstico de Fabián Gurrado, presidente de la delegación local de la Cámara Argentina de la Construcción, secretario de la Unión Industrial de Bahía Blanca y titular de Ingeniería & Arquitectura S.R.L., refleja las dificultades que enfrentan las compañías del rubro, pero también las posibilidades que podrían abrirse durante los próximos meses.

"El presente de la construcción en Bahía no escapa al marco general de caída y parálisis que se da en todo el territorio. La falta de obra pública nacional, sumada al incremento de costos en la obra privada, ha generado una importante retracción en la demanda de mano de obra y materiales", advirtió el empresario.

La preocupación se concentra especialmente en las pequeñas y medianas firmas, cuya capacidad para atravesar períodos prolongados de baja actividad resulta más limitada. Según Gurrado, la mayoría de las constructoras intenta conservar a sus trabajadores mientras aguarda señales concretas de recuperación.

Los números oficiales permiten dimensionar esta situación. De acuerdo con la Encuesta de Indicadores Laborales de la Secretaría de Trabajo de la Nación, el empleo privado en la construcción bahiense cayó 8% durante el segundo trimestre de 2026, en comparación con igual período del año anterior. Se trató de la mayor contracción trimestral del sector desde 2020 y superó ampliamente la disminución general del empleo privado local, que fue del 2,4%.

El panorama también se refleja en los proyectos particulares. El último Panel de Indicadores de la Construcción Bahiense, elaborado por la Unión Industrial de Bahía Blanca (UIBB), reveló que durante el segundo trimestre los metros cuadrados autorizados para edificar disminuyeron 14,8% respecto de los primeros tres meses del año. En ese período se presentaron 238 obras ante el Municipio.

A la menor actividad se agrega la presión de los costos. El mismo relevamiento estableció que el valor de referencia del metro cuadrado de construcción alcanzó los $1.624.661, con un incremento trimestral del 8,9%. Los materiales aumentaron 3,6%, mientras que el costo de la mano de obra para tareas básicas registró una suba del 11,4%.

La situación local encuentra correlato en los indicadores nacionales. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la actividad de la construcción retrocedió 4,4% interanual en agosto, aunque registró una leve recuperación mensual del 0,4%. En los primeros ocho meses de 2026 acumuló un crecimiento de apenas 0,8% respecto del mismo período del año anterior.

En materia laboral, el Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC) contabilizó 352.511 trabajadores registrados en julio, unos 4.000 menos que en junio. Esa cifra se ubicó 11,5% por debajo del promedio histórico correspondiente a ese mes, un indicador de las dificultades que persisten para recuperar los niveles habituales de ocupación.

Pese al escenario adverso, Bahía Blanca presenta una particularidad que podría modificar la dinámica de la actividad: su ubicación estratégica como nodo industrial, energético y logístico para los proyectos asociados con los hidrocarburos no convencionales.

Las inversiones previstas en el área portuaria, especialmente las vinculadas con Transportadora de Gas del Sur (TGS) y otros desarrollos energéticos, representan una expectativa de nuevos contratos para empresas constructoras, proveedoras de materiales y prestadoras de servicios.

"Los proyectos anunciados son reales y concretos, pero recién están en sus inicios. Están generando una gran expectativa en las empresas, que ven posibilidades de trabajo, ya sea en forma directa o indirecta, por la mayor demanda que se creará", explicó Gurrado.

Uno de los emprendimientos de mayor envergadura es el impulsado por TGS para el procesamiento y la exportación de líquidos del gas natural provenientes de Vaca Muerta, con una inversión estimada en 3.000 millones de dólares.

La iniciativa contempla instalaciones de procesamiento en Tratayén, un poliducto hasta Bahía Blanca, plantas de fraccionamiento y almacenamiento y obras complementarias en la terminal marítima.

Según las estimaciones difundidas por la propia compañía, el proyecto podría generar alrededor de 4.000 puestos de trabajo directos y 15.000 indirectos durante sus cuatro años de ejecución. Se trata de proyecciones para el conjunto del emprendimiento, no exclusivamente para Bahía Blanca.

