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De Ayer a Hoy

Bernard, el ícono de los desfiles y la formación de las modelos en Bahía

“Sandrita”, como la conoce el ambiente, rememoró su juventud trabajando como azafata. La llegada a la ciudad y la carrera ascendente. “Me siento mal por la imposibilidad de organizar elecciones de la reina”, lamentó.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco

Sandra Bernard tiene una historia propia para contar. Mística y espiritual, suele apoyarse en las vibras y las energías para elegir el rumbo que consideró correcto. A todas luces, dejarse llevar por las señales le ha dado satisfacciones, no por eso ser una mujer irracional. Quizás por ello pudo trascender y posicionarse como punta de lanza en el rubro donde descolló con un fuerte suceso que le valió el reconocimiento.

Luego de vivir hasta la juventud en Capital Federal, y tras varios años de surcar los aires en virtud de su primer empleo, llegó a la ciudad para echar raíces y perseguir sus sueños. Con dedicación y energía arrolladora, comenzó a dar sus primeros pasos, sin perder de vista la posibilidad de dejar un legado en las generaciones posteriores, también transmitió todos sus conocimientos en el manejo de la pasarela.

No contenta con ello, brindó a sus alumnas los valores y disciplinas para ser las aspirantes a representar a Bahía Blanca en todo el país. Todavía rememora con nostalgia los tiempos en los que la Elección de la Reina se había convertido en un clásico. El cambio de paradigma y la mirada que planteó una porción de la sociedad, le causó un profundo dolor. Hoy, en La Brújula 24, Sandra Bernard se confiesa a fondo en “De Ayer A Hoy”.

“Soy de Buenos Aires, nací más precisamente en Arenales y Ayacucho de Recoleta. Desde el jardín de infantes hasta el último año de la secundaria estudié en el Colegio La Anunciata que está a la vuelta y pertenece a la congregación de las Hermanas Dominicas españolas”, afirmó Bernard, en el inicio de la conversación que se concretó en el lobby de un conocido hotel céntrico. 

Y añadió que “fui hija única, mis papás se separaron cuando yo era chica por lo que quedé a cargo de mis abuelos porque mi mamá estaba muy enferma. En la adolescencia, mi intención inicial era ser religiosa y recuerdo que cuando lo comuniqué, fue la madre directora de aquel entonces la que resolvió contarle la decisión que había tomado a mi padre”. 

“Él era piloto de Aerolíneas Argentinas luego de un paso por la Fuerza Aérea y yo, con mis 17 años, tenía que definir mi futuro. Luego de la charla entre ambos, mi papá dispuso llevarme de viaje para que conozca un poco el mundo y que a mi regreso pueda tomar la decisión sobre el futuro”, evocó, apelando a su privilegiada memoria. 

En ese sentido, recordó que “casi obligada, fui a Estados Unidos, conocí Disney y me subí a gran cantidad de vuelos para explorar todos los destinos posibles, aprovechando la profesión de mi padre. Al terminar esa etapa, en cierta forma cambié mi perspectiva, comencé a frecuentar a Fernanda Cartier, que era mi vecina que se dedicaba a organizar desfiles de Jean Cartier”. 

“Me invitó a hacer el curso de modelaje en su escuela. Tenía casi 21 años y decidí que no iba a entrar al convento, aunque hasta el día de hoy no me desprendí de las hermanas, pese a que ya ninguna está entre nosotros y seguí profesando la religión desde mi lugar”, admitió con firmeza y énfasis.

No obstante, apuntó que “casi en simultáneo, conseguí trabajo como azafata en la Armada, en tiempos de los aviones Fokker 28 y el Electra, comenzando como auxiliar de a bordo. Recorrí por aire infinidad de lugares durante muchos años y pude compatibilizar esta actividad con la de modelo, en tiempos en los que se conseguía mucho empleo en Buenos Aires”.

“En 1989 me tocó hacer el vuelo con Juan Pablo II, en su segunda visita a Argentina, una experiencia inolvidable, lo que me permitió estar cerca, poder tocarlo y fotografiarme con él. Cuando se despidió, me dijo: ‘usted en un año va a estar casada’ y yo en ese momento no tenía ni siquiera pareja, por lo que me sorprendió por completo”, lanzó con brillo en sus ojos.

Su destino, efectivamente, parecía estar escrito: “Ya estando circunstancialmente en el sur, en Ushuaia, conocí a mi marido que trabajaba en otro vuelo, en el lugar más recóndito que me podía imaginar. Él también es nativo de Buenos Aires, pero había realizado toda la carrera de Aviación Naval en Espora”.

“Al poco tiempo de conocernos decidimos casarnos, una boda inolvidable porque parecía la película el guión de La Novicia Rebelde, me vestí en el colegio, las monjas me peinaron y vistieron y en la Iglesia puse música de ese mismo film para ambientar el lugar”, comentó Bernard con una sonrisa pícara.

Consultada sobre su familia, destacó: “Él era Teniente de Corbeta,tuvimos nuestro primer hijo, perdí un embarazo y luego llegó la menor, momento en el que decidí dejar de trabajar como azafata. Renuncié porque quería estar presente en la crianza de ambos, ya vivía en el edificio de Marina de Vieytes y Moreno, en lo que fue mi primer domicilio en Bahía Blanca”.

“A la ciudad la conocía porque en ocasiones nos alojábamos con el resto de la tripulación en el Hotel Austral, por lo que ya había empezado a generar vínculos con sus empleados o los de los restaurantes a los que íbamos a almorzar o cenar”, enunció, sobre el lugar que la adoptó y donde pudo establecerse.

