De Ayer a Hoy
El artista que brilló a la par de "la Sole" y cautivó al público en un reality
La vida de Fabio González. De cantar en un andén de la estación de tren al estrellato. El día que “largó todo” para volver a empezar. Su paso por la política. Y una reflexión: “La fama no era lo que esperaba”.
Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco
Nacido en un hogar humilde de la comarca serrana, el protagonista de la sección “De Ayer A Hoy” supo desde pequeño que su posteridad estaría ligada a la música. Las carencias materiales nunca fueron un obstáculo, porque el calor de su familia le dio la fuerza que necesitaba para soñar. Entre montañas, calles de tierra y guitarras que pasaban de mano en mano, fue puliendo su voz y su pasión por el canto, que se convertiría en modo de vida.
El camino no fue fácil. El golpe más duro llegó con la muerte de su hermano, quien había sido su mayor admirador y compañero de sueños. El dolor se transformó en impulso: su carrera comenzó a despegar tras un premio en un festival popular; el público descubrió su talento innegable. De ahí saltó a Buenos Aires, donde el tango, su eterna bandera, le abrió las puertas de los escenarios más potentes, llenándolo de luces, aplausos y reconocimiento.
Sin embargo, con el tiempo, decidió dejar atrás la vorágine de la fama. Volvió a sus raíces, reencontrándose con los suyos y recorriendo el país con su música, sin intermediarios ni grandes producciones. Años después, su voz volvió a resonar en la televisión gracias a un reality show que lo devolvió al centro de la escena. Luego incursionó brevemente en la política donde tuvo un desengaño pese a la ayuda que pudo brindar a sus vecinos. Hoy, otra vez aferrado a las melodías y el paisaje serrano que lo vio nacer, disfruta de una nueva etapa de notoriedad, con el alma intacta y el corazón puesto en cada verso.

“Soy oriundo de Tres Picos, un pueblo muy chiquito del partido de Tornquist, por lo que nací en el hospital de la ciudad cabecera. Me crié en una casa que estaba al lado de la escuela, lo cual parecía ser una comodidad, pero siempre cuento que el lugar donde transcurrió mi niñez era sumamente humilde”, destacó González, luego de su jornada laboral.
Y añadió que “mi papá era un empleado de comercio que trabajaba en la Cooperativa Rural y nuestro domicilio era un ranchito de adobe, del estilo chorizo como se lo conocía en ese momento a ese tipo de edificación. Mi mamá era ama de casa y mis dos hermanos eran mayores, el más grande varón y la del medio mujer”.

“En Tres Picos hice la primaria, esa fue mi formación y los momentos de ocio se remiten a la creación de los propios juguetes con lo poco que había. Ponía en marcha la mente y hacía cochecitos con latas de sardinas y las ruedas con tapas de gaseosas, la pelota de trapo, la bolita, salir a pescar o cazar liebres, todo ligado a la naturaleza”, evocó con melancolía.
Consultado respecto de cómo llegó a su vocación, esa que luego le brindaría trascendencia, dijo: “Mi primer contacto con la música se da siendo muy niño gracias a la influencia de mi hermano. Íbamos a la estación y esperábamos el tren de pasajeros que frenaba diez minutos a echarle agua a la máquina. Él golpeaba las ventanillas de los vagones y anunciaba que había un chiquito de cinco años que cantaba tangos”.

“‘Caminito’ fue mi caballito de batalla, luego a ese show le sumé una mudanza de malambo y aprendí el discurso de un político que nunca conocí y cuyo apellido era Chamizo el cual recitaba de memoria. Pasábamos la gorra, primero nos tiraban las monedas al andén, pero luego cuando nos ganamos la confianza de los guardas nos dejaban subir, por lo que se lograba una mayor recaudación (risas)”, comentó con picardía.
No obstante, afirmó que “era autodidacta, cantaba a capella de forma natural, tenía un tío que tocaba la guitarra y decía que mi afinación era excelente, pese a que nadie me había enseñado. Como en todo lugar chico, comenzó a correrse la bolilla sobre mi existencia y con nueve años me llamó la familia Polak, de Tornquist, la cual estaba integrada por los hermanos Carlitos y Miguel Ángel y su papá ‘Cacho’”.

“Me llevaron a hacer radio, en LU34 de Pigüé para hacer foxtrot y paso doble, dos géneros que eran una rareza para alguien de tan corta edad. Con doce años cantaba en orquestas en varios puntos de la región, pero siendo adolescente, comencé a presentarme en lugares nocturnos de Bahía y White. Llegaba camuflado porque era menor y cuando iba la Policía, me escondía en un fogón, hasta que con el paso de los meses, pese a que sabían de mi presencia, hacían la vista gorda”, recordó sobre aquellos peculiares episodios.
Asimismo, dejó en claro que “el tango nunca se fue de mi, por más que he hecho otros géneros y que el folklore ha sido algo fundamental en mi carrera, acompañando a mi hermano que cantaba muchísimo mejor que yo. Habíamos hecho un trío con dos guitarras y bombo, andábamos muy bien, pero ocurrió una desgracia cuando él falleció en un accidente automovilístico con apenas 23 años”.

“Nunca más canté folklore porque venía su imagen a mi mente, un vocalista mucho mejor que yo, hasta que recién hace dos años volví a interpretar temas en este género. Tenía unos agudos tremendos y bajaba a unos graves de manera inexplicable, un registro sumamente amplio que jamás vi en alguien sin ningún tipo de formación”, ponderó Fabio, con un brillo especial en sus ojos.
Su talento iba a tener premio en un momento bisagra para su desarrollo: “El salto más importante en mi carrera se dio al ganar como revelación en el Festival de Baradero en 1997, eso me catapultó a vivenciar lo que siempre había soñado, ganar dinero y tener la posibilidad de ser reconocido en el ambiente. Se trata de un evento que está casi a la altura de Cosquín, siendo ambos los más importantes del país”.

