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informe especial

Una oportunidad para la pequeña Catalina

Vive en Orense, nació con una insuficiencia renal crónica y una malformación en el sistema reproductivo. Esperó años ser trasplantada. La esperada intervención se realizará en el Hospital Garrahan.

Por Cecilia Corradetti, para La Brújula 24 / [email protected]

Lara Catalina López de Sabando tiene apenas seis años y aunque nació con una insuficiencia renal crónica que le afecta su calidad de vida, jamás se dio por vencida.
Desde muy pequeña, debido a su displasia renal, acompañada por una malformación congénita en su vejiga, Cata necesita ser trasplantada, aunque distintos obstáculos que se fueron interponiendo finalmente impidieron esa chance.

Recién este martes, si todo sale tal cual lo previsto, recibirá por fin un riñón de Marcos, su papá. En múltiples ocasiones, pese a estar en lista de espera en el INCUCAI debió esperar una y otra vez. Primero fue la pandemia, luego la falta de insumos en el hospital y más tarde, como si fuera poco, un hisopado positivo de Covid.

“Tenemos una mezcla de sensaciones, por fin tras años de diálisis en casa, de internaciones, complicaciones y momentos extremos, estamos listos para que nuestra hija reciba el órgano que le cambiará su calidad de vida”, reflexionó Patricia en diálogo con La Brújula 24 desde Buenos Aires.

“Tantas veces hemos retrocedido por distintos motivos que no puedo dejar de sentir cierto temor. Pero soy una convencida de que las cosas por algo suceden y tenemos toda la esperanza de que esta vez Catalina tendrá su nuevo riñón”, agrega.

Fue en la última ecografía cuando se detectaron anomalías en las imágenes. Finalmente, la beba nació a partir de una cesárea de urgencia en la clínica de Tres Arroyos, cerca de Orense, el 2 de marzo de 2016.

“Ya sabíamos que algo estaba mal, el cordón umbilical no tenía las arterias correspondientes y existía una malformación genital. Fue derivada de inmediato a la clínica Mattera, en Bahía Blanca, donde fue recibida con gran profesionalismo y dedicación”, recordó la mamá.

La doctora Laura Alconcher, especialista en nefrología infantil, se hizo cargo de la paciente incluso en distintos hospitales: hoy la atiende en el Penna y supo hacerlo pese a que la familia carecía en algunos períodos de cobertura médica.

Las complicaciones aparecieron casi como efecto dominó. Mientras Patricia intentaba sortear el impacto de los primeros tiempos del tratamiento, Catalina seguía luchando con catéteres que rechazaba, exámenes de laboratorio que daban resultados inadecuados, infecciones, internaciones…

“La doctora Alconcher se puso al hombro la situación de nuestra hija y estaremos agradecidos de por vida. Fue su segunda mamá y siempre nos habló con sinceridad. Una noche nos confesó que el estado de Catalina era muy crítico y que no podía darnos demasiadas esperanzas de que pasara la noche”, recuerda.

Pero la beba sobrevivió, superó aquel trance y siguió adelante. En febrero de 2017 se le volvió a colocar un catéter y al mes comenzó con diálisis manual, en su casa, cada seis horas. Además, la familia viajaba mensualmente a Bahía Blanca para someterla a los controles médicos necesarios.

“Así fue hasta sus primeros cuatro años hasta que luego accedimos a una máquina que cumple la función que antes practicábamos a mano”, relata. Sin embargo, poco tiempo después la chiquita debutó con una peritonitis y dos paros cardíacos que la llevaron a terapia intensiva con respirador.

Los catéteres solían obstruirse cada vez más seguido y eso implicaba ingresar al quirófano del Hospital Penna con los riesgos lógicos de toda intervención.

Fue así que, finalmente, se decidió someterla a un trasplante de riñón. En principio se haría con la reconstrucción de la vejiga, aunque debido a la falta de insumos específicos e inconvenientes con la obra social, se decidió seguir adelante solo con el trasplante.
Casi como una novela, en enero pasado Cata sufrió otra peritonitis muy aguda. Su peritoneo ya no cumple la función adecuada y las diálisis se debieron reemplazar por hemodiálisis.

“Hace dos años que esperamos. Finalmente, en una junta evaluadora, los médicos decidieron no dejar pasar más tiempo y operar, dejando para más adelante la reconstrucción que necesita y que no se nos está otorgando”, agrega Patricia.

“Hoy estamos en Buenos Aires y su papá, la persona con más compatibilidad de toda la familia, será el donante. Sin embargo, hasta último momento puede aparecer un órgano cadavérico que podría ser más afín a la condición de Catalina. Iremos minuto a minuto, paso a paso. Su papá, de todos modos, llevó adelante más de 20 estudios médicos y los prequirúrgicos para poder darle el riñón”, añade.

Patricia, Marcos y el resto de la familia, conformada por sus otros hijos, Francisco, Inés y Martina, solo esperan que Catalina pueda tener por fin la calidad de vida que tanto merece.

“Viajamos semanalmente a Bahía Blanca y nos alojamos en Casa Ronald, que nos recibe con una calidad humana incomparable, al punto de que Catalina viajaba muy contenta todos los lunes… y claro, también regresaba feliz de poder ver a sus hermanos los viernes a la tarde”, relata.

La situación familiar, las idas y vueltas desde Orense a Bahía Blanca no les permite continuar trabajando con normalidad, de manera que recibieron ayuda del hospital de Tres Arroyos para poder sortear algunos gastos en Buenos Aires.

Catalina es alegre y feliz pese a la adversidad. “Ama a sus hermanos y es una nena inteligente que pudo cumplir el jardín y que hoy cursa primer grado con una maestra domiciliaria. La adora todo el mundo, desde médicos, docentes, enfermeros”, asegura.
Completa: “Es tanto lo que ha pasado entre hospitales que suele jugar con sus muñecas colocándole inyecciones, tomándoles la presión y acostándolas en una cama”.

Patricia supo desde el primer minuto que el proceso de Catalina no sería fácil.
“Tuve dos opciones: deprimirme y quedarme paralizada o salir adelante. Decidí trabajar para lograr que su vida sea lo más normal posible. La diálisis ocupa gran parte de su vida, pero trato de no ponernos en situación de víctimas, simplemente es algo más que sumamos a la rutina que, insisto, debe ser normal”, advierte.

La espera valió la pena. Y este martes será un gran día para Catalina.

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