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El bullying y la corresponsabilidad social: la palabra de una experta en La Brújula 24

La psicóloga Alba Picardi detalló los factores y cómo abordar estas situaciones.

El episodio ocurrido en una escuela de Mendoza, donde una adolescente de 14 años ingresó armada, puso en agenda nuevamente los debates sobre violencia, salud mental y bullying en el ámbito educativo. Alba Picardi, psicóloga, analizó en el programa Nunca es Tarde la problemática y destacó la necesidad de abordajes integrales que contemplen al adolescente, su entorno y las instituciones.

Picardi subrayó que este tipo de hechos no responden a una sola causa, sino a múltiples factores sociales y familiares. “La violencia social es algo que tenemos que empezar a plantearnos como adultos, porque eso que surge del mundo adulto como un clima muy hostil termina también generando este tipo de situaciones en los adolescentes y en los niños”, sostuvo. Según explicó, los jóvenes replican las formas de resolver conflictos que ven en su entorno: hostilidad hacia sí mismos o hacia otros.

Un eje central es la corresponsabilidad. Para Picardi, no puede recaer en un único actor la prevención y el acompañamiento: “Somos todos corresponsables de nuestras infancias. La familia tiene una responsabilidad muy importante, porque son sus referentes afectivos directos. La escuela también, porque no solo forma académicamente, sino que debe alojar amablemente a los chicos. Lo mismo clubes y otros espacios sociales”.

Sobre el bullying, la psicóloga diferenció la burla ocasional del hostigamiento organizado. “El chico que ejerce violencia sobre otro, al ser también un niño o adolescente, tenemos que considerarlo como alguien que puede estar sufriendo violencia o replicando un modelo de trato. Siempre se lo aborda con contención para ver qué está causando esa forma de accionar”, explicó. Asimismo, indicó que el fenómeno suele involucrar distintos roles dentro de los grupos: quienes lideran, quienes acompañan por miedo y quienes callan para no ser el blanco.

En cuanto al rol de las familias, Picardi fue clara: “Lo que hay que hacer es no actuar de manera particular. Siempre es conveniente que quien nuclee las acciones sean las autoridades de la escuela o los equipos. Y si no se puede, recurrir a alguien externo que dé luz respecto del tema. Los padres tienen la voluntad, pero muchas veces no las herramientas”. Alertó que prolongar estas situaciones solo profundiza el daño, y recomendó cortar el hostigamiento de inmediato con ayuda profesional.

Picardi también señaló la dificultad que enfrentan los padres de ambas partes. “Muchas veces los otros padres reniegan de la idea de que su hijo sea un hostigador. Es como que sobrepasa el recurso que tiene esa familia para resolverlo, y empiezan o a tener acciones de castigo o de negación”. Por eso, insistió en que la intervención temprana y con especialistas es fundamental para que ni la víctima ni el agresor queden atrapados en dinámicas dañinas.

Con el caso de Mendoza como trasfondo, la psicóloga remarcó que estos hechos deben servir como llamado de atención. No basta con que la situación pase sin más: “Lo que muchas veces sucede es que aparece la negación de la situación y entonces acá no ha pasado nada. Claramente sí hay que trabajar estas cuestiones para que no produzca luego un efecto postraumático en la comunidad”.

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