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El peritrucho se negó a declarar tras ser imputado por mentir en la Causa Araceli

Marcos Herrero no quiso hablar ante la fiscal de Delitos Complejos de San Martín. Las maniobras del ahora procesado le valieron una condena errada a tres personas.

Marcos Herrero se negó a declarar tras ser imputado por mentir en la Causa Araceli Fulles. Foto de archivo

Tal como viene informando desde hace años este medio, el peritrucho Marcos Herrero no dejó tropelía por cometer en los casos judiciales a los que era convocado.

Además del juzgamiento actual por haber mentido groseramente en el expediente Facundo, la Justicia de San Martín avanza en una causa por sus maniobras en la investigación del femicidio de Araceli Fulles, sucedido en abril de 2017.

Más allá de plantar prueba y atribuirse falsamente haber encontrado el cadáver de la joven, Herrero continuó con sus divagues en el juicio oral contra tres personas. Sus truchadas fueron el pilar para la condena a perpetua de tres inocentes.

Tras un gran trabajo de la ONG Innocence Project Argentina, que describió pormenorizadamente las barbaridades cometidas por Herrero, la Cámara de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires revocó el fallo de primera instancia y absolvió a los acusados por Herrero con la complicidad y/o negligencia de funcionarios policiales y judiciales.

Innocence Project Argentina saltó a la fama luego de que uno de sus trabajos quedara documentado en el film Rati Horror Show, producido y dirigido por Enrique Piñeyro en 2013, que retrata cómo la policía había armado una causa.

En el Caso Fulles, el Tribunal de alzada se escandalizó por la “evidencia” tomada en cuenta por sus inferiores: Herrero, además de atribuirse el hallazgo del cadáver (descubierto en realidad por una bombero, había declarado que su perro había olido a la víctima en el baúl de un auto. (Puede verse en el video de esta nota su actuación).

El primer juez de Casación en votar y liquidar a Herrero fue Ricardo Maidana que sostuvo: “El resultado del allanamiento en el corralón fue ponderado sin brindar fundamento de su fiabilidad, en especial, los motivos por los cuales asignó pleno peso probatorio a las cuatro marcaciones por el rastro específico de olor, indicadas por el perro Alcón y su guía Marcos Herrero, relativas a los lugares donde presuntamente estuvo Araceli Fulles. Los cuestionamientos a la solidez de sus resultados debieron ser examinados por el juez, a saber: la ausencia de protocolo en la recolección de las muestras de olor sobre las que el perro Alcón partió para hacer las marcaciones; la falta de constancia de la cadena de custodia de las muestras de modo de asegurar que provenían de Araceli y la falta de corroboración por medio de otra dupla instructor-can”.

Araceli Fulles. Foto de archivo LMN

Por su parte, el magistrado Daniel Carral sostuvo que “no fue el perro de Marcos Herrero el que ´marcó´, ni encontró el cuerpo de Araceli, sino la bombero Lucía Ramírez… Y que Marcos Herrero utilizó su perro particular para las ´marcaciones´, desconociendo si tenía alguna certificación o entrenamiento, y no obstante se tomó como indubitada la marcación del olor de Araceli. Que no se siguieron los protocolos que recomiendan la confirmación mediante un segundo binomio guía-can para reducir el margen de error y no se reparó en la latencia del rastro del olor (según la bibliografía una búsqueda óptima se podía dar entre las 24 y 72 horas)”.

Y agregó que “el defensor recordó la cantidad de hallazgos ´raros` que Marcos Herrero hizo en este caso (billetes con inscripciones, notas, precintos) y los vinculó con su intervención en el corralón, donde su perro “marca” un precinto, en un lugar abierto, y unas bolsas de residuos que ´sorpresivamente` en el juicio Herrero describió como ´bolsas mortuorias`. Herrero agregó que encontraron un corpiño y una bombacha de Araceli, pero nada de eso aconteció en la realidad. Declaró que el cuerpo tenía cal y estaba quebrado, datos también falsos. Marcos Herrero presenta una distorsión de la realidad llamativa. Recordó que en ninguno de los lugares y objetos que ´marcó´ el perro se encontró algún rastro de la víctima, ni ADN ni sangre”.

Ahora bien -sostuvo Carral- los jueces de primera instancia “dieron por probado que durante las diligencias de búsqueda de la joven, se fueron encontrando una multiplicidad de pistas falsas, consistentes en objetos con olor a la víctima, marcados por los perros de bomberos voluntarios de Punta Alta y que fueron colocados en forma intencional por los acusados en diversos lugares, a fin de desviar la investigación. Establecieron que además en una de esas búsquedas se encontró un porta-cosméticos que era de Araceli y que la propia familia había entregado previamente a personal policial, confirmando la colocación de pistas falsas y, en definitiva, sus sospechas finales las de la familia respecto de un direccionamiento malicioso de la pesquisa”.

