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Un merendero que nace como red solidaria y asiste a más de 60 familias

Los Peques de las Quintas surge en el Saladero tras el temporal de diciembre de 2023 y no detiene su compromiso social. Entrega viandas, organiza roperos comunitarios y sueña con tener la sede propia.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco / Instagram: @leandro.grecco / X: @leandrogrecco

En el sector de quintas del barrio Saladero, en Ingeniero White, hay un grupo de mujeres que desde hace tiempo decidió transformar la preocupación por sus vecinos en una tarea concreta. Allí funciona el merendero Los Peques de las Quintas, una organización que nació del compromiso de varias madres del sector y que, con recursos limitados, acompaña actualmente a decenas de familias.

La idea había comenzado a tomar forma mientras algunas de sus integrantes colaboraban con la cooperadora de la escuela y el jardín del barrio. El proyecto estaba latente, pero necesitaba un impulso para ponerse definitivamente en marcha. Ese momento llegó de la peor manera: a partir de uno de los desastres climáticos que golpeó a la ciudad.

“El merendero nació por la iniciativa de un grupo de mamás. Ya teníamos desde hacía rato la idea de poder aportar un granito de arena más grande. Lamentablemente sucedió lo del temporal y ese fue el impulso que nos faltaba para que esa idea se hiciera realidad”, explicaron las responsables de la institución.

A partir de entonces, la ayuda dejó de ser algo ocasional y comenzó a organizarse de manera permanente. Actualmente, 62 familias están anotadas y reciben asistencia regular. Todas pertenecen al sector de quintas del Saladero. Sin embargo, la demanda supera ampliamente la capacidad disponible.

“Lamentablemente no podemos incrementar el cupo por falta de insumos, pero siempre tratamos de hacer asistencias de emergencia, con bolsones de mercadería, para aquellas familias que lo soliciten sin importar de qué sector sean”, señalaron.

Una necesidad que se hace cada vez más visible

El escenario económico también modificó el perfil de quienes se acercan en busca de ayuda. Las integrantes del merendero aseguran que hay familias que hasta hace poco podían resolver sus necesidades cotidianas y que ahora comenzaron a pedir alimentos o ropa.

“Por la realidad que está viviendo el país en este momento, el número de gente que pide ayuda es bastante mayor. Hay muchos que antes no venían a buscar una vianda de comida y ahora sí lo hacen”, contaron. Detrás de cada uno de ellos hay una historia diferente.

“Está la persona que se acerca con vergüenza a pedir un poco de leche para sus hijos, quienes piden ropa porque ya no les alcanza con el sueldo y también gente que pide un poco de harina para poder emprender. Hay realidades diferentes y lamentablemente hoy se ve mucho más la necesidad”, explicaron.

No siempre se trata de familias sin ingresos. También aparecen trabajadores que, aun teniendo empleo, encuentran cada vez más dificultades para cubrir los gastos básicos del hogar. Para quienes integran Los Peques de las Quintas, escuchar esas solicitudes se convirtió en parte de una rutina que no deja de movilizarlas.

Ropa, viandas y meriendas

El funcionamiento cotidiano depende de distintas fuentes de colaboración. Una de las principales es la donación de ropa realizada por vecinos de Bahía Blanca e Ingeniero White. Ese aporte permite sostener un ropero comunitario una vez por semana.

También se preparan viandas de comida y meriendas, para las que reciben productos secos enviados por el área de Políticas Sociales del Municipio. A eso se suma la colaboración de los socios del merendero, cuyos aportes económicos permiten comprar verduras, garrafas, carnes y pollo.

“Siempre para nosotras lo más difícil de conseguir son los alimentos frescos que hoy están mucho más caros”, indicaron. La dificultad para adquirir determinados artículos termina marcando, muchas veces, hasta dónde puede llegar la ayuda. El objetivo, sin embargo, es que ninguna necesidad urgente quede sin respuesta.

Cuando detrás del pedido hay un chico

Todas las integrantes del grupo son madres. Quizás por eso, aseguran, las situaciones que involucran a niños son las que más las atraviesan. “Historias hay miles y  ver a una criatura pasando una necesidad es algo que nos marca muchísimo”, expresaron conmovidas y casi al unísono.

