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Con su primer sueldo compró productos para lavar autos y empezó a construir su sueño

A los 18 años, Pedro Gullini trabaja toda la semana rodeado de autos y los fines de semana creó GulliShine, su emprendimiento. Hoy suma clientes con videos en las redes y sueña con abrir algún día Gullini Motors, y seguir el legado de su abuelo.

Cecilia Corradetti / [email protected]

Hay personas que tardan años en descubrir qué quieren hacer con su vida. Pedro Gullini no. Apenas terminó la secundaria ya tenía una convicción: quería vivir entre autos. No sabía exactamente cuánto demoraría en cumplir ese sueño, pero sí que no pensaba quedarse esperando.

Hoy tiene 18 años. De lunes a viernes trabaja aprendiendo el oficio en una concesionaria y los fines de semana se pone otra camiseta: la de GulliShine, el emprendimiento de lavado y detailing que creó con una inversión muy particular.

"No quería tener la plata frenada", recuerda sobre el primer sueldo que cobró. Fue entonces cuando apareció una conversación que cambió el rumbo de esos primeros ahorros.

—¿Y por qué no comprás productos para lavar autos, si es algo que te gusta tanto?— le dijo su papá.

No dudó. Compró los primeros insumos, armó un pequeño espacio para trabajar y empezó a ofrecer sus servicios. Sin empleados, sin grandes herramientas y con una sola convicción: si quería llegar lejos, había que empezar por algún lado.

Los primeros clientes aparecieron de a poco, en el barrio. Después decidió vencer otra barrera: la vergüenza.

Tomó el celular, comenzó a grabar videos mostrando el antes y el después de cada vehículo y los publicó en Instagram (@gullishine). Sin estrategias de marketing ni campañas pagas. Solamente mostrando cómo trabajaba.

La respuesta lo sorprendió.

“Nunca imaginé que iba a crecer tanto en tan poco tiempo. Cada cliente que confió en mí, cada persona que me recomendó y cada mensaje de apoyo fueron fundamentales para que hoy el emprendimiento siga creciendo", dice con un entusiasmo que contagia.

Para él, el secreto nunca estuvo en las redes.

"Creo que GulliShine creció por la honestidad. Trato cada auto como si fuera mío. Y si alguna vez me equivoco, no pongo excusas. Voy, lo soluciono y hago todo lo posible para que el cliente quede conforme. Después las recomendaciones llegan solas", relata.

Pedro podría hablar horas sobre ceras, pinturas, detailing o pulidos. Los autos son mucho más que un trabajo. Son su vocación.

Por eso, mientras sigue aprendiendo todos los días, ya tiene perfectamente dibujado el próximo paso. Su gran sueño es abrir una concesionaria propia y bautizarla Gullini Motors, en homenaje al viejo taller que alguna vez tuvo su abuelo Luis.

"Quiero volver a darle vida a ese nombre. Me imagino un lugar donde la gente entre con confianza y se vaya tranquila de haber hecho una buena compra. Ojalá algún día Gullini Motors pueda estar en distintas partes del país, pero sin perder nunca los valores con los que empezó", reflexiona.

Mientras tanto, no tiene apuro. Prefiere aprender antes de dar el gran salto.

"Estoy trabajando para ganar experiencia. Quiero conocer bien este mundo antes de abrir mi concesionaria", aclara.

Su familia siempre estuvo cerca. Hijo de Adrián y Soledad, es trillizo de Clara y Franco y reconoce que al principio a sus padres les costó aceptar que eligiera un camino distinto al universitario.

"Valoro muchísimo a quienes estudian una carrera. En mi caso sentí que hoy mi camino iba por otro lado. Con el tiempo vieron las ganas que le pongo y ahora confían en mí porque saben que doy todo cuando me propongo algo", dice.

Quizá la frase que mejor resume quién es Pedro no tenga que ver con los autos.

Tiene que ver con la vida.

"No me pongo metas. Me pongo objetivos. Porque cuando alcanzás una meta, ¿qué sigue? En cambio, los objetivos hacen que trabajes todos los días. Tengo muchos y los quiero cumplir todos. No me puedo morir sin cumplir ni uno", advierte, con una madurez que sorprende.

Y antes de despedirse deja un mensaje para otros jóvenes que todavía dudan en empezar.

"Que no esperen el momento perfecto, porque capaz nunca llega. Que arranquen con lo que tengan. Que no les dé vergüenza. Si uno trabaja de verdad, es honesto y es constante, tarde o temprano los resultados llegan”, concluye.

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