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VIOLACIÓN EN PALERMO

“Pactar un tratamiento psicológico para reinsertar socialmente a un violador es una actitud casi estéril”

La licenciada en psicología Paula Kraser habló con La Brújula 24 sobre el caso de una joven abusada dentro de un auto por seis hombres.

Los seis acusados del aberrante delito ya detenidos, a la espera de ser trasladados a una celda. Foto Perfil

La licenciada en psicología Paula Kraser es palabra autorizada para referirse a casos como el ocurrido el lunes por la tarde en el barrio porteño de Palermo, donde una joven de 20 años denunció una violación en grupo dentro de un automóvil. Seis hombres fueron detenidos y acusados de participar del aberrante hecho. Dos de los imputados estudiaban en la Universidad Nacional de San Martín, cuyas autoridades resolvieron suspender preventivamente a esos alumnos, que quedaron al filo de la expulsión.

Según los vecinos y los videos que han circulado por redes sociales y medios de comunicación, fuera del auto estaban dos muchachos mientras dentro del vehículo otros cuatro abusaban sexualmente de la chica. Un matrimonio de comerciantes se involucró y frenó a los jóvenes, tras lo cual la Policía de la Ciudad Autónoma detuvo a los seis jóvenes.

“La clave está en la prevención de este tipo de conductas y en la educación en valores para que podamos hacer algo. Esta es la consecuencia de un funcionamiento cultural al que pertenecemos, incluyendo nuestros vínculos y familias. Nosotros también somos responsables de tomar conciencia, y de recordarlo al criar a los niños que forman parte de nuestra familia, para delinear algunas directrices básicas de prevención”, expresó.

“Es un hecho sumamente humillante, porque estamos hablando de una mujer a la que previamente habían drogado, a plena luz del día, en un auto, donde tengo entendido dos hombres hacían ‘de campana’, uno de los cuales tocaba la guitarra para que pasara desapercibido el evento. La mujer, y obviamente su entorno, sufrieron un daño para toda la vida. Una violación de por sí, sin todos estos matices, es extremadamente grave; imagínense con todos los detalles que se le suman a este caso particular”, agregó.

Resaltó la importancia de indagar qué llevó a estos sujetos a actuar de esta manera. “Ese es mi trabajo también. Hoy me preguntaba si hubieran cometido este hecho de manera individual…es poco probable, pero quizás sí, y hay que conocer las características del grupo y cada uno de sus integrantes”, enfatizó.

Dijo también que “muchas veces estos grupos son psicópatas que se integran para concretar determinados actos o fantasías. Otras veces, hay un líder que puede motivar u obligar a otros a que formen parte de ese grupo, pero lo cierto es que el carácter de grupalidad sustrae responsabilidad individual y eso es lo peligroso porque quizás una persona que no terminaba de animarse a determinado accionar, en grupo se termina de desinhibir y si, ese grupo lo valida, se potencia, que es lo debe haber pasado en esta situación”.

La profesional advirtió que si hubieran actuado bajo los efectos de alguna droga, eso no los exculpa. “Ninguno de ellos limitó ni alertó ‘esto no’ o avisó. Ella quedó en total vulnerabilidad. La droga desinhibe lo que uno ya es. Son violadores, que además consumen cocaína, marihuana o LSD”, afirmó Kraser.

Ante la consulta de qué hacer con este tipo de delincuente sexual, la profesional respondió: “Lo políticamente correcto es evaluarlo y tratar de identificar si existe alguna patología que pueda justificar su accionar, pero lo cierto es que desde lo que plantean los manuales, el 66 por ciento de los que cometen algún delito de este estilo, es una persona que se la considera normal. Solamente el 34 por ciento tiene algún tipo de enfermedad o trastorno psiquiátrico o psicológico. De ese 34 por ciento, hay un 5 por ciento se lo denomina “parafídico”, un 10 porciento “psicópata” y otro 19 por ciento “psicótico”. Del 100 por ciento de los que cometen estos delitos, el 66 por ciento es un sujeto normal que no está enfermo. ¿Qué tratamiento podríamos tener para una persona normal? Ahí se vuelve totalmente complejo porque la resocialización de esta persona está asociada a los fines preventivos”.

“Muchos de ellos se sienten impunes, carecen de sentimiento de culpa y alegan que la víctima se lo merecía o se lo exigió de alguna manera, exculpándose cualquier tipo de responsabilidad. Cuando uno no es responsable de sus actos, tampoco puede responder por ellos. Tratar de pactar u organizar un tratamiento psicológico para reinsertarlo socialmente, se vuelve una actividad casi totalmente estéril. En el tratamiento la persona tiene que estar comprometida con la actividad para que sea eficaz”, explicó.

Kraser aclaró que “técnicamente son recuperables”, pero los porcentajes marcan que la mayoría no se recupera y hasta lo niega, aun mostrándole videos de su accionar.

“El germen de nuestra profesión es creer que algo hay para hacer, que podemos ayudar al bienestar de otra persona, pero muchas veces notamos que se vuelve difícil y que no tiene sentido. Seguramente en estas personas que violaron, encontraremos patrones comunes de conductas erráticas y antisociales previas. Lo importante es hacer algo en su momento, cuando se reconoce el primer indicio, o delinque por primera vez. La compañía cultural y familiar tiene mucha incidencia. Acompañarnos como sociedad para animarnos a hacer las denuncias correspondientes, y que este proceso no se vuelva una tortura per se. Muchas denunciantes se sienten revictimizadas en todo el proceso judicial que lleva una situación de este tipo”, concluyó.

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