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De Argentina a Egipto: investigadores indagan en la historia de una tumba de 3.500 años

El proyecto está dirigido por especialistas de instituciones argentinas como el CONICET, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de San Martín.

Un equipo de investigadores argentinos, en conjunto con colegas egipcios, lleva adelante un proyecto científico en la necrópolis de Tebas, en Luxor, con el objetivo de reconstruir la historia completa de una tumba de más de 3.500 años de antigüedad. Se trata de la tumba TT93, construida alrededor del 1450 a.C. para Qen-Amón, un funcionario cercano al faraón Amenhotep II. La iniciativa, denominada “Biografía de la Tumba Tebana 93”, es un trabajo de cooperación internacional y no una misión exclusivamente argentina, según explicaron sus responsables.

El proyecto está dirigido por especialistas de instituciones argentinas como el CONICET, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de San Martín, junto con el egiptólogo Hisham Elleithy. El equipo busca no solo estudiar la construcción original de la tumba, sino también todas las transformaciones que atravesó a lo largo del tiempo. Este enfoque permite analizar cómo un espacio funerario se modifica y adquiere nuevos significados a lo largo de los siglos.

A diferencia de las investigaciones tradicionales centradas únicamente en el Egipto faraónico, este estudio propone una mirada más amplia. Los especialistas analizan las múltiples intervenciones que sufrió el sitio, como prácticas antiguas de eliminación de la memoria del difunto, copias de pinturas, saqueos, grafitis y reutilizaciones. Incluso, durante distintos períodos históricos, la tumba fue utilizada como vivienda, refugio o corral, lo que dejó diversas huellas materiales que hoy son clave para comprender su historia.

El trabajo de campo incluye un registro detallado de las paredes y estructuras, mediante dibujos, fotografías y análisis estratigráficos que permiten identificar distintas capas de intervención. Estas marcas, como restos de hollín, golpes en las paredes o rastros de uso doméstico, aportan información sobre los distintos usos del espacio a lo largo del tiempo y permiten reconstruir historias que van más allá del propietario original.

En una segunda etapa, el proyecto incorporó el análisis bioantropológico de los restos humanos hallados en la tumba. Los investigadores encontraron cuerpos de diferentes tanto momificados como no momificados, lo que evidencia que el lugar siguió siendo utilizado como cementerio durante siglos. Además, se estudian las intervenciones posteriores sobre estos restos, como su uso con fines medicinales o su manipulación para extraer objetos de valor.

El proyecto, iniciado en 2024, está pensado a largo plazo y contempla nuevas campañas de investigación, documentación y conservación. Para los especialistas, trabajar en un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad representa una oportunidad para reflexionar sobre la relación entre patrimonio, comunidades locales y procesos históricos. Además, destacan que la experiencia fortalece el desarrollo científico argentino y permite generar nuevos enfoques aplicables a investigaciones en el país.

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