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Perros peligrosos: "El problema es social, no de los animales"

Tras el ataque sufrido por una vecina de Villa Bordeu, el veterinario Ariel Saráchaga analizó el caso en La Brújula 24 y advirtió sobre la necesidad de controles más severos y tenencia responsable.

El ataque de dos dogos a una mujer en Villa Bordeu, que sufrió graves heridas en los brazos al intentar protegerse, volvió a abrir el debate sobre la tenencia responsable de estos animales, los controles y la respuesta institucional ante episodios reiterados. El caso, que fue relatado por la propia víctima a La Brújula 24 y que reavivó reclamos vecinales por situaciones previas en la zona, fue analizado por el veterinario Ariel Saráchaga en su columna del programa Hora Pico.

“Cada tantos meses, cuatro, cinco o seis meses, tenemos casos como estos, que terminan siendo muy graves. Pero ahora esto se enfría, empezamos a hablar cada vez menos, hasta dentro de cuatro, cinco o seis meses que vamos a hablar de lo mismo”, planteó Saráchaga.

El veterinario sostuvo que el eje no debe quedar reducido a la raza del animal, sino a las condiciones de la crianza, contención y responsabilidad de sus dueños. “Tendríamos que empezar a hacer algo, porque esto es un tema casi más social que de los perros”, afirmó.

En ese sentido, comparó la situación con otras conductas de desaprensión ciudadana. “Esto está mucho más referido y mucho más parecido a una persona que carga en su camioneta la basura y la tira en una esquina de Bahía, al que deja el perro suelto, o que tiene un perro que no está bien contenido dentro de la casa”, señaló.

Veterinario Ariel Saráchaga, columnista del programa "Hora Pico".

Saráchaga explicó que la agresividad es un comportamiento y que el problema aparece cuando un animal con antecedentes o señales de riesgo no está correctamente controlado. “Si yo tengo un perro que no está bien socializado, que cada vez que ve una persona tiene cierta actitud, o ve un perro y tiene cierta actitud, lo que voy a hacer es tratar de evitar que ese perro esté en la vía pública”, indicó.

También advirtió que las medidas precarias de contención no son suficientes. “Un alambrado no lo detiene. Un alambrado arriba de la tierra no lo detiene, va a pasar por abajo”, mencionó.

Durante la charla, se recordó que, según los vecinos, los animales ya habían protagonizado ataques previos, incluso contra otros perros. En la nota publicada por este medio, María Espinoza contó que se cubrió la cara durante el ataque y que las mordeduras impactaron principalmente en sus brazos. “Era una situación desesperante, no sabía si zafaba”, había relatado la víctima.

Sobre ese punto, Saráchaga fue contundente: “Yo estoy seguro de que no la mataron porque los perros en un momento decidieron frenar el ataque. Porque no lo puede frenar. ¿Qué va a hacer una mujer con un animal de ese porte? ¿Qué podemos hacer nosotros contra dos perros de 40 o 50 kilos atacando a la vez?”.

El veterinario sostuvo que, antes que pensar en soluciones extremas sobre los animales, el primer paso debe ser proteger a las personas. “Lo primero que hay que hacer, y que no se termina haciendo, es resguardar al resto de la gente. Más allá de pensar en el perro, pensemos en el resto”, remarcó.

Además, cuestionó que las respuestas se limiten a actas, denuncias o intimaciones menores. “Hacen la denuncia, viene un funcionario, hace un acta y te dice: ‘Tenés que arreglar el alambre’. ¿Qué hace la persona esa? Pone un pallet ahí donde está ese agujero y va a hacer un pozo en otro lado”, ejemplificó.

Saráchaga también explicó que muchos perros de gran porte son incorporados a viviendas por una idea de seguridad, pero advirtió que el animal no distingue necesariamente entre una amenaza y un vecino. “El animal no va a distinguir a un posible delincuente de un vecino que pasa por la vereda caminando. El animal, si quiere atacar, ataca”, sostuvo.

Según el veterinario, la mayoría de los ataques no proviene de perros callejeros, sino de animales conocidos. “La mayoría de los ataques se producen por un perro conocido. Hablamos de un perro de la familia o el perro de algún vecino, pero que vos conocés dónde vive. Casi no existen ataques de perros callejeros”, explicó.

En relación con las posibles causas del comportamiento, señaló que muchos animales viven en ambientes que afectan su bienestar. Al observar imágenes del lugar, indicó que uno de los perros parecía estar atado. “Emocionalmente están muy comprimidos esos perros”, afirmó.

“El perro no entiende de propiedades. El perro entiende de un territorio. El alambre es algo físico que impide que se mueva, pero la calle no entiende que es un lugar público donde vamos a andar. Por eso ahí es donde la persona es la responsable de que ese perro no salga”, agregó.

Saráchaga sostuvo que un perro necesita recorrer, olfatear, estar en contacto con otros animales y con personas. Cuando eso no ocurre, puede aparecer una desregulación emocional. “Un perro atado, que cada vez que interactúa se interactúa con agresividad y ve agresividad a su alrededor, está muy comprimido emocionalmente”, explicó.

En el caso puntual de los dogos, mencionó además el componente genético vinculado a su historia como perros de caza. “El dogo es un animal que se crió para cazar, entonces tiene un alto comportamiento predatorio. Si vos pasás corriendo cerca, es probable que despiertes ese comportamiento predatorio y si el perro no está bien, está desregulado, te va a ir a cazar”, señaló.

De todos modos, aclaró que eso no significa que todos los perros de esa raza sean peligrosos. “Un dogo puede estar tirado al lado tuyo jugando con tus hijos y con perros corriendo a su alrededor y no va a pasar nada. Un perro que se cría bien, que tiene su bienestar, no necesita hacer una descarga emocional de este tipo, de ninguna raza”, sostuvo.

Finalmente, insistió en que el debate debe correrse de la solución simplificada y enfocarse en la responsabilidad humana. “El último culpable es el perro”, afirmó, y pidió mirar el problema de fondo: las condiciones de crianza, el entorno, la falta de control y la ausencia de medidas efectivas antes de que se produzcan hechos graves.

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