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Paladar Negro

Lasaña de espinaca y queso: la receta que conquista con cada capa

Una opción sin carne, cremosa, rendidora y perfecta para reuniones familiares o almuerzos de fin de semana.

Pocas comidas generan tanta expectativa cuando salen del horno como una buena lasaña. Ese aroma inconfundible a queso gratinado, salsa recién hecha y pasta cocida al punto tiene algo especial: invita a sentarse a la mesa sin demora. Y si hay una versión que nunca falla, esa es la de espinaca y queso, una combinación que demuestra que no hace falta incluir carne para lograr un plato lleno de sabor.

La lasaña nació en Italia hace siglos como una preparación sencilla, elaborada con los ingredientes que había disponibles en cada hogar. Su sistema de capas permitía aprovechar al máximo los alimentos y, al mismo tiempo, cocinar una comida abundante para toda la familia. Con el paso del tiempo, esa receta tradicional fue evolucionando hasta dar lugar a infinidad de variantes que hoy forman parte de la cocina internacional.

Esta receta también se destaca por su practicidad. Puede prepararse con varias horas de anticipación —incluso el día anterior— y mantenerse refrigerada hasta el momento de llevarla al horno. Así, cuando llegan los invitados o la familia ya está reunida, solo queda hornearla y disfrutar de un plato recién hecho, sin apuros de último momento.

Además, es una propuesta muy rendidora. Una fuente alcanza para varias porciones y suele gustar tanto a grandes como a chicos, convirtiéndose en una apuesta segura para almuerzos de domingo, celebraciones familiares o cualquier ocasión en la que se busque compartir una comida casera y reconfortante.


Ingredientes

  • 800 g de espinacas
  • 250 g de queso fresco
  • 6 láminas de pasta para lasaña precocidas
  • 120 g de queso rallado
  • 1 vaso de leche
  • 4 cucharadas de harina
  • 4 cucharadas de manteca
  • Sal, a gusto
  • Pimienta negra, a gusto
  • Nuez moscada
  • 1 cucharadita de aceite de oliva

Preparación

  1. Comenzar cocinando las espinacas en abundante agua hasta que se ablanden. Escurrirlas muy bien para eliminar el exceso de líquido y reservar. Mientras tanto, cortar el queso fresco en porciones o cubos pequeños.
  2. En una sartén calentar el aceite de oliva e incorporar las espinacas ya escurridas. Condimentar con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Cocinar durante unos cinco minutos para que pierdan la humedad restante y concentren su sabor.
  3. Para preparar la salsa bechamel, colocar en una olla la leche, la harina, la manteca, la sal y una pizca de nuez moscada. Cocinar a fuego medio, revolviendo constantemente durante aproximadamente diez minutos, hasta obtener una salsa cremosa y ligeramente espesa, sin grumos.
  4. Con todos los ingredientes listos, comenzar el armado. Cubrir el fondo de una fuente apta para horno con una fina capa de bechamel para evitar que la pasta se adhiera.
  5. Disponer una primera capa de placas de lasaña y cubrir con la mitad de las espinacas. Agregar una parte de la salsa bechamel y distribuir la mitad del queso fresco. Repetir el procedimiento con una segunda capa de pasta, el resto de las espinacas, más bechamel y el queso restante.
  6. Finalizar con una última capa de pasta, cubrir completamente con la salsa bechamel restante y terminar con abundante queso rallado para lograr un gratinado dorado y crocante.
  7. Llevar a horno precalentado a 180 °C durante 30 a 35 minutos, hasta que la superficie esté bien dorada y burbujeante. Antes de servir, dejar reposar la preparación unos minutos para que las capas se asienten y sea más fácil cortarla.

Con información de El Día Recetas

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