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El vapeo, una moda que esconde una adicción peligrosa

Pese a la prohibición, el uso de estos dispositivos se multiplica en el país y alarma a los expertos. La moda de los sabores y el marketing digital ocultan un riesgo real para la salud.

Por Juan Tucat, redacción de La Brújula 24 (@JuanTucat)

Aunque en Argentina los cigarrillos electrónicos están prohibidos desde 2011 por disposición de ANMAT, la moda del vapeo no deja de crecer. Y preocupa. En apenas una década, el uso de estos dispositivos se multiplicó en todo el país, especialmente entre adolescentes, que los consumen con la falsa idea de que son una opción “más sana” que fumar cigarrillos comunes. Sin embargo, los especialistas son claros: los vapeadores no son inocuos y sus efectos pueden ser tan o más dañinos que los del tabaco tradicional.

¿De qué se trata?

Los llamados Sistemas Electrónicos de Administración de Nicotina (SEAN) calientan un líquido que contiene nicotina, saborizantes y otras sustancias químicas para generar un aerosol que el usuario inhala. Ese vapor, que muchos confunden con simple agua, puede contener metales pesados como plomo, níquel o estaño, además de partículas ultrafinas, compuestos orgánicos volátiles y saborizantes como el diacetilo, una sustancia asociada a enfermedades pulmonares graves como la bronquiolitis obliterante. Investigaciones recientes también hallaron en modelos desechables altos niveles de antimonio y plomo, sustancias potencialmente cancerígenas que se acumulan en el organismo con el tiempo.

Lejos de ser un hábito inofensivo, el vapeo genera dependencia a la nicotina, una de las drogas legales más adictivas. En los adolescentes, su consumo tiene un alto impacto directo sobre el desarrollo cerebral, que continúa hasta los 25 años. La nicotina altera los circuitos neuronales relacionados con la atención, el aprendizaje y el control de impulsos, y puede predisponer a otras adicciones en la adultez. Además, los síntomas de dependencia pueden aparecer rápidamente, incluso con un uso no diario, debido a las altas concentraciones de nicotina presentes en muchos líquidos o cápsulas.

Secuelas graves

En el plano respiratorio, los riesgos son cada vez más evidentes. En 2019, un brote en Estados Unidos conocido como EVALI (lesión pulmonar asociada al vapeo) dejó más de 2.800 hospitalizados y 68 muertes. Las investigaciones atribuyeron los casos al acetato de vitamina E utilizado en líquidos adulterados, en su mayoría con THC. Aunque ese fenómeno no se replicó en Argentina, el Ministerio de Salud mantiene la alerta por la expansión del comercio informal y la facilidad para conseguir dispositivos y líquidos en redes sociales o plataformas online.

Los efectos inmediatos del vapeo incluyen aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, irritación en garganta y vías respiratorias, tos, mareos y dificultad para respirar. A mediano y largo plazo, diversos estudios señalan un aumento de la rigidez arterial, daños vasculares y mayor riesgo de hipertensión o arritmias. En algunos casos, se observaron alteraciones en los marcadores inflamatorios y en la capacidad pulmonar. Por ello, tanto la Organización Mundial de la Salud como el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) insisten en que los cigarrillos electrónicos “no son seguros” para adolescentes, embarazadas ni personas no fumadoras.

Vapeo, una moda que preocupa

Legislación actual

En el país, la ANMAT prohibió en 2011 la importación, distribución, comercialización y publicidad de los cigarrillos electrónicos mediante la Disposición 3226/2011. La medida fue ratificada en 2023 por el Ministerio de Salud de la Nación, que alertó sobre el incremento de su uso en menores y la circulación de productos ilegales. Sin embargo, la falta de controles y la promoción encubierta en redes sociales generaron un crecimiento preocupante del consumo.