“Ese mismo año que me galardonaron, Soledad Pastorutti logró el mismo premio, pero en el mencionado evento cordobés y hasta nos contrató la misma empresa. Durante seis meses viajamos juntos y me repetía que era un afortunado porque empecé a hacer televisión antes que ella”, mencionó, en modo paradójico
Las oportunidades se concatenaron una tras otra: “Fui contratado por lo que era ATC para un programa llamado Sembrando Conciencia, el cual conducía Roberto Rimoldi Fraga. Mi destaque fue puntual porque era el único tanguero de dicho espacio y eso hizo que Lionel Godoy ponga sus ojos en mí para llegar a La Noche con Amigos y a la mañana estaba en radio con Antonio Carrizo”.

“Obviamente que con toda esa agenda tan cargada, pude establecerme en Buenos Aires y me radiqué allí durante tres años, hasta el 2000 que no aguanté más y tuve un desengaño con la fama. La sufrí porque los manoseos de los representantes fueron permanentes, eran chantas y te mentían, pero debo admitir que gané mucho dinero en ese lapso”, reconoció González sobre un tramo próspero desde el punto de vista económico.
Sin embargo, tomó las riendas de su vida en una decisión difícil de tomar: “Una noche, al finalizar un show, mirando el techo del hotel y tras el maltrato de un manager que era Jaimito Parada, hijastro de ‘Pepe’, me pregunté qué hacía ahí. Había comprado mi auto cero kilómetro y económicamente estaba muy bien, pero no soportaba la exigencia de tener que alejarme de mi familia, algo en lo que siempre machacan los representantes”.

“Extrañaba mucho. Llamé a mi señora, con la que nunca habíamos ido de vacaciones, y le dije que juntara a los chicos y los subiera a una combi junto a sus amiguitos del barrio que no conocían el mar para irnos a Puerto Madryn. Esa decisión cortó todo tipo de vinculación con las grandes esferas y el precio que tuve que pagar fue muy alto”, agregó, promediando el ida y vuelta con este cronista.
Lo que podía suponer un paso atrás, lejos estuvo de ser un retroceso: “Comencé a trabajar por mi cuenta y con agentes más accesibles, aprovechando cierto grado de popularidad que había ganado en Capital Federal. Me tocó presentarme en Córdoba, en la Fiesta de la Vendimia y otros eventos en distintos departamentos de la provincia de Mendoza, manejando mi carrera de un modo mucho más disfrutable, sin tanta prensa”.

“Abrirme camino solo me permitió trabajar desde Ushuaia hasta Mar del Plata, fue tremendo la cantidad de shows que pude concretar, Fiestas Provinciales y Nacionales. Posteriormente llegó la posibilidad de participar del reality Soñando por Cantar, con un jurado formado por Valeria Lynch, Alejandro Lerner, Patricia Sosa y Oscar Mediavilla”, enunció González en relación a un espacio que lo volvió a catapultar a los primeros planos.
Y marcó: “Fue un verdadero éxito que condujo Mariano Iúdica quien conmigo se portó de diez. Llegué a las finales del certamen, estuve un año viviendo en Ideas del Sur, entre 2012 y 2013, fui muy bien cuidado por la producción que te trataba como un rey y te permitía entrar al canal, además de las atenciones en el hotel”.

“Hace diez años, me llamaron para participar en política, lo cual considero que fue un error de mi parte. Quedé a cargo del área de Acción Social, fue un paso en falso porque me alejé de la música durante el período que me había comprometido a dar una mano en la función pública. No aguanté más y decidí no continuar”, exclamó Fabio, con inocultable autocrítica.
Sobre su actualidad, confirmó: “Soy empleado de planta en la comuna porque al entrar en ese ostracismo artístico y no seguir en el cargo, tampoco tenía la posibilidad de generar el sustento arriba de un escenario. Hacer ambas cosas era incompatible por mi forma de ser, los problemas sociales surgían los fines de semana y no podía al mismo tiempo cantar porque siempre fui de dar la cara para solucionar con el abordaje de las situaciones”.

“Tras esa experiencia, encaminé mi carrera en la música, a otro nivel, pero haciendo lo que me gusta. Lo que recalco de mi vida es que si hay algo que me rescató de tantos idas y vueltas fue la fe. No me resultó fácil porque soy una persona sin preparación ni estudios, en un momento perdí los estribos, la vorágine de la fama y el dinero me desestabilizó, me dediqué a la timba y tomé el camino incorrecto”, aseguró con tono pausado.
Al epílogo, subrayó que “revertí la situación cuando conocí a Jesucristo, estoy abocado al cristianismo que cambió mi vida por dentro y gracias a eso hice un click. Estoy tranquilo, ordenado, con mi familia bien construida y siendo feliz. Sigo cantando que es lo que me gusta, al lado de mi nieto y de mi señora que me acompañan como el resto de mi entorno íntimo”.
La historia de Fabio González es la de un hombre que se crió sin opulencia, pero con una riqueza emocional inmensa. Su vida fue una sucesión de desafíos y renacimientos. Supo convertir el dolor en motor para seguir adelante, alcanzar la fama y luego renunciar a ella en busca de autenticidad, alejándose de los vicios. Hoy, volvió a las raíces, llamándose al sosiego de la música como refugio, destino y razón de ser.
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