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INFORME ESPECIAL

Las Bibliotecas Populares “leen” con optimismo la participación de la comunidad

El esfuerzo para sostener un hábito con una rica historia. El daño que causó la pandemia. Cómo se reconvirtieron para atraer adeptos. La opinión de quienes día a día apuestan por un mundo más involucrado con la cultura.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/Twitter: @leandrogrecco

Las bibliotecas populares son asociaciones civiles sin fines de lucro, creadas por personas de una comunidad que vieron la necesidad de tener un espacio de estas características en su barrio y son mucho más que un lugar de préstamo de libros.

Dichos establecimientos brindan acceso a la información, la educación, la recreación y la cultura en forma amplia, libre y pluralista. Además, desempeñan un rol social fundamental en la sociedad, donde confluyen las diferentes cualidades de los vecinos de cada sector.

En tiempos en los que el apego por la lectura se encuentra en un franco retroceso, han logrado sostener su existencia a partir del ingenio y la astucia para reinventarse. En Bahía Blanca funcionan 19 de este calibre y, de modo aleatorio, La Brújula 24 conversó con referentes de algunas de ellas.

Biblioteca Rivadavia, historia viva bahiense

Laura Faineraij es uno de los puntales de la Biblioteca Rivadavia, verdadero emblema de la ciudad. Requerida por la redacción de este diario digital hizo una descripción del presente de la institución: “Estamos atravesando una situación muy delicada, al igual que las otras del mismo calibre que la nuestra. El principal inconveniente es la pérdida de socios y siempre estamos recurriendo a los bahienses para que se acerquen porque no somos entidades estatales, somos autónomas y sin fines de lucro”.

“Nos mantenemos solo con el aporte de quienes abonan la cuota. En estos momentos hay 1200 socios activos, es muy poco para una ciudad como Bahía Blanca de más de 300 mil habitantes. La pandemia nos perjudicó porque, al tener que estar cerrados, perdimos socios y el contacto con los usuarios en general. Recién desde finales del año pasado estamos remontando la situación”, destacó Faineraij, en relación a cómo han ido surfeando la ola.

Y observó la mitad del vaso lleno: “Lo positivo en nuestro caso es que en este mes estamos cumpliendo 141 años y organizamos una feria de bibliotecas populares. Invitamos a todas a que vengan a participar de este evento que consistió en que cada una trajera materiales de libros duplicados para vender, al igual que revistas y material artesanal que producen”.

“Cada una tuvo un stand para exponer su material. Luego presentamos un espectáculo que se llama Vamos a la Mar, un ensamble de narraciones y música con la labor del Coro Inestable del Conservatorio bajo el director Germán Falcioni y la narración oral a cargo del grupo Bahía Lee”, exclamó, en otro segmento de su testimonio.

Luego, volvió a la mirada macro: “En cuanto a los desafíos, en una era donde todo es pantalla, imágenes e inmediatez, a las bibliotecas nos cuesta actualizarnos. En nuestro caso estamos yendo en dos direcciones: la digitalización de los periódicos más antiguos y combinar la actividad clásica del préstamo y retiro de libros con otras actividades culturales. Vamos en camino a convertirnos en un centro de encuentro donde se desarrollan todo tipo de propuestas en la sala de lectura y el auditorio Luis Caronti”.

“Todas las actividades que desarrollamos tienden a acercarse a los lectores de todas las edades porque la idea es que los niños se sumen a visitarnos. Durante todo el mes de julio promovemos un concurso de dibujo infantil para chicos y chicas de 5 a 11 años. En nuestra página Web tenemos la información actualizada, además de nuestras redes sociales, donde estamos fomentando, por ejemplo, las visitas guiadas durante las vacaciones de invierno”, añadió.

Por último, puntualizó que “tenemos el catálogo en línea, con todo el material bibliográfico que asciende a más 150 mil libros, además de los diarios publicados en Bahía Blanca, revistas y mapas. El edificio donde funcionamos es patrimonio arquitectónico nacional, por eso debemos cuidarlo y conocerlo”.

“Nuestro desafío apunta a los adolescentes”

En Chile 2385 funciona la Biblioteca Popular Mafalda. El trabajo que Silvia Farina y un pequeño grupo de personas mantienen a flote un espacio en el que todo se hace a pulmón, con escasez de recursos y un amor inconmensurable por sumar valor agregado, priorizando la cultura y el esmero para sostener la calidad institucional.

“Hace 14 años que estamos funcionando y nunca tuvimos acceso a un subsidio, más allá de alguna ayuda puntual que recibimos por parte del Municipio. También hemos recibido colaboración de la Cooperativa Obrera y Codimat para realizar algunos talleres. La cuota de los socios es módica y no todos los pagan, teniendo en cuenta que estamos en una zona bastante carenciada”, señaló Farina.

Vía telefónica, recordó que “el edificio ubicado en el terreno de mi hija, donde junto a mi marido levantamos una casa prefabricada, luego de haber funcionado en la Sociedad de Fomento del Barrio Thompson, de donde nos echaron en 2019. Si bien fuimos reconocidos por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, estamos inmersos en una maraña de papeles y trámites que hace que todo sea muy engorroso”.