Sin embargo, el volumen de las inversiones no garantiza que todos los contratos queden en manos de compañías de la ciudad. Para Gurrado, uno de los principales desafíos será preparar al entramado empresarial regional para responder a las exigencias técnicas, operativas y administrativas que demandan los grandes desarrollos industriales.

"Como es habitual, no todas las empresas están calificadas para acceder a determinados contratos. Hay obras muy específicas que solo son realizadas por empresas especializadas, que muchas veces ni siquiera son nacionales", reconoció.

En ese contexto, el dirigente planteó la necesidad de fortalecer la competitividad de las pymes mediante la capacitación de sus trabajadores, la incorporación de nuevas modalidades de contratación y la certificación de procesos que permitan cumplir con los estándares requeridos por las compañías inversoras.

"Las pymes constructoras deben adaptarse a las nuevas modalidades de trabajo que estos proyectos requieren. Para eso es necesaria la capacitación de los equipos de trabajo y la certificación de determinados procesos", sostuvo.

El empresario consideró fundamental la participación de distintos actores para acompañar esa transformación, teniendo en cuenta que la preparación de personal especializado y el cumplimiento de determinadas exigencias técnicas requieren planificación y tiempo.

Otro aspecto decisivo será la infraestructura que deberá acompañar el crecimiento de la actividad. La expansión industrial y portuaria demandará obras complementarias, servicios y mejoras logísticas para sostener el movimiento de equipos, materiales y trabajadores.

Sobre este punto, Gurrado advirtió que el actual esquema de financiamiento obliga a replantear quiénes asumirán el costo de esos trabajos. A su entender, ante las restricciones de la inversión pública, buena parte de la infraestructura necesaria deberá ejecutarse con aportes de los propios sectores privados que impulsan los proyectos.

Se trata de una cuestión central para Bahía Blanca y su zona de influencia. La llegada de grandes capitales puede ampliar las oportunidades económicas, pero también exige resolver necesidades de infraestructura para que las inversiones se desarrollen dentro de los plazos previstos.

La expectativa, de todos modos, está puesta en el próximo año. Gurrado estimó que las primeras señales concretas de recuperación podrían comenzar a observarse durante el primer cuatrimestre de 2027, a medida que los emprendimientos anunciados avancen hacia etapas de mayor ejecución.

"El 2027 en materia de construcción para nuestra región es un escenario de optimismo. Deberán realizarse todo tipo de obras para acompañar las grandes inversiones y eso generará muchas posibilidades de trabajo", aseguró.

No obstante, la recuperación tendrá diferentes velocidades. Las obras industriales especializadas podrían quedar inicialmente concentradas en grandes contratistas, mientras que las firmas locales tendrían oportunidades en trabajos complementarios, infraestructura, instalaciones, provisión de materiales y servicios vinculados con los nuevos desarrollos.

Por ese motivo, Gurrado insistió en que la participación de las empresas bahienses debe convertirse en una prioridad para quienes encabecen las inversiones. "Es importante que las grandes empresas entiendan el valor agregado que tiene contratar pymes locales para la realización de sus proyectos, ya que de esa manera contribuyen a su crecimiento, con todo lo que eso trae aparejado", remarcó.

El planteo apunta a que el impacto económico de los emprendimientos trascienda la etapa de construcción y contribuya al fortalecimiento de un entramado productivo regional capaz de sostener actividad y empleo a largo plazo.

Así, el sector enfrenta una transición decisiva. El desafío inmediato es sobrevivir a la retracción actual; el de mediano plazo, prepararse para participar de un nuevo ciclo de inversiones. Entre ambos escenarios aparece una oportunidad que dependerá tanto de la concreción de los proyectos como de la capacidad de las empresas locales para convertirse en protagonistas.

Bahía Blanca tiene por delante la posibilidad de transformar su potencial energético y portuario en un nuevo impulso para la construcción. La incógnita es cuánto de ese movimiento llegará efectivamente a las pymes y a los trabajadores de la ciudad. De esa respuesta dependerá que las expectativas para 2027 se traduzcan en una recuperación que alcance al conjunto del sector.

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