Y agregó que “según la declaración del bombero de Punta Alta Pedro Gómez Peña, que valoró el tribunal, los perros de esa repartición encontraron: el 18/04, en Villa Ballester, un aro y pulsera; luego un porta-cosméticos rosa que decía `Ara´ y `River´, con lápices labiales; el 21/04 en los galpones del ferrocarril de José León Suarez, un billete de diez pesos con la inscripción `ARA´, ´Bauti` y un corazón, al costado de la vía; el 22/04 lindero a las vías de José León Suárez, pañuelos, un lápiz labial, un tampón cerrado con manchas de labial y un papel con tinta azul “Me tiene Marcelo el rengo, búscame, te amo” y un precinto plástico de color negro; el 22/04 en José León Suarez, un precinto negro, un billete cien pesos y un cable negro HDMI atado a un árbol; el 27/04 en un depósito judicial de José León Suárez, un paño de color blanco o una gasa y más tarde, en el mismo depósito judicial, un billete de 50 pesos cubierto de tierra y barro”.

“Resulta incomprensible que la actuación de Marcos Herrero no haya sido examinada en la introducción (donde los jueces buscaban una explicación razonable a la cantidad de objetos hallados vinculados al caso). Constató que su fiabilidad tampoco fue analizada en otro tramo del veredicto. Cabe reparar que el argumento de la defensa tampoco se acotó a que el perro, en la casa de Darío Badaracco, no exteriorizó ningún comportamiento. Ciertamente la defensa alegó eso, pero como parte de una argumentación más amplia y para mostrar un punto (la baja calidad de la información y confiabilidad de los datos que aportó Marcos Herrero, incluyendo lo que dijo que el perro le transmitía) y como parte de la misma argumentación la defensa incluyó que el perro Alcón, además de no hacer ninguna marcación en la casa de Badaracco, tampoco halló el cuerpo sino que lo hizo la bombera Lucía Ramírez, dato que la testigo confirmó al declarar en el juicio. Esa información no era menor, pues permitía evaluar la eficacia del can para la tarea que fue presentada... No solo tienen importancia la ausencia de avales del guía y certificaciones de sus perros particulares sino especialmente la falta del `doble conforme´. Traducido: la necesidad de que todo hallazgo sea corroborado por, al menos, un binomio adicional de guía-can. Resulta inexplicable que los jueces no hayan examinado los antecedentes de Marcos Herrero, ni la posibilidad de que haya sido él quien colocó, de manera intencional, diversos elementos que luego simuló encontrar con sus perros con el objeto de mostrar el éxito de su labor. Quizás el más notorio era la coincidencia de que, en los casos informados y a partir de la intervención de Herrero, invariablemente se hacían hallazgos de manera inmediata, aun en lugares que otros perros entrenados y certificados no lo habían hecho.

Más adelante, indica que “si el perro supuestamente entrenado para esa tarea, no olió el cuerpo de Araceli cuando pasó por encima de donde estaba enterrado, ¿por qué habría que confiar en Marcos Herrero cuando dijo que el mismo perro le comunicó que había olor de Araceli dentro del corralón? En definitiva, constató que en el `pilar´ valorado por el tribunal (por fuera de los rumores), se remite a la `prueba´ generada por Marcos Herrero, cuya confiabilidad no puede validarse. El resultado de ADN sobre las muestras incorporadas por Herrero dio negativo… De esta manera existen buenas razones para sostener que Herrero (al igual que lo hizo en otros casos judiciales), fue la persona que colocó los objetos que luego dijo ´encontrar` durante la búsqueda de Araceli y con su ´olor`, para mostrar el éxito de su tarea y, con el mismo objetivo·.

Por último, el juez hace una dura -auto-crítica sobre el accionar del Poder Judicial al “dejar correr” a chantas tan peligrosos como Herrero: “Lo que no nos puede ocurrir como magistrados y funcionarios del Estado es ofrecerles a las víctimas una verdad distorsionada, una verdad que no tiene asidero o, lo que es más grave, una verdad construida a partir de sesgos que invalidan el abordaje imparcial para los jueces, y objetivo para los acusadores estatales. Es que tanto víctimas como acusados -como partes de un proceso que los involucra- tienen derecho a esa verdad objetiva, esa es una de las tantas funciones esenciales de nuestro Poder Judicial, pero, por, sobre todo, es la sociedad en su conjunto a quien dirigimos un servicio de justicia que debe asumir con responsabilidad el destino de sus decisiones. En el proceso penal eso se resume en la toma de decisiones al amparo de las pruebas legítimas disponibles, sin sesgos que tergiversen la ponderación probatoria y con apego a los principios y garantías constitucionales”.

Además de absolver a los acusados con prueba trucha, Casación ordenó formar causa penal contra Herrero, que es la que ahora se instruyó y se formalizó con la imputación.

Fuentes judiciales de San Martín aseguran que el peritrucho “estará siendo juzgado antes de fin de año” por su “ametralladora de falsedades” en la Causa Araceli.

JUICIO EN BAHÍA

En paralelo, en nuestra ciudad el debate oral contra el adiestrador ingresó en el tramo final. Interrumpido algunas semanas por la inundación, esta mañana se celebró una nueva audiencia en donde terminaron de declarar los últimos testigos de la defensa.

Además, de discutió -justamente- la incorporación de la causa y la imputación de Herrero en Fulles y el agregado de un expediente que lleva adelante el fiscal Santiago Ulpiano Martínez en el que se investiga la participación de posibles cómplices en las maniobras desplegadas en la que se “descubrió”: sangre de Facundo en diferentes vehículos (falso); amuleto I, II y III en comisarías y vehículos (sin ADN, ni mínima lógica ni sentido común) y huesos (eran de vaquillona).

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