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Cómo limpiar correctamente los tuppers de plástico para evitar contaminación de alimentos
Las tapas, juntas y ranuras pueden acumular restos de comida y humedad. Recomiendan desmontar las piezas, lavar en profundidad y secar por completo antes de volver a utilizarlos.
Los recipientes de plástico reutilizables forman parte de la vida cotidiana, pero una limpieza superficial puede no ser suficiente para evitar la acumulación de suciedad y microorganismos capaces de contaminar los alimentos.
El principal problema suele aparecer en sectores difíciles de alcanzar, como bordes, cierres, tapas y juntas de goma, donde pueden quedar pequeños restos de comida o humedad aunque, a simple vista, el envase parezca perfectamente limpio.
Las recomendaciones del Codex Alimentarius, elaborado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), establecen que todos los elementos que entran en contacto con alimentos deben poder limpiarse adecuadamente y, cuando sea necesario, ser desinfectados.
Por ese motivo, antes de lavar un recipiente es aconsejable retirar por completo los restos de comida y desmontar las piezas que puedan separarse, especialmente las juntas de las tapas.
Luego debe utilizarse agua potable y detergente apto para la limpieza de elementos que estarán en contacto con alimentos. La tarea no debería limitarse al interior del recipiente: también es necesario repasar cuidadosamente esquinas, cavidades y sistemas de cierre.

Otro punto clave es el secado. Guardar un tupper todavía húmedo y cerrado puede favorecer que persistan residuos en zonas poco ventiladas. Lo recomendable es dejar todas las piezas completamente secas antes de armarlas nuevamente y guardarlas.
También conviene revisar periódicamente el estado de los recipientes. Grietas, deterioros o sectores que ya no pueden limpiarse correctamente dificultan mantener condiciones adecuadas de higiene y pueden ser una señal de que llegó el momento de reemplazarlos.
La limpieza del envase, sin embargo, es solamente una parte de la seguridad alimentaria. La OMS recomienda además mantener separados los alimentos crudos de los cocidos para reducir el riesgo de contaminación cruzada. Un recipiente utilizado para carne cruda, por ejemplo, debe lavarse correctamente antes de destinarlo a una comida ya preparada.
También es fundamental respetar la cadena de frío. Los alimentos perecederos deberían refrigerarse dentro de las dos horas posteriores a su cocción o retiro de la heladera. Si la temperatura ambiente supera los 32 grados, ese margen se reduce a una hora.
Para acelerar el enfriamiento, una alternativa es distribuir la comida en recipientes pequeños y poco profundos. Los alimentos cocidos conservados en la heladera, además, deberían consumirse o congelarse dentro de los cuatro días.
De esta manera, una rutina sencilla que combine lavado profundo, secado completo, refrigeración adecuada y separación entre productos crudos y cocidos puede disminuir considerablemente los riesgos asociados con la conservación de los alimentos.
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