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David English

El estadounidense enamorado de Bahía que abrazó a Argentina tras sobrevivir al atentado en las Torres

Después de haber visitado esta ciudad en 1998 como parte de un intercambio del Rotary Club, David English se mudó a Nueva York, donde lo sorprendió el atentado en el Word Trade Center. Esta es su historia.

Por Cecilia Corradetti – Especial para La Brújula 24 – [email protected]

El 11 de septiembre de 2001, David English salió de su casa, cerca de las Torres Gemelas, más temprano que lo habitual. Caminaba rumbo a la sede mundial del Citibank para firmar un contrato para instalar el wifi en esas oficinas. El mundo digital recién se iniciaba y aquel era un negocio importante en su carrera. Algo así como alcanzar “el sueño americano”, relata hoy, en diálogo con La Brújula 24, a poco de cumplirse 21 años del ataque suicida cometido en los Estados Unidos por el grupo terrorista islámico Al Qaeda.

Hacía poco que David, nativo de Tennessee, por entonces de unos 30 años, se había mudado a Nueva York. Con el contrato en mano y gran expectativa, sintió que sobre su cabeza “algo” explotaba.

“El primer avión impactaba en el cielo, pero no lo advertí, sino que pensé que se trataba de otra cosa. La gente no le dio mayor importancia. Vimos las llamas, pero no parecía trágico, allá suelen suceder explosiones de cañerías o cosas parecidas”, grafica.

David English antes del atentado

David no lo sabía, pero ese día el mundo cambiaría. Transcurrieron segundos, tal vez minutos. Se dirigió a un teléfono público y llamó a su papá. Apenas colgó, el segundo avión impactó en la otra torre.

“Entonces me di cuenta de que se trataba de un atentado. Una mujer a mi lado lloraba desesperada: su esposo estaba en las torres”, evoca.

Poco antes de este episodio que hoy lo tiene como protagonista de la historia mundial, David English había visitado Bahía Blanca como parte de un intercambio del Rotary Club. Corría 1998 y, junto a un grupo de jóvenes, recaló en Ushuaia y, desde allí, la comitiva fue “subiendo” hacia el norte para recorrer y visitar distintas localidades.

“Bahía Blanca fue especial para mí, no sé por qué. Tal vez por la calidez de la gente, los mariscos en el puerto y el primer asado de mi vida hecho por mí”, recuerda entre risas.

Tan importante resultó aquel debut con un asado que sus compañeros le tomaron una foto que hoy comparte con este medio.

David English haciendo cordero en Bahía Blanca 1998

Lo cierto es que cuando finalizó aquel intercambio y regresó a su país, el atentado lo hizo pensar en regresar a la Argentina. Y así lo hizo poco después. Recaló en Mendoza y desde esa ciudad recordó aquel inolvidable 11 de septiembre.

“Obviamente aquel contrato nunca sucedió, pero el episodio me empujó a la Argentina, un país con muchísimas oportunidades y gente maravillosa”, reflexiona.

Vuelve al momento y cuenta que una vieja enseñanza de sus padres, de no permanecer en la zona de riesgo y resguardarse en una estación, fue clave.

“Me metí en el subte mientras el mundo se daba vuelta. Lo increíble fue que dentro del vagón nadie se había enterado. No había cobertura para celulares, datos ni wifi. Aquella sensación me causó estupor”, señala.

El complejo de edificios donde vivía se encontraba muy cerca de las torres y, sin embargo, llegar a su hogar fue toda una odisea.

Ubicación del departamento de English

“Estaban todas las calles cortadas y llegué a casa recién en horas de la tarde. Quedé muy impresionado con una pareja que jugaba al tenis como si nada mientras el humo y el caos invadían el escenario y el mundo se derrumbaba. Pienso que frente a situaciones límites cada cual actúa como puede y estas personas se refugiaron en la indiferencia, en la inconsciencia. No podía creerlo”, reitera.

Sin embargo, otra imagen lo impresionó aún más: la de los diarios The New York Times apilados en las puertas de sus vecinos. Era la muestra cabal de que sus destinatarios habían muerto.

Poco después, entre las numerosas víctimas fatales de su entorno, supo que una de ellas era su vecino argentino Pedro Grehan, con quien solían conversar a menudo en el ascensor o en el hall del complejo.

Con su hijo en New York

“Nuestro edificio estaba repleto de gente que trabajaba en las torres, por eso era común observar la pila de diarios en las puertas de los departamentos. Esas imágenes no se me borran”, confiesa.

David y su hijo argentino, nacido en Mendoza, pudieron visitar mucho tiempo después el monumento que recuerda a los muertos en el atentado. Y allí pudo tocar la placa con el nombre de su amigo Pedro Grehan.

David English con su hijo en EEUU

“Siento que no soy la misma persona desde aquel 11 de septiembre y, de hecho, en cada aniversario muchos me desean el feliz cumpleaños. Es verdad, ese día renací. Hoy tengo otros valores y objetivos, ya no me importa la casa ni el auto y disfruto los ñoquis del domingo en familia, los asados y el mate en el parque”, señala.

David había recorrido Australia, Japón, Europa. “Pero cuando visité la Argentina me encantó, por eso pensé en instalarme. Hoy siento que el país me ha dado todo, clima y paisajes inmejorables, oportunidades de trabajo y una vida de barrio maravillosa, con siestas sagradas y vecinos que son como hermanos”, asegura.

Dando una charla sobre su experiencia

A diferencia de otros países, David valora de la Argentina la prioridad que se le da a los afectos, la familia y los amigos. “El factor humano es clave, no lo cambio por nada”, advierte.

David asegura que vio el potencial de Mendoza hace más de 20 años. De hecho, se insertó rápidamente en el mundo laboral organizando pasantías de estudiantes americanos en bodegas.

Le fue muy bien, luego atravesó la pandemia y hoy retomó el ritmo normal.

“No cambio esta vida por nada del mundo. La Argentina me abrió las puertas primero en 1998 y luego en 2002, luego del peor episodio que pude haber protagonizado. Aquí está mi hijo Benjamín y aquí senté mis bases”, resume. Y concluye: “Y tengo otra cuenta pendiente: volver de visita a Bahía Blanca”.

David con su hijo en Mendoza

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