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El regreso de la ballena Sei al Mar Argentino: una esperanza frente al riesgo de extinción

Es el tercer animal más grande del planeta y está en peligro crítico. Un documental exhibe los hallazgos de un estudio científico que mostró la llegada de 2.500 ejemplares al Golfo San Jorge, en Chubut

El estreno del documental SEI, la ballena desconocida llevó al centro de la escena uno de los acontecimientos más impactantes de la biodiversidad marina argentina: la llegada masiva de más de 2.500 ballenas Sei al Golfo San Jorge, en la provincia de Chubut, un hecho sin precedentes en tiempos modernos.

La ballena Sei, cuyo nombre científico es Balaenoptera borealis, es el tercer animal más grande del planeta y pertenece al grupo de los rorcuales. Se trata de una especie catalogada en peligro crítico de extinción, cuya presencia en la costa atlántica argentina no había sido registrada desde 1929. El documental sigue la investigación encabezada por el biólogo Mariano Coscarella, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), junto a científicos de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y del Centro Nacional Patagónico.

La producción fue realizada por Jumara Films en colaboración con National Geographic Pristine Seas y tuvo una amplia convocatoria. Se proyectó ante más de mil personas en funciones realizadas en Comodoro Rivadavia y Rada Tilly, y la semana pasada fue presentada ante unos 450 asistentes en el Centro Cultural de la Ciencia, dependiente del CONICET, en la Ciudad de Buenos Aires.

La ballena Sei había estado prácticamente desaparecida durante casi cien años como consecuencia de la caza intensiva que sufrió a lo largo del siglo XX. Esta práctica diezmó su población en alrededor de un 80 por ciento, según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que la incluyó en su lista roja de especies amenazadas.

El regreso de la especie comenzó a detectarse a partir de indicadores indirectos, como patrones de respiraciones inusuales observados entre 2003 y 2004. Desde 2019, un relevamiento sistemático en el Golfo San Jorge, especialmente en la zona de Punta Marqués, permitió confirmar su presencia de manera sostenida. El equipo de investigación obtuvo registros precisos mediante el uso de drones y con asistencia técnica de la Fuerza Aérea Argentina, cubriendo un extenso tramo costero entre Pico Salamanca y el sur de Caleta Olivia.

Los análisis genéticos confirmaron que se trataba efectivamente de ballenas Sei y permitieron estimar frecuencias de avistaje nunca antes registradas en la región. Se trata de una especie que puede alcanzar los 18 metros de largo y superar las 20 toneladas de peso, con un cuerpo esbelto y una notable velocidad, que la convierte en una de las ballenas más rápidas del océano.

Su dieta se compone principalmente de krill, aunque también consume crustáceos y peces, y su esperanza de vida oscila entre los 50 y 70 años. Durante décadas fue cazada para la obtención de grasa utilizada como combustible y en la industria de la iluminación. Se estima que cerca de 300.000 ejemplares fueron capturados a nivel global, con otros 110.000 en el hemisferio sur, lo que explica la drástica reducción de su población. Actualmente se calcula que en el mundo quedarían entre 10.000 y 50.000 individuos.

El documental muestra además cómo el trabajo científico derivó en medidas concretas de conservación. Tras los relevamientos recientes, la ballena Sei fue declarada Monumento Natural en Chubut y se implementó el primer plan de manejo para el avistaje responsable, junto con la ampliación del Área Natural Protegida Punta Marqués.

La iniciativa también tiene un fuerte componente educativo, con proyecciones y charlas en escuelas, universidades y comunidades costeras, en articulación con los municipios de Comodoro Rivadavia y Rada Tilly, el Gobierno provincial y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

El regreso documentado de la ballena Sei es considerado uno de los fenómenos más esperanzadores para la biodiversidad marina del Atlántico Sur y abre una nueva etapa en el vínculo de la región con su entorno natural, históricamente asociado a la actividad petrolera, pero ahora también a la ciencia, la conservación y el conocimiento.

Con información de Infobae

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