Informes Especiales
La inundación en el norte bonaerense: analogías con la sufrida en Bahía
Con 70 días de diferencia entre una y otra, el desastre climático dejó secuelas estructurales. Los puntos a considerar para mitigar el impacto de la lluvia. Voces desde Arrecifes y Zárate. Y el desafío a futuro.
Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco
Las recientes inundaciones en Bahía Blanca (7 de marzo de 2025) y las ocurridas en el norte bonaerense (a mediados de mayo) comparten múltiples causas estructurales y climáticas que evidencian una problemática común en la provincia de Buenos Aires.
Ambos eventos se caracterizaron por precipitaciones extraordinarias en cortos períodos. En Bahía, cayeron cerca de 290 milímetros en tan solo 12 horas, vale decir el equivalente a casi medio año de lluvias normales.
En la zona compuesta por los distritos de Zárate, Campana, Salto y Arrecifes se registraron milimetrajes que superaron más de cinco veces el promedio mensual, aunque el lapso que duró la tormenta fue más prolongado.
Estos fenómenos climáticos extremos, afirman los especialistas en la materia, suelen estar asociadas al cambio climático, por lo que se intensifica la frecuencia y la intensidad de los eventos meteorológicos severos. Por tal motivo, es indispensable estar preparados.
Las ciudades afectadas comparten deficiencias en infraestructura y planificación urbana:
- Sistemas de drenaje insuficientes: En Bahía Blanca, el sistema de desagüe no pudo manejar el volumen de agua, lo que llevó al desborde del Arroyo Napostá y el Canal Maldonado.
- Urbanización desordenada: El crecimiento urbano sin una adecuada planificación ha reducido la capacidad natural del suelo para absorber agua, agravando las inundaciones .
- Falta de mantenimiento y obras hidráulicas: La ausencia de inversiones en infraestructura y el deterioro de las existentes han dejado a las ciudades vulnerables frente a eventos climáticos extremos.
Las medidas de prevención estructurales pueden dividirse en dos. Requieren planificación y obras a nivel gubernamental. Por un lado la infraestructura hidráulica, involucrando canales de desagüe y reservorios de retención para captar excedentes, limpieza y mantenimiento de arroyos entubados y alcantarillas, construcción de defensas ribereñas en zonas cercanas a ríos o arroyos y obras de control de escurrimiento urbano: zanjas, cunetas y veredas.
Por el otro, la planificación urbana redunda en evitar la urbanización en zonas inundables, es decir, la confección de los mapas de riesgo, fomentar superficies verdes y permeables y regular los rellenos y las construcciones que alteren el escurrimiento natural.

Las medidas de prevención no estructurales, igualmente esenciales y más económicas, son los sistemas de alerta temprana. Esto trae aparejado el monitoreo meteorológico (como el Sistema de Alerta Temprana del SMN), el uso de sensores de nivel de agua en puntos críticos y las aplicaciones móviles como alertas oficiales que avisan lluvias intensas o crecidas.
Por otra parte, expertos recomiendan la confección de mapas de riesgo y los planes de evacuación, a partir de la identificación de barrios vulnerables y la realización de simulacros de evacuación, además de la creación de refugios temporales preestablecidos.
Cuando se enfoca puntualmente en los hogares y comercios, coinciden todos en elevar los electrodomésticos y disyuntores eléctricos, sellar puertas y ventanas bajas, el uso de bombas de achique en sótanos o plantas bajas y el guardado de documentación y objetos importantes en bolsas herméticas o estantes altos.
En paralelo y, no menos importante aunque en un segundo orden, que quienes viven en zonas críticas cuenten con equipos útiles: detectores de inundación, vale decir sensores inalámbricos para sótanos, generadores eléctricos portátiles y un botiquín de emergencia, linternas y cargadores solares.
Voces que llegan desde el norte de la provincia
Gustavo Cubino está al frente del área de Defensa Civil en Arrecifes y, en diálogo con la redacción de La Brújula 24, recordó que el 16 y 17 de mayo –los dos días críticos desde el punto de vista climático– precipitaron valores superiores a los 250 milímetros, oscilando la cantidad según el barrio que se tome en consideración.
“En la primera mitad del viernes provocó distintos anegamientos y, con el correr de las horas, provocó el desborde del río que bordea a la ciudad y lleva el nombre de la misma. Esto ocasionó una inundación de grandes dimensiones. La última de esta talla había sido en 2015”, describió quien además supo desempeñarse como bombero.
Luego, Cubino confirmó que hubo 400 evacuados y unos dos mil autoevacuados. Se calcula que alrededor de cuatro mil personas se vieron damnificadas, “un número muy alto para una localidad de apenas 30 mil habitantes”.
Hasta el inicio de la semana que acaba de finalizar, el funcionario acotó que “el río está en su cauce, pero aún quedan 150 en centros de refugiados. Sus casas están devastadas y en muchos sectores todavía se pisa el barro. A eso se le sumaron las lluvias de las jornadas posteriores a aquellas 48 horas críticas”.
Después admitió que los daños económicos son de gran magnitud, puso como ejemplo lo sucedido hace casi tres meses en nuestra ciudad y la enseñanza que eso dejó: “Cuando se suspendieron las clases, los alumnos lloraban porque rememoran las imágenes que habían observado por televisión a la distancia en Bahía Blanca”.
“Las donaciones se reciben en el municipio, ahí se centraliza todo. Se hacen listados de los damnificados y se les van entregando. La ayuda es muy importante y desde Bahía Blanca llegaron dos camiones con colchones que habían sobrado y la semana pasada otro con mercaderías varias desde Ingeniero White”, concluyó Cubino.

