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De Ayer a Hoy

La mujer que narra las historias barriales y de los bahienses destacados 

Laura Gamero es una de las autoras más relevantes de la ciudad. Sus primeros pasos en la literatura. El proyecto que hoy pergeña con la Biblioteca Rivadavia. “Escribir me mantiene entretenida”, reconoció.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco

Escribir es un arte que permite inmortalizar no solo pensamientos, sino también datos duros que pueden ser parte de un legado mastodóntico y perdurable. Lógicamente que cualquiera está en condiciones de plasmar con palabras en un papel o una computadora aquello que se desea comunicar, pese a lo cual como ocurre en todos los aspectos de la vida, abundan las personas que tienen un don especial para tal fin.

La literatura es extremadamente abarcativa, va desde lo real a lo ficcional, pasando por las variables que engloban las modalidades narrativa, lírica y dramática, además de géneros como el didáctico y el ensayo y sus diversas sub-variantes. Miles de autores alrededor del mundo aportan su talento y sumergen al lector en las más fascinantes experiencias que se puedan vivir.

Laura Griselda Gamero no solo deja huella con cada una de sus publicaciones, las cuales están entrecruzadas por su impronta docente, sino que también invita a cada uno de los actores destacados a formar parte de sus textos. Abnegada y generosa, pero al mismo tiempo meticulosa y detallista, brinda, quizás sin proponérselo, un servicio a la comunidad. En La Brújula 24, exhibe su itinerario con la humildad propia de las personas de bien.

“Nací en Tornquist, estudié la primaria en el Colegio Nuestra Señora de Luján y secundario en el que por entonces era el Nacional y actualmente lleva otro nombre. Me crié a una cuadra y media de la plaza principal, mis padres eran comerciantes, él era tapicero y ella hacía cortinas, se complementaban en el negocio”, sostuvo Gamero, con total franqueza y sencillez.

Y agregó que “nunca fui introvertida, me gustaba andar en bicicleta, pero paralelamente fui a inglés, danzas españolas, folklore, karate y hasta corte y confección por sugerencia de mi abuela que decía que si aprendía el oficio ya me podía casar en el pueblo. No le hice caso porque cuando terminé la escuela me radiqué en Bahía y aún por entonces era soltera (risas)”.

“En general fui una buena alumna, no era la mejor, tampoco la peor. De niña ya me complacía leer y era amiga de la gente de la Biblioteca Ernesto Tornquist, motivo por el cual hacía los deberes ahí y aprovechaba para traer algún libro para casa. Me agradaban mucho las publicaciones de ciencias naturales y todo aquello que era fantasioso”, describió con total entusiasmo.

Consultada respecto de la posibilidad de seguir perfeccionándose en un ámbito con todas las perspectivas para progresar, acotó que “por una serie de razones es que no pude continuar con mi formación lejos de casa, la principal fue el factor económico, mis padres no estaban en condiciones de sostener mis estudios en Buenos Aires, Córdoba o La Plata. Pero además me llevé matemática en el último de la secundaria, por lo que tuve que esperar un año y en ese lapso estuve trabajando en Serpico Publicidad, de Miguel Ángel Herrada”.

“Los sábados aprovechaba para asistir en Bahía a un taller literario y de artes gráficas, hasta que un día llegó María Elsa Sánchez de Linares, quien trabajaba en La Nueva Provincia, y pidió dos trabajos, uno de un hombre y otro de una mujer para publicarlos en el Oasis Literario de la Revista de Bahía. Uno de los seleccionados era mío, una poesía muy hermosa de mi autoría”, sintetizó sin alardear ni presumir por demás.

No obstante, reconoció que “eso me dio la pauta de que podía incursionar en esto, por lo que lo complementé estudiando Magisterio, Profesorado de Teatro y la especialización en Educación Inicial. En 2010 edité mi primer libro llamado ‘Cuentos con Sabor Italiano’, los cuales estaban referidos a personas con orígenes en aquel país europeo, matizados con recetas de cocina que mi prima sumó al momento de hacer la corrección del texto”. 

“Participé en muchos concursos nacionales y hasta internacionales en México, Guatemala y España, siempre estando rankeada entre los primeros 30, lo que me daba la pauta de que tan mal no hacía mi labor. Mi primer trabajo de investigación se tradujo en un libro sobre el Barrio Maldonado, mientras daba clases de Ciencias Sociales y Naturales en la Escuela N° 24 y, como soy oriunda de Tornquist, me tuve que poner a estudiar sobre el sector donde estaba emplazado el establecimiento educativo”, enunció Gamero.

Apelando a su memoria, rememoró parte del proceso: “Pedí ayuda a una vecina, que era la presidenta de la Sociedad de Fomento, la cual me contactó con habitantes históricos del lugar y fue ahí que descubrí que el barrio data de 1834, en la Campaña de Rosas, siendo uno de los más antiguos de Bahía Blanca y perteneciente a la línea de frontera de la Fortaleza Protectora Argentina. Hoy en día, el fortín aún está en pie, en manos privadas”.

“A partir de esa publicación se hizo más sencillo el contacto con Villa Nocito y Vista Alegre para que también tengan su historia reflejada en una edición especial. No resultó para nada difícil plasmarlo porque los orígenes de los tres barrios son la Chacra 24 que era la fundacional, la cual luego fue comprada por la familia Pronsato, derivando en que se cambie provisoriamente el nombre del sector”, añadió, posando su mirada sobre un punto fijo.