Esa preocupación también explica por qué una parte importante del trabajo está dirigida a generar momentos de encuentro por fuera de la asistencia alimentaria. Cada año impulsan actividades especiales para el Día del Niño, Navidad y otras fechas, con una premisa sencilla: que por algunas horas los chicos puedan olvidarse de los problemas que atraviesan sus familias.

“Tratamos de que nuestro trabajo sea primordialmente para ellos y poder hacerlos salir de esa realidad dura que algunos están pasando. Por eso hacemos mucho hincapié en los festivales para que sea un día inolvidable”, señalaron. En medio de las necesidades más básicas, también aparece el derecho a jugar, festejar y compartir.

Más de 300 viandas por día durante la inundación

Hay un episodio que ninguna de las integrantes de Los Peques de las Quintas olvida. Fue durante la inundación que golpeó a Bahía Blanca, cuando durante aproximadamente un mes el grupo trabajó casi sin descanso para responder a la emergencia. En aquellos días llegaron a preparar más de 300 viandas de comida.

La tarea se articuló además con cadetes que pusieron sus motos a disposición para acercar los alimentos a diferentes sectores. “Fue un mes de trabajo sin parar. Elaborábamos los alimentos y trabajábamos con los delivery de PedidosYa, que con sus motos iban para todos lados repartiendo”, recordaron.

La emergencia imponía seguir. “El cansancio no pudo ganarle a la voluntad de ayudar que teníamos. Seguimos adelante aunque ya no podíamos más. Fue de las cosas más hermosas que pudimos hacer por los demás y nos quedó grabado a todo el grupo”, señalaron.

El recuerdo todavía mezcla sensaciones. “Siempre lo recordamos con mucha pena, pero también con orgullo de saber que lo logramos a pesar de todo”.

El sueño de tener una casa propia

A pesar del volumen de trabajo que desarrollan, el merendero no cuenta actualmente con una sede propia. Las actividades se realizan al aire libre. Por eso, conseguir un espacio físico propio se convirtió en el principal objetivo de la organización. “Nuestro mayor sueño es tener un lugar porque realizamos todas las actividades al aire libre y guardamos todo en una casa particular de una de nosotras”, explicaron.

No se trata únicamente de resolver una cuestión logística. La posibilidad de contar con un inmueble permitiría ampliar las actividades proyectadas y convertir a este merendero en un espacio comunitario permanente.

“Tener un espacio propio nos abriría nuevas oportunidades: poder realizar talleres para los chicos del barrio, cursos para los padres de las familias y generar un lugar de encuentro”, se esperanzaron. La intención es que ese eventual espacio no funcione únicamente cuando haya comida para entregar.

“La premisa es que todos tengan un lugar en el cual, siempre que lo necesiten, puedan sentirse contenidos, tanto chicos como grandes, y que sepan que el merendero siempre va a tener las puertas abiertas para ellos”. Para el grupo, el acompañamiento también pasa por eso que no figura en ninguna lista de donaciones. “A veces no hace falta más que escuchar, un abrazo para no sentirse solo y nosotras nos creemos capaces de brindarlo”, resumieron.

Cómo colaborar

La continuidad del merendero dependerá –en buena medida– de la solidaridad de toda la comunidad. “Aquellas personas que deseen colaborar pueden hacerlo con esa ropa que ya no necesitan, siempre que esté en condiciones porque alguien la va a recibir, o mercadería de cualquier tipo para la asistencia de las familias y las viandas que realizamos”, explicaron.

También invitaron a conocer el trabajo cotidiano que llevan adelante a través de sus redes sociales, donde muestran buena parte de las actividades, campañas y necesidades. En el Saladero, Los Peques de las Quintas nació como una idea de un grupo de madres y terminó convirtiéndose en una red de contención para decenas de hogares.

Sin edificio propio, con recursos que muchas veces resultan insuficientes y frente a una demanda cada vez mayor, la organización sostiene una tarea que se alimenta, sobre todo, del tiempo y la voluntad de quienes decidieron involucrarse. Porque detrás de cada bolsón, cada vianda y cada prenda entregada también hay algo menos visible: un grupo de vecinas dispuestas a escuchar cuando alguien golpea la puerta en busca de ayuda.

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