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A cancha llena

Ponzio tuvo su despedida como futbolista en el Monumental

El León celebró con figuras nacionales e internacionales que lo acompañaron en sus dos etapas para convertirse en el más ganador de la historia de River. Estuvo Gallardo, pero no jugó.

“Vení, vení, canta conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano, de Leo Ponzio, todos la vuelta vamos a dar”, atrona en Udaondo y Figueroa Alcorta cuando Leonardo Ponzio ingresa por última vez al campo de juego del Monumental, con una luz que lo enfoca solamente a él. El jugador con más títulos (17) en la historia del club se para en la mitad de la cancha, levanta el brazo derecho y el izquierdo se lo lleva al corazón, da vuelta sobre su eje y saluda a los cuatro costados. Luego, se agarra la cabeza de la emoción que lo invade y el periodista Matías Martin, el conductor de la fiesta, le acerca el micrófono y Ponzio, con su voz entrecortada, le agradece a los hinchas y a todos su ex compañeros y a su familia: “Sin ustedes no hubiera logrado todo esto que lo soñé pero nunca lo imaginé”.

En una pequeña grada armada en la puerta del área del arco que da a la Sívori, lo aplauden no solo quienes compartieron vestuario con Leo en River, sino también glorias de la institución, amigos futbolistas, otros deportistas, actores y Marcelo Gallardo –que no jugó por cuestiones físicas– y su cuerpo técnico. Hubo emoción por todo el Monumental. La previa fue amenizada con shows de freestyle y música. Y luego arrancó un partido, arbitrado por Pablo Lunati, confeso hincha fanático del Millonario.

La dirigencia tuvo su momento antes del partido para, encabezada por el actual presidente Jorge Brito y el ex Rodolfo D’Onofrio, entregarle un cuadro con una camiseta firmada por sus compañeros y otro con la mítica cinta de capitán roja que llevó durante tanto tiempo. 

En los equipos iniciales (todas las camisetas tenían el 23, el número de Ponzio, que en ese minuto recibió una ovación tremenda con banderas inclusivo) hubo campeones de la Libertadores 2015 de un lado y de la de 2018 del otro. Ponzio arrancó el encuentro con los segundos, que tenían la camiseta roja alternativa. Junto a él jugaban: Lux, Zuculini, Hernán Díaz, Zuculini, Pinola, Casco, Nacho Fernández, Enzo Pérez, “Chori” Domínguez, Pratto y Scocco. Y del otro lado, con la casaca tradicional de River, estaban: Chiarini, Mammana, Maidana, Urribarri, Astrada, Ariel Rojas, Martín Aguirre, Ortega, Cavenaghi, Francescoli, y Quintero.

El Beto Alonso dio el puntapié inicial y el estadio explotó. Después, ingresaron muchas otras figuras en ambos equipos como Juanfer Quintero, D’Alessandro, Abreu, Maxi Rodríguez, Belluschi, Augusto Fernández, los hermanos Diego y Gabriel Milito, entre otros y también personajes destacados del deporte como los tenistas David Nalbandian, el automovilista Facundo Ardusso y los polistas Gonzalo, Facundo y Nicolás Pieres.

El resultado fue anecdótico, pero el juego dejó pinceladas de otros ídolos del Millonario como  Enzo Francescoli -un golazo, luego de gambetear y pasar entre varias piernas y definir cruzado-, Cavenaghi -que tiró un taquito en el día de su cumpleaños-, Ortega -con sus característicos enganches- y hasta Enzo Pérez, que se dio el lujo de volver a ponerse el buzo verde para ser arquero, como aquella épica noche de Copa Libertadores el año pasado.

El mendocino hasta se dio el gusto de patearle un penal a Ponzio, que se lo atajó sobre el palo derecho en una de las últimas acciones del partido.

Para el cierre apareció la cantante Soledad Pastorutti, amiga de Leo, que entonó uno de sus éxitos y dejó una frase que seguro resonará por siempre en el León: “Por una noche como ésta, doy mi vida…”. En la mitad de la cancha, emocionado, Ponzio no dejó de abrazarse a su hija Paula. 

Ponzio ya es leyenda. Y se lo ganó a base de esfuerzos. Es que el otro gran mérito de Leo es que es el primer volante central en tener un partido despedida en un club donde los homenajeados eran los “10” o los goleadores. “De River me van a tener que echar para irme”, dijo Ponzio en 2014 cuando no era tenido en cuenta por Ramón Díaz. Tenía claro su objetivo. Había vuelto dos años antes para poner el pecho en el ascenso, y para hacer historia. Y la hizo. Es el símbolo del ciclo del “Muñeco”. Es ídolo del club. Es un capitán eterno.

Fuente: Clarín

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