Asimismo, aseveró que “una ordenanza municipal de 1932 le dio el nombre definitivo de Barrio Maldonado por los talleres ferroviarios que estaban desde 1906 y no querían decir que vivían en Villa Pronsato porque con esa denominación se sentían menoscabados peyorativamente. Fue la directora de la escuela de ese sector la que envió una carta al Concejo Deliberante pidiendo el cambio de la denominación al barrio”.

“Para lograr cada uno de estos libros resultó importante escuchar a los vecinos más caracterizados y con más de 90 años. Tomaba nota e iba a la Dirección de Catastro para luego acudir al Museo del Ejército para recopilar toda la información. Un sacerdote también me ayudó con los archivos salesianos para armar el rompecabezas. Capaz que de un libro entero apenas me servía una página, pero de ese modo avanzaba hasta el producto final”, dijo Laura con especial énfasis.

Su perfil fue mutando, a partir del trayecto desandado: “Fue así que dejé de escribir las poesías con las que había iniciado mi camino en la Literatura, salvo excepciones para fechas Patrias. En mis comienzos como docente tuve a mi cargo los grados de primaria de chicos más grandes, pero luego me perfeccioné con los que recién iniciaban dicho ciclo, por lo que apelaba a los cuentos y fábulas para que entiendan sobre la vida de los próceres y momentos icónicos de la historia argentina. La guerra de Malvinas, por ejemplo, trataba de enseñarla a través de canciones para que esos niños comprendan de una manera más didáctica aquel episodio”.

“Los reconocimientos que recibí llegaron solos, aunque el mejor y más hermoso fue ser abuela, tal es así que a mis tres nietos les escribí un libro a cada uno, en español y en inglés porque la vida me los ha llevado lejos. A partir de que hubo gente que empezó a tomar en serio y valorar mi labor, el primero de los homenajes se dio en Saavedra, en 2016, por el libro ‘Raíces de mis raíces’ que me llevó 20 años en los que estuve recopilando datos y fundamentando lo escrito con actas de nacimiento, matrimonio y fallecimiento, sumada a la información que me suministró Migraciones en Buenos Aires”, apuntó, en pleno desarrollo del diálogo con este cronista.

Y acotó que “con el apoyo de la gente de la Biblioteca Rivadavia me animé a escribir las ediciones de ‘Mujeres haciendo camino y dejando huellas’ donde la gente elige a través de una urna sobre quiénes referirme en cada edición. Fue la directora la que me sugirió para el Bicentenario de la ciudad, poner en valor a la gente que hoy vive y trabaja en las instituciones bahienses, sea en deporte, cultura, educación o ciencia”.

“Esas personas sobre las que hoy escribo pueden ser las que le den nombre a las calles en un futuro, tal como ocurrió en su momento con Caronti, Parchappe, entre otros. Llevo cuatro libros evocando a mujeres destacadas y uno sobre hombres. Dejé en claro desde un primer momento que nunca quise tener la responsabilidad de elegir a esas personalidades, los asistentes a la biblioteca son los que sugieren, sin distinción de raza, religión ni nada por el estilo, con la única premisa de ponderar a los que hacen que Bahía sea la ciudad que es”, afirmó, sobre un proyecto que la entusiasma de sobremanera.

En ese mismo sentido, infirió que “a partir de la difusión que tuvo esta iniciativa es que se enteraron los pobladores de la región y me pidieron tomar en cuenta a vecinos de la zona que se han vinculado con este territorio a través de la Universidad o el Puerto. Fue así que nos pareció criterioso añadir a quiénes están enlazados con Bahía de manera indirecta”.

“La vida me tiene entretenida, gracias a todas estas publicaciones viajo mucho, algo que no me pesa teniendo en cuenta que mis hijos y mis nietos viven lejos. Mientras la salud me de, las ganas y el tiempo, seguiré con esta cruzada, sabiendo que los libros a los que estoy abocada en este momento se editarán hasta 2028, cuando la ciudad cumpla sus 200 años de vida”, manifestó, ilusionada con el resultado final de un ambicioso proyecto.

Ya sobre las postrimerías del ida y vuelta, Gamero confesó que “sigo en paralelo haciendo las antologías ferroviarias internacionales, lo que me vincula con personas de Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Ecuador y México, donde el objetivo es aportar como coautora un cuento, un informe técnico, lejos de una mirada política de aquel medio de transporte que hoy ya no tiene tanta preponderancia, pero sí mucha historia”.

“Lo mismo que sucedió en Argentina allá por finales del siglo pasado con el ferrocarril, también pasó con los países vecinos. La editora fue la que me sugirió coordinar todas las historias de esta temática que llegan a mis manos y, en función de eso, participar de este proyecto tan propio de nuestras raíces”, finalizó.

La tarde de los primeros días del invierno bahiense cae estrepitosamente, el frío es el marco que encuadra una jornada de junio reservada para el encuentro de Laura Gamero con este diario digital. La verborragia la describe, pero en paralelo el poder de síntesis para “no irse por las ramas”, dos valores indispensables para trascender. Con su granito de arena, aporta algo más a una celebración significativa para los vecinos de la ciudad, el bicentenario, para el que restan menos de tres años.

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