Según un relevamiento del FIC Argentina de 2024 sobre adolescentes de entre 13 y 18 años, el 8,9% declaró haber usado cigarrillos electrónicos en los últimos 30 días, el 19,4% consumió algún producto de tabaco o nicotina, y casi la mitad de los que nunca lo hicieron mostraron predisposición a probarlos. Además, el 27% de los encuestados aseguró haber visto publicidad o promociones de vapeadores en redes sociales, una práctica que sigue prohibida. El informe también reveló que más del 34% de los jóvenes que consumen estos productos combinan más de un tipo (vapeo, cigarrillo convencional o tabaco para armar), lo que multiplica el riesgo de adicción.

Falsas expectativas

Los expertos insisten en que los vapeadores no deben considerarse una herramienta para dejar de fumar. Si bien pueden reducir la exposición a algunos compuestos del humo del tabaco, no son una alternativa segura ni aprobada con fines terapéuticos. En la práctica, muchos fumadores alternan ambos hábitos, anulando cualquier posible beneficio. Para los jóvenes y no fumadores, el riesgo es claro: iniciar el consumo de nicotina y desarrollar una dependencia que puede extenderse por años.

Las autoridades sanitarias recomiendan reforzar la prevención en las escuelas, controlar la venta y publicidad en internet, y ofrecer espacios de acompañamiento para quienes deseen abandonar el consumo. También instan a las familias a mantener entornos libres de humo y de aerosol, evitando vapear en interiores o en autos con menores. “El cigarrillo electrónico no es un juguete, ni una moda inofensiva; es una puerta de entrada a la adicción a la nicotina”, advierte el Ministerio de Salud.

"No se toma conciencia del poder nocivo que tiene el vapeador"

El doctor Jorge Draghi advirtió que “la lucha antitabáquica viene de muchos años y, lamentablemente, cada vez sus efectos traen deterioro de la salud en general, no solamente pulmonar”. El especialista recordó que enfermedades como el EPOC y el cáncer de pulmón son ejemplos claros del daño provocado por el consumo de tabaco y cuestionó que el cigarrillo electrónico no haya logrado cumplir su supuesto rol de ayuda para dejar de fumar.

“Parecía ser que la aparición del cigarrillo electrónico iba a solucionar eso, como parte del tratamiento de esta adicción. Pero nos dimos cuenta de dos cosas. Uno, que el adicto sigue usando el tabaco para tapar una crisis. Porque detrás de cada pitada hay una crisis, hay un problema no resuelto. Y después uno hace todo el acting, es decir, saca el cigarrillo electrónico, exhala, gesticula. O sea que en ese aspecto no fue muy efectivo”, explicó Draghi.

El médico también advirtió sobre la toxicidad del vapeo y su creciente popularidad, especialmente entre los más jóvenes. “Las sustancias tóxicas del cigarrillo electrónico llevaron a prohibirlo en el mundo. Se consigue en internet, pero en nuestro país está prohibido. Y la primera ley habla no solamente del cigarrillo electrónico, sino también de los vapeadores”, detalló.

En ese sentido, el especialista afirmó que “hay estudios muy interesantes donde el vapeo es más cancerígeno todavía que la nicotina y que el cigarrillo electrónico, porque tiene un montón de químicos derivados que son altamente cancerígenos”.

Doctor Jorge Draghi, columnista del programa "Bahía Hoy", de La Brújula 24. (Archivo).

Draghi también mostró su preocupación por la forma en que estos productos se promocionan y llegan a los adolescentes: “Lo terrible de todo esto es que está dirigido no solamente a los adultos, sino también a los chicos. No se toma conciencia del poder nocivo que tiene el vapeador. Es muy atractivo porque viene saborizado, con moca, chocolate, frutilla, vainilla, y eso lo hace parecer más inocente, pero en realidad es tan nocivo como antes”.

Según remarcó, la Organización Mundial de la Salud ha sido contundente en su postura contra el vapeo y los cigarrillos electrónicos, señalando que no existen evidencias que demuestren su inocuidad. Frente a esta tendencia, el médico instó a reforzar las campañas de concientización para evitar que las nuevas generaciones caigan en una adicción disfrazada de modernidad.

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