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acta histórica

Revelan el último documento oficial sobre el cuerpo de Evita

Permaneció 43 años en un sobre lacrado. Registra el momento del ingreso del féretro al Cementerio de la Recoleta, en plena dictadura.

El sobre original estuvo cerrado y lacrado durante 43 años.

Con una tijera escolar, Susana Gesualdi recortó el borde de un sobre de papel madera. Fabricó un tobogán entre una mano y la otra y dejó caer el contenido. Había sido lacrado en 1976, ocho meses después del último golpe militar.

Ella, actriz, se enamoró de Juan Domingo Perón en 1944 y llegó a ser considerada “Abanderada de los humildes” y “Jefa Espiritual de la Nación”. No ocupó cargos públicos, pero prestó asistencia social a los pobres desde la Fundación Eva Perón, impulsó el voto femenino y apoyó luchas sindicales. Murió de cáncer el 26 de julio de 1952.

Fue despedida por multitudes que asistieron a su funeral de 14 días en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Congreso y el edificio de la CGT. Su cuerpo recibió un tratamiento de conservación especial a cargo del doctor español Pedro Ara. Pero la llamada “Revolución Libertadora” ordenó secuestrar su cadáver. Y desde entonces, su cuerpo tardó años en descansar en paz.

Su figura aún resuena: en mayo, la CGT inició una campaña para que el Vaticano, a cargo del Papa Francisco, cercano al peronismo, la proclame santa.

El papel que se descubrió ahora estaba firmado por las hermanas de Evita, Erminda Luján Duarte de Bertolini y Blanca Amelia Duarte de Álvarez Rodríguez, y dos funcionarios del Cementerio de la Recoleta, María Teresa Sabaté de Roca y Alberto Alderete, teniente coronel.

Era un documento oficial, que en 43 años nunca había visto la luz.

Nadie sabía lo que decían esos 32 renglones, pero la portada del sobre lo anunciaba: “Contiene ACTA-CONSTANCIA de la introducción del ataúd que contiene el cadáver embalsamado de doña María Eva Duarte de Perón”.

Mostraba también una advertencia: “Este sobre no podrá ser abierto bajo ningún concepto sin la expresa autorización del señor Director General de Cementerios”.

El sobre permaneció cerrado hasta mayo pasado, cuando se cumplieron 100 años del nacimiento de Evita. Fue entonces cuando Susana Gesualdi, jefa del Departamento Histórico, Artístico y de Visitas Guiadas del Cementerio de la Recoleta, tomó su tijerita y empezó a develar el secreto: “En Buenos Aires, a los veitintidós días del mes de octubre del año un mil novecientos setenta y seis, en el Cementerio de la Recoleta, siendo las 18 horas y hallándose cerrada la necrópolis para el acceso al público […] se realizó la introducción de un ataúd conteniendo los despojos mortales, embalsamados, de María Eva Duarte de Perón, procedentes de la Residencia Presidencial de la Nación, el que fue depositado en la bóveda sita en la Sección 16, tablón 22, sepulturas 4/6, inscripta a nombre de doña Julia Elisa Duarte de Arrieta”.

Era la última huella de una larga errancia, el testimonio que dejaba atrás 16 años de ocultamiento de un cuerpo que fue profanado, peregrinó en camioneta por calles de Buenos Aires, fue trasladado en barco hasta Europa y allí fue enterrado clandestinamente en un cementerio de Génova, bajo el nombre falso de “María Maggi de Magistris”. Esa situación puntual en Italia, que duró 14 años, tuvo la complicidad de la Iglesia Católica y el conocimiento del Papa Pío XII, según testimonios, registros de la época e investigaciones periodísticas.

El acta abierta ahora, ante la presencia de 300 personas, dirigentes sindicales y allegados a la familia Duarte, aclara que la inhumación de 1976 en Recoleta “se efectuó sin documentación alguna” y que este papel que reposaba en el sobre “tiene por finalidad reemplazar la documentación que hubiese correspondido si el cadáver estuviera en estado natural y a efectos de facilitar su permanencia o eventual exhumación, para lo cual se dejará constancia escrita en el título de la bóveda de referencia”.

Se hicieron tres copias del acta, una para la familia Duarte, otra para el Registro de Bóvedas y Panteones y la tercera quedó en el sobre que debía ser abierto “por orden exclusiva del Director General de Cementerios”. Fue lo que sucedió ahora.

“Me tocó a mí decidir la apertura , me pareció un buen momento hacerlo a 100 años del natalicio de Eva Perón”, destaca Eduardo Somoza, en ese cargo desde febrero de 2014.

Para el director, “es un acta histórica porque el cuerpo, técnicamente, estaba ‘de contrabando’, por así llamarlo, hasta que no se abrió el sobre, ya que no había sido registrado como los demás ingresos a los cementerios”.

Susana Gesualdi aporta datos: “Cuando Juan Domingo Perón muere, en julio de 1974, Isabel ordena que repose en la Residencia de Olivos en una capilla donde ya estaba Evita y había sido acondicionada por el papá de Hernán Lombardi, que era ingeniero y tenía una empresa constructora”.

“Cuando Jorge Videla llega al poder en 1976 no quiere que esos cuerpos sigan en Olivos, así que ordena a sus subalternos que los entreguen a sus respectivas familias. Ahí, Perón va a la Chacarita (donde le robaron las manos en 1987) y Eva, a la Recoleta”, completa Gesualdi el camino que lleva hasta la bóveda más visitada del cementerio lindero a la Iglesia Nuestra Señora del Pilar.

Lo confirma Sonia Del Papa Ferraro, gerente operativa del cementerio de la Recoleta: “El 98 por ciento de los visitantes que vienen preguntan dónde está el cuerpo de Evita”.

“También vienen los familiares a mantener en buenas condiciones el lugar. Un día llegaron sin avisarnos y se metieron en la bóveda, lo que provocó que se activaran alertas entre los cuidadores. Es demasiada significativa la odisea que atravesó este cuerpo para no tomar recaudos. Desde entonces, siempre que los familiares vienen, nos avisan”, señala Del Papa Ferraro.

El cuerpo de Evita lleva 43 años anclado aquí. En una aparente paz.

Fuente: Clarín.


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