“El stock de libros que tenemos es donado casi en su totalidad, salvo alguno que hemos comprado. Editoriales y el gobierno nos mandaron algunos ejemplares y el resto llegó gracias a la generosidad de la gente que nos regaló para engrosar nuestro catálogo. La mayoría de quienes acuden diariamente son chicos y de a poco hemos visto que también se han acercado los padres”, aclaró, en otro tramo de su alocución.

Sobre las alternativas que brindan puntualizó: “Dictamos talleres y hasta la gente mayor que está terminando la primaria o la secundaria hace uso de nuestras instalaciones para estudiar y los ayudemos con las tareas. También propiciamos espacios de lectura, títeres y hasta origami. Cuando mudamos nuestra sede, si bien fueron pocas cuadras respecto de la anterior, apareció gente nueva y muchos chicos del barrio Thompson nos siguieron”.

“Este año tenemos un grupo importante de jóvenes que participan activamente en los talleres. Tenemos un club de ciencias donde tratamos de incorporarles todos los conocimientos nuevos, haciendo foco en la inteligencia artificial que está tan de moda. Los temas van surgiendo de acuerdo a lo que ellos nos preguntan y coordinamos con alumnos de la Universidad de Medicina para que hagan talleres lúdicos con los más pequeños”, comentó.

Por último, afirmó: “El desafío de nuestra biblioteca apunta a los adolescentes, lo vemos cuando nos encontramos con que los cursos de ajedrez son muy elegidos por los adultos y lo propio ocurre con los de peluquería y manicuría. A partir de los 12 años, muchos jóvenes que antes acudían casi diariamente, se alejan y es a ellos a los que debemos seducir para que sigan siendo parte de esta institución”.

La difícil tarea de convocar nuevos socios

Carina Zabaloy forma parte de la Biblioteca Daniel Aguirre, ubicada en el corazón del Barrio Universitario: “La institución en este momento se encuentra complicada. Si bien no es algo nuevo, la pandemia hizo que la situación financiera se complejice. Perdimos muchos socios porque en la sociedad de fomento funcionaban distintas prestaciones y, en marzo de 2020, unos días después de haberse iniciado el cierre total por la pandemia, la Municipalidad decidió sacar la unidad sanitaria, después de más de 50 años”.

“La falta de ingresos es algo que aún hoy repercute en una cuesta arriba de la que intentamos salir haciendo rifas, bingos, alquilando el salón para eventos sociales y profesores. A eso se le suma la cuota social, pero no alcanza para sostener los sueldos, cargas sociales, impuestos y seguros. El edificio es propio de la sociedad de fomento, pero como cada edificio necesita de un mantenimiento y gastos imprevistos”, reveló quien, además, colabora con la Biblioteca Jorge Luis Borges.

Sobre la entidad que funciona en la Sociedad de Fomento ubicada en Uruguay al 400, sostuvo: “No tenemos un catálogo, contamos con una estantería abierta. Cuando aparece alguna partida de dinero excedente, lo que hacemos es comprar libros y nos actualizamos de distintas formas. Incluso en pandemia, armé un Instagram y llevé adelante la institución, con videos que mostraban lo que se ofrece y hasta reseña de distintas publicaciones. Quienes acuden habitualmente ya saben cómo moverse, nuestra biblioteca es muy amigable y está bien señalizada, aunque lo más importante es que siempre vuelven, pese a que por alguna razón se alejen geográficamente”.

“También es de gran ayuda el Facebook para generar esa ida y vuelta con la gente. En los momentos más críticos, armé una cadena de socios por Whatsapp para que cada uno pueda sumar a más interesados en vincularse con la biblioteca. Hoy somos más de 220 a los que les envío información todos los lunes y con los cuales se genera un lindo ida y vuelta porque suelen preguntarme inquietudes sobre determinados libros”, agregó, complementando el dato anterior.

Zabaloy recordó que “cuando los empleados pudimos ingresar, en tiempos en los que se liberaban lentamente las actividades porque el Covid ya empezaba a quedar atrás, propiciamos el préstamo de los ejemplares pese a que los socios no estaban autorizados a entrar. Se hizo un protocolo, aprovechando unas ventanas para entregar los libros. En algunos casos fue más sencillo que en otros porque cuando no te solicitaban un título en particular, hacíamos videollamadas. Había días específicos para hacer la logística, pero lo importante es que la biblioteca no paró, incluso en 2020”.

“En nuestro caso particular, somos una de las pocas bibliotecas populares que no tienen acceso a la Conabip, que es la Comisión Nacional que las nuclea, por ende, no tenemos el subsidio que otras sí reciben, como tampoco la capacitación ni la facilidad de que nos lleven a la Feria del Libro”, dijo una de las más conocidas trabajadoras en este ámbito dentro de la ciudad.

Al epílogo, reconoció: “Siempre falta algo para cumplir con todos los trámites burocráticos y es solo la Provincia la que nos envía una subvención que suele atrasarse en los pagos. Recibimos donaciones, pero muy selectas porque estamos en el primer piso y el material que acercan debe ser lo que realmente estamos buscando”.

Las bibliotecas populares merecen el mayor de los respetos, por ellas han pasado decenas de miles de bahienses en distintos momentos de su vida. Acompañan la formación de niños, estimulan el hábito de lectura de adultos y son un lugar de encuentro para quienes transitan la ancianidad. No dejemos que desaparezcan.

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