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Príncipi en La Brújula 24: "Mi premisa como relator es hacer entretenida una pelea aburrida"

En los estudios de LA BRÚJULA 24, Osvaldo Príncipi repasó momentos únicos en el mundo del boxeo, analizó la actualidad del Luna Park y opinó: "La tragedia cotiza más que los buenos ejemplos".

Este martes, en el Aula Magna "Doctor Miguel López Francés" de la Universidad Nacional del Sur, de Avenida Colón 80, tiene lugar "El Último Round" Homenaje a Nino Benvenuti con entrada libre y gratuita. Allí disertarán José Valle y Osvaldo Príncipi, evento organizado por el Consultado General de Italia en Bahía Blanca.

En su visita a los estudios de LA BRÚJULA 24, Príncipi dio rienda suelta a su verborragia y recordó que "me encanta analizar la ciudad culturalmente, vine a Bahía blanca por última vez hace 20 años para una pelea de Mauro Ordiales en Villa Mitre. Recuerdo los jueves cuando escuchaba el boxeo de Bahía Blanca, siendo oriundo de Mercedes y la emisora de Bahía Blanca entraba a mi ciudad. Tenía 14 años y podía vivir lo que pasaba en El Salón de los Deportes. Con cinco o seis años sabía la lista completa de los competidores, donde se escuchaban los partidos de Estudiantes de La Plata".

"Soy muy de radio, hasta que descubrí en el 66 que se transmitían las peleas, ahí me sumergí en el boxeo, por sobre el automovilismo y el fútbol. Vengo de una casa de herrería de carruajes. No soy periodista, soy crítico de boxeo, puedo ser historiador o relatar este deporte. Festejo el 14 de septiembre, el día del boxeador. Cuando empecé en radio no existía la frecuencia modulada, si hay algo que podría unir entre el primer día y la actualidad es la responsabilidad. Haga frío, calor o lloviera, tomaba mi trabajo con seriedad", manifestó, en su charla con el periodista Germán Sasso.

No obstante, habló de sacrificios que valieron la pena: "En una época tenía los cumpleaños de 15 y me quedaba a escuchar una pelea. Viví al revés, como sexagenario recuerdo el tiempo perdido como adolescente, pero en mi juventud la atravesé como un adulto. La vida te permite recuperar lo vivido en el tiempo que hubiese parecido más lógico. Desde 1974 empecé a viajar en el ferrocarril Sarmiento, en tiempos de esplendor del tren. Tuve la suerte de tener en aquella época un servicio seguro, había días que el mejor tren era el de las 5 de la mañana y sentías que viajabas en primera en American Airlines cuando pasaba el vendedor de pebetes de jamón y queso".

"Le escribí cartas a Julio Ernesto Vila, me citó en La Danza de la Fortuna que hacía con Riverito y me mandó al Luna Park para que me dejen entrar al gimnasio, el lugar donde uno se formaba. Esa era la universidad para aprender los códigos leales del boxeo. Mi educación se dio en casa con mis papás, en la escuela primaria y secundaria pero el toque de horno final para conformar mi personalidad se dio en el gimnasio de Tito Lecture y los 25 entrenadores. En esa época, Bahía tenía a "Yanni" García, luego vinieron Cachín Méndez y Carlos María Giménez. Los mejores embajadores de las ciudades son los parabrisas de los autos del TC y las batas de los boxeadores", señaló Príncipi.

Posteriormente, se le consultó sobre un aspecto controvertido de la actualidad: "Para mi, el Luna Park murió con el fallecimiento de Tito Lectoure porque imaginaba el final y el luto definitivo lo hice con la muerte de su sobrino. Para mi, ese lugar hoy podría llamarse edificio Corrientes, que me importaría tres pitos. La última vez que pisé ese lugar fue en un monólogo que hizo Mike Tyson, al irse el último foco de la sangre de Lectoure, el estadio perdió su alma. Dudo que el Luna Park haya sido testado a la iglesia, dudo qué quieren hacer. No creo que lo vayan a demoler, no pueden hacerlo y que lo hayan remodelado me parece correcto".

"Tito decía que cuando no estuviera más, lo iban a demoler, pero hay tanta historia desde el 5 de marzo de 1932, allí velaron a Gardel, estuvo el Papa Juan Pablo II, el Luna Park le abrió la puerta a un acto del Partido Comunista. No era un estadio parcial como ocurre estos días donde estás con uno o con el otro, no había grietas. Allí se sentaron todos, desde Perón hasta Videla. Monzón era fantástico, el que fue campeón del mundo era un personaje que irradiaban una energía distinta", describió Osvaldo con la precisión que lo caracteriza.