Llegaría una etapa en la que se llamó a sosiego para tomar impulso y, así, asumir nuevos retos y desafíos: “Cuando mis hijos comenzaron el jardín de infantes en el Rosario Vera Peñaloza me quedé en casa, hasta que ellos empezaron a ser más independientes, en los primeros años de la primaria”.

“En ese momento se dio un episodio fortuito, estando de vacaciones en Monte Hermoso, una localidad que amo, me crucé con las funcionarias de ese entonces de Cultura y de Turismo y me pidieron si las podía ayudar con el armado del evento de la elección de la Reina de la Primavera”, enunció respecto a una propuesta que le modificaría la rutina.

Se abría un portal enorme para trascender en un ámbito en el que se mueve como pez en el agua: “Acepté casi sin pensarlo, fue durante la gestión de Marcelo Di Pasquale en la intendencia y pude hacer también desfiles en verano. Luego, al regresar a Bahía Blanca, conversé casi de forma circunstancial con una chica que trabajaba en el área de Marketing del shopping”.

“Me sugirió organizar este tipo de eventos. Así es que nació la Escuela de Modelos, junto a Mara Gutiérrez que es una verdadera maestra en este rubro. A la vez, surgió la posibilidad de reabrir Palihue Models, en lo que era el salón de fiestas Too’Cricks, a cargo de Julieta Cantarelli y la supervisión de los hermanos (Horacio y Edgardo) Levantesi”, repasó Sandra.

Cuando se le preguntó en relación a su aporte para con las aspirantes, confirmó que “mi función básicamente era enseñarles a las chicas todo lo relacionado con lo postural, cómo caminar, la parte si se quiere más práctica. Tuve la suerte de poder coordinar una gran cantidad de elecciones de la reina en Bahía Blanca y la región, justo antes de que se interrumpan esa clase de acontecimientos por motivos políticos”.

“Estuve varias veces en la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino, además hicimos un desfile muy grande en la puerta de la Municipalidad. También en las escalinatas de la Universidad Nacional del Sur, junto a la Orquesta, el Ballet y el Coro se hizo otro festival muy lindo donde las modelos hacían sus pasadas con El Bolero de Ravel de fondo y la Novena Sinfonía de Beethoven, auspiciado por las empresas más importantes. Fue impresionante ver la Avenida Alem totalmente llena”, dijo prácticamente al borde de la emoción. 

En el afán de seguir enumerando su derrotero, sumó: “En Médanos, Monte Hermoso y en Bahía también participé de las elecciones de la reina en la FISA, también en la Fiesta del Deporte, una iniciativa de quien hoy es intendente (Federico Susbielles), la de Villa Mitre, la del Tango. La ciudad tiene una única reina elegida, justo antes de que comience la veda, a partir de una muy linda propuesta que se llevó a cabo en el Parque de Mayo”. 

“Cuando se tomó la decisión de suprimir la elección de la reina en cuanta fiesta se realice en la ciudad gracias al impulso que le dieron las organizaciones feministas a esta prohibición me sentí mal. En este tipo de concursos no se valoraba solo lo físico, sino que también la formación de la aspirante y su educación”, exclamó ingresando al segmento final del ida y vuelta con este cronista.

Y lamentó que “las chicas que resultaban elegidas representaban a la ciudad en todos los viajes por el país y eso se cortó casi de un día para el otro. Es una lástima porque vinculaba a las distintas fuerzas vivas, incluso hasta a los propios locutores y periodistas que se sumaban para hacer la conducción de manera desinteresada”.

“Hoy trato de mantenerme activa, combinando el tiempo con el rol de abuela que me tiene sumamente feliz. Me tocó irme de Bahía entre 2017 y 2023, por el pase laboral de mi marido que estuvo viviendo en Venezuela, también en Trelew justo cuando fue lo del submarino ARA San Juan y mis hijos permanecieron en la ciudad de la que son oriundos”, se enorgulleció Bernard.

Con el pecho inflado, reveló que “ellos aman estar acá, sobre todo el varón, solo salen a Monte Hermoso, Sierra de la Ventana y disfrutan de reunirse con los que fueron sus ex compañeros de colegio, tienen un sentido de pertenencia admirable y que me hace sentir orgullosa como madre”.

“En el presente estoy participando del desfile de Santa Rita, que se realiza hace casi 30 años. Allí hago las pasadas junto a otras modelos adultas. Son eventos en los que voy a seguir interviniendo hasta que el físico aguante y mi cara responda a los tratamientos (risas), recién ahí dejaré”, vaticinó con un dejo de picardía.

Haciendo una profunda introspección se sorprendió contando que “últimamente, los días me pasan volando, pese a que tengo más tiempo libre, quizás porque ahora puedo administrar la agenda a mi gusto. Tal vez el planeta empezó a andar más rápido o todos los que lo habitan están más inquietos, enloquecidos”.

“Pareciera que hasta que no se toque fondo, esta realidad tan altamente vertiginosa y de tanta vorágine no va a parar. Por eso, como digo siempre, en mi caso me resguardo dentro de mi ñoqui y trato de ir despacio, sin dejar de adaptarme a los que me rodean”, comentó.

Por último, dejó un mensaje a partir de su experiencia: “A las chicas jovencitas hoy les recomiendo que estudien o, en su defecto, que busquen un trabajo, sabiendo que la carrera de modelo ya no tiene el auge de hace un par de décadas tanto en Bahía Blanca como inclusive en Buenos Aires.

Aunque se alejó de la vorágine de los grandes eventos, mantiene viva aquella llama de su vocación colaborando en convocatorias puntuales. Sueña con que la actividad que tanto abrazó y que la convirtió en adalid en toda la amplia región recupere algún día el brillo de otras épocas. Esa ilusión, y sus seres queridos, son el oxígeno que le permite respirar e iniciar cada día con la pujanza de siempre.

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