Informes Especiales
El descenso de la natalidad, bajo la óptica de un conocido médico bahiense
El obstetra y ginecólogo Juan Pedro Lejarraga analizó las razones de una estadística oficial que nos inquieta y se viene profundizando desde un tiempo más que prudencial. Un artículo que invita a reflexionar.
Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco / Instagram: @leandro.grecco / X: @leandrogrecco
Argentina tiene cada vez menos nacimientos y el dato más reciente confirma que la tendencia no solo continúa, sino que ya redefine el mapa demográfico del país. El Ministerio de Salud de la Nación, a través de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), publicó su última actualización de Estadísticas Vitales con resultados de 2024, donde contabilizó 413.135 nacidos vivos en todo el territorio nacional.
El número resume una caída sostenida que se viene profundizando desde hace más de una década: en 2014 se habían registrado 777.012 nacimientos, lo que implica un descenso cercano al 47% en diez años, según reconstrucciones periodísticas basadas en el informe oficial. En paralelo, el retroceso también se observa al comparar con el año inmediato anterior: 2023 cerró con 460.902 nacidos vivos y 2024 quedó 47.767 por debajo.
La baja se refleja con claridad en la tasa de natalidad (nacidos vivos cada mil habitantes) y exhibe diferencias marcadas entre provincias. En 2024, Misiones encabezó el ranking con 12,3 nacidos vivos por mil habitantes, seguida por Chaco (11,9), Santiago del Estero (10,8) y Formosa (10,7). Del otro lado, las tasas más bajas se ubicaron en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Tierra del Fuego (6,9), con valores también bajos en Jujuy (8,0), La Pampa y Río Negro (8,1), y Buenos Aires (8,4).
El médico ginecólogo y obstetra bahiense Juan Pedro Lejarraga (Matrícula Profesional N° 2879), aseguró que se trata de un cambio estructural, con múltiples causas, y que no se revertirá en el corto ni en el mediano plazo.

“Creo que la caída en la natalidad que se ve desde hace casi una década, y que se acentuó mucho con la pandemia, responde a múltiples factores. Estoy convencido de que llegó para quedarse, no va a revertirse”, afirmó el especialista, al tiempo que señaló que no cuenta con datos precisos sobre la eventual consecuencia directa en el sistema sanitario. “Desconozco si tiene un impacto en el sistema de salud, creería que no, pero la verdad es que no tengo ese dato”, aclaró.
Lejarraga vinculó el fenómeno local con procesos similares que atraviesan distintos países europeos, en particular España, donde la baja fecundidad ya genera consecuencias demográficas visibles. “Para que una población se mantenga estable, cada dos personas tienen que nacer dos más, para que en 30 años eso no tenga un impacto en la población de ese país. En España, que es uno de los más bajos, el promedio de número de hijos por cada dos personas es de 1.1, y eso hace que la población española vaya cayendo”, explicó, y remarcó que en ese contexto el crecimiento poblacional se sostiene casi exclusivamente por la inmigración.
En el caso argentino, señaló que el promedio de hijos por mujer se encuentra aún cercano al nivel de reemplazo, pero con una tendencia descendente clara. “En Argentina el número de hijos está cercano al 2, pero eso está cambiando en los últimos años”, indicó. Para el médico, uno de los factores centrales es el social, asociado a transformaciones profundas en los proyectos de vida de las nuevas generaciones. “Los jóvenes de hoy cada vez quieren menos cumplir con el prototipo de familia, que se llegue a una edad, se casen y tengan hijos. Eso cada vez está ocurriendo menos, ya está desapareciendo”, sostuvo.
Las lecturas coinciden en un entramado de factores, más que en una causa única. Por un lado, hay cambios culturales y de proyecto de vida: se retrasa la maternidad, se prioriza la inserción educativa y laboral, y se reconfiguran las formas de familia. En 2024, el propio reporte relevado por la prensa mostró que la mayor concentración de nacimientos se dio entre madres de 25 a 29 años (25%) y de 30 a 34 (23%), con una edad media materna estimada entre 27 y 29 años, señal de postergación respecto de décadas anteriores.

Por otro lado, el derrumbe del embarazo adolescente aparece como uno de los componentes más visibles del cambio. Chequeado, en base a series oficiales del Ministerio de Salud, señaló que la tasa de natalidad viene descendiendo desde 2014 y que la tasa de fecundidad adolescente cayó con más fuerza que la fecundidad general, un fenómeno que especialistas asocian con mayores oportunidades educativas y laborales para las adolescentes. En los datos 2024 difundidos en medios, se consignó que 34.426 nacidos vivos correspondieron a madres de 15 a 19 años y 866 a menores de 15, una proporción que continúa reduciéndose respecto de años previos.
La discusión de fondo es qué implica esta baja natalidad para la Argentina que viene. El INDEC ya incorpora el escenario en sus estimaciones y proyecciones con base en el Censo 2022: anticipa una transformación de la estructura poblacional por la caída de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida, con un proceso de envejecimiento que gana peso en las próximas décadas. En términos concretos, menos nacimientos hoy impactan mañana en el tamaño de las cohortes escolares, en la oferta de fuerza laboral y en la relación entre población activa y jubilada, un punto sensible para la sostenibilidad de sistemas previsionales y de cuidados.
Lejarraga subrayó el debilitamiento de los mandatos tradicionales. “Antes el 90% de las mujeres tenían ese sueño por cumplir, o muchas lo cumplían por mandato, y eso ya no forma parte de los sueños por cumplir de las parejas. El mandato cada vez tiene menos peso a la hora de tomar decisiones”, explicó, y definió el escenario como resultado de “cambios culturales profundos”.
El factor económico aparece como otro elemento clave en el análisis. “Cada vez tener hijos cuesta más. Antes las familias podían tener cuatro hijos y no se movía demasiado el amperímetro, a diferencia de lo que sucede hoy”, afirmó, y señaló que el impacto no se limita a la alimentación, sino que se extiende a la educación y a múltiples gastos asociados a la crianza. “En otra época jugaban al fútbol en la calle y ahora van a un club, cambian todos los años los botines. La tecnología y la economía hoy son absolutamente distintas”, ejemplificó.

En 2025, en Bahía Blanca hubo 1353 nacimientos. Ante este escenario, Lejarraga concluyó que el descenso de la natalidad responde a la combinación de factores sociales, culturales y económicos, y que incluso podrían sumarse otros. “El fenómeno responde a muchas causas y llegó para quedarse”, resumió, en línea con los datos oficiales y los análisis demográficos que advierten sobre un cambio de largo plazo en la estructura poblacional del país.
La estadística más reciente marca un hito: 2024 consolidó a la Argentina como un país con natalidad en retroceso acelerado, con brechas territoriales y un corrimiento de la maternidad hacia edades mayores. No es solo una cuestión demográfica: es social y económica. El desafío no pasa por un único “incentivo” o medida aislada, sino por políticas de largo plazo que contemplen trabajo, ingresos, vivienda, cuidados, salud sexual y reproductiva, y planificación familiar, en un país que ya empezó a cambiar su pirámide poblacional.
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