Por su parte, Pablo Fariña, intendente del Club Defensores Unidos de Zárate, sostuvo que “el temporal dejó una triste huella no solo en la localidad en la que reside, sino también en Campana y una amplia región, por lo que el trabajo para dar una mano fue más que arduo”.
“En lo personal no sufrí la inundación, pero sí amigos y miembros de la Comisión Directiva. Recibimos las donaciones de la Federación de Bomberos de Entre Ríos que nos hemos encargado de repartir, tuvimos el apoyo del presidente de la AFA, Claudio ‘Chiqui’ Tapia, y los clubes del ascenso”, recalcó Fariña.
Inclusive, ponderó el costado solidario de una zona que “se les adelantó” en cuanto a las necesidades y, pese a ello, también hizo su aporte: “Distintas ONGs de Bahía Blanca nos hicieron llegar un camión y otros dos de General Daniel Cerri con elementos para un grupo de folklore llamado La Musiqueta. Estamos muy agradecidos”.
“El panorama es muy triste porque acá cayó mucha cantidad de agua, unos 420 milímetros y hace unos días se registró otra precipitación de 80 mm que volvió a anegar algunas zonas. Desde el club habíamos pagado, cuatro días antes del desastre padecido, un camión con donaciones para Bahía, más precisamente a una capilla que nos indicó Facundo Laumann, un jugador de allá que actualmente defiende nuestros colores”, consideró.
Por último, el dirigente deportivo refirió que “se deben replantear muchas cosas ya que hay obras pensadas para hace 20 o 30 años atrás, cuando los vientos no soplaban con tanta fuerza y las lluvias no eran tan severas. Es muy triste el panorama desde todo punto de vista”.

El plan de acción en Bahía Blanca
Cabe recordar que, semanas atrás, el ministro de Infraestructura y Servicios Públicos de Buenos Aires, Gabriel Katopodis, y el intendente, Federico Susbielles, encabezaron la primera reunión del Consejo Asesor para la reconfiguración hidráulica de Bahía Blanca, un espacio integrado por expertos hídricos y áreas del Gobierno Provincial y Municipal que llevará adelante distintas acciones y estudios sobre las obras de reconstrucción de la ciudad.
El Consejo se ocupará de programar reuniones periódicas para evaluar los avances del Plan de Reconstrucción Integral de la ciudad cabecera de la Sexta Sección y tendrá a cargo la emisión de recomendaciones técnicas y estratégicas; asesorar en la identificación y priorización de acciones; participar en la toma de decisiones y debates técnicos; monitorear el avance de la implementación de las recomendaciones y proyectos acordados; y fomentar la innovación y el uso de nuevas tecnologías.
El Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos implementa una inversión $179.686 millones que incluye 102 obras y proyectos, entre las que se destaca el Plan Hídrico Integral de Bahía Blanca y Coronel Rosales que benefician a 350 mil personas y permite dar una respuesta estructural a los problemas históricos de producción y distribución de agua potable que afectan a esta zona del sudoeste bonaerense, y que hasta el momento, representaban la mayor dificultad para la región.
El enorme desafío por delante
Las inundaciones recientes no son eventos aislados, sino manifestaciones de una crisis estructural y climática en la provincia de Buenos Aires. La combinación de lluvias extremas, cambio climático y deficiencias en infraestructura urbana exige una respuesta integral que incluya inversiones en obras hidráulicas, planificación urbana sostenible y políticas de adaptación al cambio climático.
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