Y agregó: "Junto a Maradona, ambos cambiaban energías, era más fácil acercarse a Diego, pero ver aquel romance de Carlos con Susana Giménez era como ver a Cleopatra. Él me ayudó mucho siempre, hasta el último día de su vida, cuando no quedó nadie a su lado, por eso cuando miro los documentales de su vida, que son malos, noto que los que hablan no lo han conocido. En mi caso, elijo no participar, no me indigno más".

"Hoy vengo a Bahía a hablar de la otra cara de la moneda, Nino Benvenuti, recordando el tiempo en el que estuve en Italia y todos los recuerdos de aquella época. La tragedia en el mundo del espectáculo cotiza más que el final feliz. Creo que el boxeador tiene la posibilidad de evolucionar socialmente haciendo una pulseada con su origen y, siempre lo digo, nunca vi que el Estado le acerque algo en materia de educación. Es el entrenador el que se hace cargo de eso con lo que puede, con el fondo de la sociedad de fomento. No hay una escuela de superación social, el boxeador se aferra como autodidacta a lo que aprende en la calle, por eso siempre dicen que las peleas son más duras las de abajo del ring", afirmó, promediando su testimonio.

En tal sentido, sostuvo que "nunca vi hablar de aquellos que son un ejemplo, nunca se resaltó la vida de Acavallo, Martillo Roldán que era hijo del peón de un campo y se lo compró al dueño con todo el ganado. No creo que a todos los rockeros o al cantante de cumbia, la droga los parta al medio. El boxeo tiene la crítica más dura, la soledad del peleador, las presiones, debe dar un gran espectáculo. Para mi no es solo un deporte, es un gran espectáculo, es algo gigante que tiene las dos veredas, los que lo quieren y los que lo odian".

"Tengo entre 250 y 300 peleas relatadas por título en el mundo, desde el borde del ring. Pero tengo una gran proporción de combates por título en el mundo en Argentina que van más allá de Marcela Acuña y Alejandra Oliveras. Trato de causar que una pelea que es un bodrio resulte entretenida, partiendo de la base que es aburrida. Eso me ha jugado a favor y en contra. Para pegar algún bombazo crítico no hace falta gritar o ladrar, el diccionario tiene calificativos hirientes que te permite usarla. A Ulíses Barrera nunca lo vi enojarse, pero utilizaba una batería de calificativos que quien los recibía iba a terapia intensiva", lanzó Príncipi.

No se achicó al asegurar, según su criterio, que "Muhammad Alí para mi fue el mejor peso pesado, pero no el mejor boxeador. Pese a ello, pocos pesos pesados tuvieron la capacidad de soportar en el ring y remontar la adversidad. Nicolino Locche es el ídolo máximo del boxeo argentino. Sin embargo, la idolatría que, como deportista, despertó Justo Suárez fue única. Quienes vieron a Pascual Pérez y a Carlos Monzón, dicen que ambos deben estar en ese orden en un escalafón, pero para mi es al revés, sin olvidar al 'Mono' Gatica o Ringo Bonavena. Los periodistas debemos tener una porción de resistencia, el 100% de seguidores no me cierra, a muchos no les gusta cómo hablo".

"Tuve una gran suerte, que en mi época existían relatores de boxeo que eran notables. Trabajé mucho con Ricardo Arias, la voz de Canal 13, imponiendo pausas a la narración. Al espectador no le podés decir por televisión lo que está viendo, tenés que darle pistas. Arias no era un maestro que se guardaba el conocimiento. Yo sé quién pelea para ganarse el mango y no tiene chances, conozco las historias de cada púgil, hasta el 2019 tenía una ficha de cartón de cada uno de ellos. Un día vino a casa un pintor que era boxeador profesional, le mostré los datos que tenía de él, le dije: 'sos este?' y me dijo que sí. Me faltaba su fecha de nacimiento, me dio ese dato, hizo el trabajo, pero no me descontó ni un peso (risas)", recalcó.

Y finalizó: "Oliveras era indolente como boxeadora, no quería a la industria ni la industria a ella. Supo afrontar la vida como pocas personas en el mundo en tiempos de la salida de la pandemia, cuando comenzó la agresión en los medios y las guerras, y ella tuvo un mensaje distinto. Apuntaba a disfrutar la vida después de tanto tiempo de encierro. Tenía una ideología en su época de deportista que estaba alejada, como pegadora era fantástica y como sumadora de títulos fue indiscutible. Diez días antes de lo que le pasó, compartí Pasapalabra con ella, un ser entrañable".

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