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A 6 años de su muerte, las hijas de "Cacho" Feliziani se emocionan con el homenaje que lo inmortaliza en Bahía
El Concejo Deliberante aprobó que una calle lleve el nombre de Cacho Feliziani. Sus tres hijas recuerdan con emoción al histórico referente de Napostá y al padre que extrañan todos los días.
Cecilia Corradetti / Especial para La Brújula 24
Juliana Feliziani manejaba cuando alguien envió un video al grupo de WhatsApp de la familia. Era una sesión del Concejo Deliberante de Bahía Blanca. La concejal Fabiana Ungaro hablaba de Atilio “Cacho” Feliziani, su papá; de todo lo que había significado para el básquet de la ciudad y del proyecto para que una calle llevara su nombre. No alcanzó a terminar de escucharlo. "Se me llenaron los ojos de lágrimas. Fue una emoción enorme y un orgullo tremendo", recuerda “July”, en diálogo con La Brújula 24.
La noticia llegó seis años después de la muerte de Atilio Eduardo "Cacho" Feliziani, uno de los grandes nombres de la historia deportiva bahiense. Jugador, dirigente, entrenador, árbitro y presidente del Club Napostá, fue uno de esos hombres que ayudaron a construir la identidad basquetbolística de una ciudad que hizo del deporte una marca registrada. Ahora, el homenaje impulsado por la concejal Fabiana Ungaro y aprobado por el Concejo Deliberante hará que su nombre quede para siempre en una calle ubicada en las inmediaciones del Dow Center.
Sin embargo, para Marcela, Adriana y Juliana, el reconocimiento trasciende por completo su trayectoria deportiva. Cuando hablan de Cacho no piensan primero en el jugador ni en el dirigente. Piensan en el padre.

Atilio “Cacho” Feliziani (Foto cortesía La Nueva)
"Para mí fue un capo", resume Juliana. Dice que heredó de él esa facilidad para animarse a los negocios y esa pasión por emprender. "Siempre digo que mi veta comercial la saqué de papi", cuenta entre risas. Pero enseguida aclara que el mayor legado fue otro. "La unión de la familia. Eso nos lo enseñaron papá y mamá. Los domingos siempre eran de todos juntos y hoy trato de hacer exactamente lo mismo con mis hijos y con mis hermanas. Ese amor por la familia nos quedó para siempre", señala.
La idea de que una calle lleve el nombre de su papá todavía le cuesta creerla. "Es el mejor homenaje que podían hacerle. Hizo muchísimo por el básquet y por Napostá. Yo hasta sueño con comprarme una casa en esa calle. Mirá lo que te digo. Me encantaría vivir en una calle que lleve el nombre de mi papá", resume.
Marcela sonríe apenas empieza a describirlo. "Era un personaje", dice. Y enseguida aparecen los adjetivos que, para ella, mejor lo retratan: "Apasionado, fanfarrón, trabajador, de carácter fuerte, generoso, pícaro y muy buen cocinero. Le encantaba organizar festejos".
Dice que con los años cambió mucho. "Se volvió más sensible y más cariñoso. Fue un abuelo súper presente. Mis hijos lo amaban y lo disfrutaron muchísimo", dice. También recuerda un gesto que repetía cada vez que viajaba. "Siempre volvía con algo para nosotros. Era muy generoso y muy compañero. La verdad es que se lo extraña muchísimo".
Adriana no duda cuando le preguntan quién fue Cacho en su vida. "Él era mi amigo", responde. Y en esa definición parece resumirse todo. "Era la persona que se alegraba con mis logros, se amargaba con mis tristezas y me enseñó que cada vez que uno se cae, al otro día hay que levantarse, bañarse y ponerle el hombro a la vida, con plata o sin plata en el bolsillo".
Lo recuerda como un hombre visionario, inteligente, corajudo, amante de las reuniones familiares y de las celebraciones. "Para mí fue todo, con sus virtudes y también con sus errores. Hoy, después de seis años, todavía se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso en él. Jamás imaginé que iba a extrañarlo tanto".
Hay un recuerdo que la acompaña y que hoy la reconforta. "Hasta las últimas horas de su vida fui a verlo todas las tardes. Él esperaba que llegara con una sonrisa y yo iba con esa sonrisa. Eso me deja tranquila. Pero uno siempre quiere tener un poco más a las personas que ama", reflexiona.

Cacho, un padre inolvidable. Aquí junto a sus hijas Marcela y Adriana. Años después llegaría “July”.
Qué dice el proyecto impulsado desde el Concejo Deliberante
La concejal Fabiana Ungaro, autora del proyecto, explicó que el homenaje nació de una convicción. "Para que existiera Alberto Pedro Cabrera o Lito Fruet, antes tuvo que existir Cacho Feliziani. Él abrió un camino y fue un actor fundamental en la historia del básquet de Bahía Blanca. Me pareció que la ciudad tenía una deuda con él", dijo.
En los fundamentos de la ordenanza recordó que integró la Selección de Bahía Blanca desde muy joven, fue campeón con la Selección de la Provincia, vistió la camiseta argentina y dedicó toda su vida al básquet desde distintos lugares. Pero también sostuvo que ponerle su nombre a una calle permitirá que las nuevas generaciones se pregunten quién fue ese hombre y descubran la historia de uno de los pioneros que ayudó a convertir a Bahía Blanca en la Capital Nacional del Básquet.
Las hijas escuchan esas palabras con orgullo. Saben que el reconocimiento habla del deportista, pero ellas no pueden evitar pensar en el hombre que llegaba a casa, organizaba un asado, reunía a la familia y hacía sentir que siempre había un motivo para celebrar. Dicen que el paso del tiempo no alivió demasiado la ausencia. Hay días en los que lo extrañan más que otros, sobre todo cuando ocurre algo importante y la primera reacción sigue siendo pensar en contarle.
Por eso, cuando Juliana vio aquel video mientras manejaba, entendió que la ciudad acababa de regalarles algo mucho más profundo que un homenaje. Cada vez que alguien lea un cartel con el nombre de Cacho Feliziani o pregunte cómo llegar a esa calle, de alguna manera volverá a pronunciar su nombre. Y para tres hijas que todavía lo recuerdan todos los días, no hay forma más hermosa de comprobar que algunas personas nunca terminan de irse.
La elección del lugar tampoco fue casual. La calle designada se encuentra en las inmediaciones del Dow Center, uno de los polos actuales del básquet bahiense, y muy cerca de otra arteria que lleva el nombre de Alberto Pedro Cabrera. Según explicó la concejal Fabiana Ungaro, la intención fue vincular el reconocimiento con un espacio que representa el presente y el futuro de la formación deportiva en la ciudad. "Hoy es una cuadra, pero con el desarrollo de ese sector va a continuar creciendo", señaló, convencida de que el nombre de Cacho Feliziani acompañará también el crecimiento de ese nuevo polo del básquet.
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